{N}1,{/}1: Desde el principio de la carta, nuestro autor tiene la preocupaci\u00f3n obsesiva de afirmar que Dios se ha manifestado en Jes\u00fas, y no fuera de \u00e9l. La revelaci\u00f3n de Dios ha sido concreta, tangible, corporal. Responde as\u00ed a la desconexi\u00f3n que hac\u00edan los gn\u00f3sticos entre el Cristo {C}celeste,{/} al que ellos presum\u00edan conocer, y el Jes\u00fas {C}hist\u00f3rico,{/} al que no conced\u00edan importancia alguna. A lo sumo habr\u00eda sido utilizado como una especie de \u00abmedium\u00bb por el Cristo celeste. Los testigos inmediatos dan fe de lo contrario, y afirman que la \u00fanica palabra de vida es Jesucristo. S\u00f3lo en uni\u00f3n con \u00e9l y en comuni\u00f3n con sus testigos es posible la participaci\u00f3n en la vida de Dios y de su Hijo.

{N}1,{/}5: (1,5-2,17) Esta primera parte es una revisi\u00f3n de la conducta desde su fundamento teol\u00f3gico-cristol\u00f3gico. En contra de los gn\u00f3sticos, nuestro autor piensa que la \u00e9tica no es una autonom\u00eda que puede, desde s\u00ed misma, establecer normas para la conducta humana, o simplemente prescindir de ellas. Distingue tres partes: primera, la comuni\u00f3n con Dios, de la que presum\u00edan los gn\u00f3sticos, es incompatible con caminar en las tinieblas; lo mismo que el conocimiento de Dios, del que tambi\u00e9n ellos se jactaban, lo es con no guardar los mandamientos (1,5-2,6); en la segunda (2,7-11) desarrolla de forma expositiva lo dicho pol\u00e9micamente en la primera: el amor al pr\u00f3jimo manifiesta el ser cristiano, el odio lo oculta; tercera, asegura a los lectores su identidad cristiana: han sido perdonados, han conocido, han vencido (los destinatarios son siempre los mismos, aunque cambie de nombre al referirse a ellos) (vv. 12-14); y porque son as\u00ed, deben caminar as\u00ed, en una progresiva \u00abdesmundanizaci\u00f3n\u00bb (vv. 15-17).

{N}2,{/}18: (18-27) Para ser cristiano es indispensable permanecer en \u00ablo o\u00eddo desde el principio\u00bb (cf pr\u00f3logo) y en la confesi\u00f3n adecuada de la fe: Jes\u00fas es el Cristo. Los que lo niegan son anti-cristos (vv. 18.26); y su aparici\u00f3n es signo evidente de que estamos en el tiempo \u00faltimo, pues, seg\u00fan la concepci\u00f3n b\u00edblico-cristiana, su presencia era predecesora del fin. La comunidad est\u00e1 ungida por el Santo, que es Jesucristo (v. 20); y ella lo sabe; sabe que ha sido santificada por el don del Esp\u00edritu. Es el presupuesto esencial del cristianismo primitivo: el cristiano ha recibido el Esp\u00edritu.

{N}2,{/}28: (2,28-3,3) La finalidad de mantenerse en la confesi\u00f3n de la fe adecuada es tener confianza en el d\u00eda de la venida de Jesucristo. Se hace referencia al juicio \u00faltimo. Naturalmente, se necesitan tambi\u00e9n las buenas obras. Nuestro autor relaciona el obrar la justicia con Jesucristo, que es justo. Quien le pertenece debe actuar de acuerdo con \u00e9l. \u00c9l es el ejemplo fundante. Adem\u00e1s, el obrar la justicia es una caracter\u00edstica de haber nacido de Dios, de ser sus hijos.

{N}3,{/}4: (4-24) La verdadera \u00abpurificaci\u00f3n\u00bb consiste en vivir en correspondencia con Cristo, que vino para quitar los pecados, y en \u00e9l no hay pecado (v. 5), que se manifest\u00f3 para deshacer las obras del diablo (v. 8). En consecuencia, quien permanezca en \u00e9l no peca, quien peca es que no tiene ni idea de \u00e9l (v. 6); quien obra la justicia es justo, y quien comete pecado es del diablo. Todo est\u00e1 dicho contra las afirmaciones de los adversarios gn\u00f3sticos, quienes aunque cometiesen los pecados m\u00e1s horrendos, se consideraban inasequibles, no afectados ni afectables por ellos, por su especial uni\u00f3n con Dios y su pertenencia al mundo de arriba.

{N}3,{/}11: (11-17) Al final del v. 11 se equipara el obrar la justicia con el amor fraterno. En estos versos se desarrolla el criterio ulterior para el discernimiento entre verdaderos y falsos cristianos: el amor fraterno. Este es el mensaje recibido desde el principio. Es necesario mirar a Jesucristo, que es el \u00ablugar\u00bb en el que se ha dado a conocer el amor (v. 16a) y en el que se fundamenta la conducta cristiana, en correspondencia con \u00e9l.

{N}3,{/}18: (18-24) En uni\u00f3n con lo anterior, se acent\u00faa aqu\u00ed la exigencia de un amor verdadero y eficaz. Es el signo distintivo de ser de la verdad. El criterio distintivo de ser hijos de Dios o del diablo es el \u00abobrar la justicia\u00bb, concretado aqu\u00ed expresamente como ayuda al necesitado. Como dificultad, plantea el problema de la conciencia personal. \u00bfQu\u00e9 pasa si este criterio no es compartido por la conciencia? La verdadera respuesta radica en que la conciencia debe aquietarse ante Dios, que es mayor que ella (vv. 19b-20).

{N}4,{/}1: (1-6) La tercera parte de la carta (4,1-5,12) se caracteriza por el esfuerzo de establecer la conexi\u00f3n entre la fe y el amor (en la segunda hab\u00eda desarrollado el tema del doble amor: a Jesucristo y a los hermanos). En esta primera secci\u00f3n, apoy\u00e1ndose en el final de la anterior sobre el don del Esp\u00edritu, afirma la necesidad de examinar los esp\u00edritus, ya que tambi\u00e9n los adversarios gn\u00f3sticos presum\u00edan de poseerlo. El criterio que ha de seguirse sigue siendo la confesi\u00f3n adecuada de la fe cristiana en continuidad con la confesi\u00f3n de los testigos originales.

{N}4,{/}7: (7-21) Desarrolla el tema del amor fraterno en cuatro puntos: se fundamenta en el amor de Dios (vv. 7-13); este amor de Dios es objeto de la confesi\u00f3n cristiana de la fe: desde ella se acent\u00faan tanto su significado como las exigencias que implica (vv. 14-16); este amor es liberador del miedo ante el juicio final y generador de confianza (vv. 17-18); este amor a Dios s\u00f3lo es verdadero si se refleja y traduce en el amor al pr\u00f3jimo (vv. 19-21).

{N}5,{/}1: (1-12) La verdadera fe, reflejada en la aut\u00e9ntica confesi\u00f3n y manifestada en el amor, concede la victoria sobre el mundo y la vida eterna. La fe introduce en la familia de Dios. Esta realidad tiene como consecuencia la necesidad de amar a Dios y a los hijos de Dios, y la de observar los mandamientos (5,1-4). Nuestro autor vuelve de manera obsesiva, una y otra vez, sobre la necesidad de mantener la verdadera fe: aceptaci\u00f3n de la plena humanidad del Redentor, testimoniada por Dios en el pasado mediante el bautismo y la cruz; y en el presente por los sacramentos del bautismo y la eucarist\u00eda (5,5-12), as\u00ed como por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu.

{N}5,{/}13: (13-21) El pecado \u00abde muerte\u00bb consiste, atendiendo al contexto, o bien en la negaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n o bien en la apostas\u00eda. Ser\u00eda una traducci\u00f3n b\u00e1sicamente distinta del pecado contra el Esp\u00edritu Santo (Mt 12,31ss): rechazo del \u00fanico y aut\u00e9ntico camino de salud abierto por Dios en la persona de Cristo.

