{N}1,{/}1: (1-7) Comienza con el saludo usual en su tiempo, pero dando a las f\u00f3rmulas un sentido cristiano. La \u00abobediencia de la fe\u00bb (v. 5) implica la entrega de nuestra persona a la persona de Cristo: no s\u00f3lo creer lo que \u00e9l revela, sino practicar lo que \u00e9l manda, sobre todo el amor.

{N}1,{/}16: (16-17) Tema de la carta. La \u00absalvaci\u00f3n\u00bb lleva consigo el perd\u00f3n de los pecados y la justificaci\u00f3n por la gracia santificante. Condici\u00f3n para obtenerla es la \u00abfe\u00bb, viva y operante (v. 5). A la salvaci\u00f3n est\u00e1n llamados todos los hombres y en las mismas condiciones. La \u00abjusticia\u00bb es la justicia salv\u00edfica prometida en el AT. La expresi\u00f3n \u00abde fe en fe\u00bb se refiere al crecimiento de la misma, por el que el hombre participa cada vez m\u00e1s de la justificaci\u00f3n a medida de ese desarrollo.

{N}1,{/}18: (18-23) La \u00abira de Dios\u00bb es la justicia vindicativa que castiga el pecado. La \u00abverdad aprisionada\u00bb es el conocimiento que de Dios pudieron obtener los paganos, y al que sus injusticias no dejaron producir los consiguientes frutos: una conducta que glorificase a Dios. Por las criaturas, voces a trav\u00e9s de las cuales Dios habla, espejos en los que \u00e9l se manifiesta, los hombres pueden venir al conocimiento de la existencia de Dios y de algunos de sus atributos (cf Is 42,5; 45,18; Sab 13,1-9; He 17,24-28).

{N}1,{/}24: (24-31) Cuadro de degradaci\u00f3n, que confirman los escritores romanos. Hay que interpretar el \u00abDios los entreg\u00f3\u00bb (v. 24) conforme al lenguaje b\u00edblico, que atribuye a Dios lo que \u00e9l s\u00f3lo permite. Los paganos, al retener la verdad con sus injusticias y negar a Dios el culto debido, se alejaron de \u00e9l. Privados de su luz, cayeron en la idolatr\u00eda y, como consecuencia, en los m\u00e1s espantosos des\u00f3rdenes.

{N}2,{/}1: (1-11) Se trata de los jud\u00edos. Pablo va a demostrarles que no se encuentran en mejores condiciones que los paganos. M\u00e1s a\u00fan, tienen una responsabilidad mayor, pues habiendo recibido la ley y singulares beneficios, no han cumplido aquella y respondido a estos.

{N}2,{/}12: (12-24) Los jud\u00edos recibieron la ley, y con ella la voluntad de Dios. Al no cumplirla, han dado lugar a que sea blasfemado el nombre de Dios (v. 24), ya que el desprecio hacia ellos recae en el de Dios, a quien ellos proclaman. Para el v. 22, cf Dt 7,5.25; este reproche se hac\u00eda con frecuencia a los jud\u00edos, seg\u00fan F. Josefo.

{N}2,{/}25: (25-29) La circuncisi\u00f3n era la se\u00f1al de pertenencia a Israel. Cre\u00edan que ella misma les garantizaba la salvaci\u00f3n. Pablo les advierte que esta no los hace justos sin el cumplimiento de la ley. Pablo aprovecha la ocasi\u00f3n que se le brinda para declarar cu\u00e1l es la verdadera y aut\u00e9ntica circuncisi\u00f3n que justifica.

{N}3,{/}1: (1-8) Otro elemento de preeminencia de Israel: es el depositario de las promesas de Dios, contenidas en el AT. Pero la historia de Israel demuestra que a lo largo de la misma, y particularmente ante el mensaje predicado por Cristo, el jud\u00edo se mostr\u00f3 infiel y se hizo digno de la ira de Dios. No obstante, las promesas se cumplir\u00e1n (cf 9-11).

{N}3,{/}9: (9-20) Con un conjunto de textos b\u00edblicos, san Pablo trata de demostrar la universalidad del pecado. Ni se justifican los jud\u00edos por las obras de la ley, ni los gentiles por la ley natural o sistema filos\u00f3fico alguno. A continuaci\u00f3n expondr\u00e1 el \u00fanico camino por el que puede obtenerse la justificaci\u00f3n. La salvaci\u00f3n viene por Jesucristo y de \u00c9l solo gracias a la fe.

{N}3,{/}21: (21-31) Per\u00edcopa central, que conecta con 1,16s. Para \u00abjusticia\u00bb, cf 1,16s. La \u00abgloria de Dios\u00bb es la presencia radiante de Dios, la gracia santificante que brillar\u00e1 en todo su esplendor en la gloria. La justificaci\u00f3n es un puro don gratuito de Dios (Ef 2,8); el \u00abpor su gracia\u00bb (v. 24) es un dativo adverbial, que insiste en la gratuidad. La fe, por la que decimos que nos justificamos, es s\u00f3lo una condici\u00f3n, puesta la cual Dios nos justifica; la causa eficiente es Dios, la causa formal la gracia santificante y la causa meritoria la muerte de Cristo. La \u00abredenci\u00f3n\u00bb es el perd\u00f3n de los pecados y la inserci\u00f3n en la familia divina por la gracia santificante (2Pe 1,4), con la consiguiente inhabitaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (Ef 1,3-14). La \u00absangre\u00bb no es en rigor el precio, sino el signo mediante el cual, siguiendo la l\u00ednea del AT (cf \u00c9x 24,8), se rubrica la nueva alianza (cf Lc 22,20), a la vez que el medio por el que Dios ha querido poner ante nuestros ojos el amor inmenso que ha tenido a los hombres. San Pablo habla de las obras que {C}preceden{/} a la fe; Santiago, por su parte (cf Sant 2,20-24), habla de las obras que {C}siguen{/} a ella.

{N}4,{/}1: (1-25) El Ap\u00f3stol confirma su doctrina con el ejemplo de Abrah\u00e1n. Este se justific\u00f3 por su fe en la palabra de Dios, a la que crey\u00f3 contra toda esperanza (G\u00e9n 15,6); no por la circuncisi\u00f3n, que vino m\u00e1s tarde, cuando ya estaba justificado (G\u00e9n 17,1ss). Y, por supuesto, antes de la ley, que vino cuatrocientos treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la promesa (cf G\u00e1l 3,15-18). Y as\u00ed, los hijos de Abrah\u00e1n, en quien se cumplir\u00e1n las bendiciones prometidas a \u00e9l y a sus descendientes, ser\u00e1n los que le imiten por el camino de la fe: los que crean en Jesucristo y en su mensaje, y que por su muerte y resurrecci\u00f3n se perdonan los pecados. Ello hace posible que todos, jud\u00edos y gentiles, puedan formar parte de la verdadera y \u00fanica Iglesia de Cristo, pues todos pueden venir a la fe.

{N}5,{/}1: (1-11) Bello canto al amor de Dios, quien, siendo a\u00fan pecadores, nos envi\u00f3 a su propio Hijo para redimirnos. Ese amor y la donaci\u00f3n del Esp\u00edritu son la prenda y la garant\u00eda de nuestra santificaci\u00f3n. Efectos de la misma son: la amistad con Dios, la esperanza firme de la gloria futura y el consuelo en las aflicciones ante la esperanza de conseguir, mediante la paciencia y fortaleza en las pruebas, un bien excelente. Expresiones fuertes empleadas por Pablo para manifestar su firme certeza.

{N}5,{/}12: (12-21) La segunda parte del v. 12 queda en suspenso. Or\u00edgenes la suple de este modo: \u00abDe la misma manera, por un hombre entr\u00f3 la justicia en el mundo, y por la justicia la vida, y as\u00ed pas\u00f3 la vida a todos los hombres por cuanto todos fueron vivificados\u00bb.
El \u00abpecado\u00bb designa el estado de separaci\u00f3n de Dios en que se encontraba todo hombre desde la transgresi\u00f3n de Ad\u00e1n. La \u00abmuerte\u00bb expresa la muerte espiritual, separaci\u00f3n de Dios, fuente \u00fanica de la vida (cf v. 21), cuya se\u00f1al es la muerte f\u00edsica (cf Sab 1,13; 2,24). La expresi\u00f3n final del v. 12 admite dos interpretaciones: \u00abporque todos pecaron (en Ad\u00e1n)\u00bb, en cuyo caso se afirma la solidaridad en el pecado y la suerte de Ad\u00e1n; o \u00abporque todos (de hecho) pecaron\u00bb, en cuyo caso Pablo se refiere a los pecados personales, que en cierto modo ratifican el pecado de Ad\u00e1n, y afirma la responsabilidad propia. De ah\u00ed arrancan las diversas explicaciones de los te\u00f3logos sobre la naturaleza del pecado original. Sea lo que fuere, en la primera parte del v. 12 se contiene ya una noci\u00f3n de \u00abpecado original\u00bb como raz\u00f3n de que la muerte se haya extendido a todos los hombres. Una causalidad universal del pecado de Ad\u00e1n se supone en 5,15a.16a.17a.18a y 19a. Pablo presenta una serie de ant\u00edtesis entre Ad\u00e1n y Cristo como cabezas, respectivamente, de la humanidad pecadora y de la humanidad redimida, de los efectos de la obra de Ad\u00e1n y de la obra de Cristo. Aquella nos constituy\u00f3 \u00abpecadores\u00bb; esta nos constituye (no s\u00f3lo nos declara) \u00abjustos\u00bb. Y Cristo no s\u00f3lo borra el pecado de Ad\u00e1n, sino el de todos los hombres. Y no s\u00f3lo perdona, sino que tambi\u00e9n nos comunica la gracia verdadera y aut\u00e9nticamente santificante, que nos hace realmente ser hijos de Dios (2Pe 1,4).

{N}6,{/}1: (1-11) Por el bautismo morimos al pecado y nos incorporamos a la vida que nos ha tra\u00eddo Cristo. El bautismo por inmersi\u00f3n simbolizaba y produc\u00eda ese doble efecto. Por \u00e9l se sepulta el hombre viejo con todos sus pecados y emerge el hombre nuevo provisto de una nueva vida que nos une a Cristo y hace correr por nuestras almas la vida misma de la cabeza del cuerpo m\u00edstico, cuyos miembros quedamos constituidos nosotros por el bautismo. La expresi\u00f3n \u00abbautizados en su muerte\u00bb equivale a muertos al pecado por el bautismo.

{N}6,{/}12: (12-23) El cristiano queda santificado por el bautismo. Pero queda bajo la acci\u00f3n de la triple concupiscencia (cf 1Jn 2,16). La lucha ser\u00e1 dura; mas ya no estamos bajo la ley, que se\u00f1alaba los preceptos, pero no daba fuerza para cumplirlos. En la nueva ley estamos bajo la acci\u00f3n de la gracia de Cristo, con la que siempre podemos vencer.

{N}7,{/}1: (1-6) Cristo, con su muerte, dio muerte a la ley mosaica. Nosotros, incorporados por el bautismo a la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, quedamos libres de la ley y podemos entregarnos totalmente a Jesucristo. La comparaci\u00f3n que pone Pablo de la mujer y el marido supone que el v\u00ednculo matrimonial es indisoluble.

{N}7,{/}7: (7-13) La ley es buena y santa; manifiesta la voluntad de Dios y fue glorioso patrimonio de Israel (9,4). Ella no fue causa de nuestro pecado, sino ocasi\u00f3n: al darnos mayor conocimiento de nuestros deberes sin darnos la gracia para cumplirlos, nos hace m\u00e1s pecadores al no cumplirlos. M\u00e1s a\u00fan, los jud\u00edos pusieron en las obras de la ley una confianza que les cerr\u00f3 a la fe en Cristo como \u00fanico camino de salvaci\u00f3n. Cf G\u00e1l 3,19.

{N}7,{/}14: (14-25) Preciosa descripci\u00f3n y fino an\u00e1lisis psicol\u00f3gico del drama moral que se desarrolla en el interior del hombre, el cual vive bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, que tira hacia arriba, y bajo la acci\u00f3n de las concupiscencias, que tiran hacia abajo. La ley, viene a decir Pablo, es espiritual y santa, porque manda practicar la virtud y aborrecer el mal; pero yo siento la concupiscencia, que me impulsa a obrar el mal que mi esp\u00edritu no quiere. En esa lucha entre la ley del esp\u00edritu, que es la ley de Dios, y las concupiscencias, que derivan del pecado original, el hombre s\u00f3lo puede vencer con la gracia de Cristo.

{N}8,{/}1: (1-13) El c. 8 marca el punto culminante: el aspecto positivo de la justificaci\u00f3n. Liberados de las precedentes esclavitudes, del pecado y de la ley, Dios nos ha comunicado, junto con la gracia santificante, que nos hace hijos suyos, el Esp\u00edritu Santo, que nos hace superar la vida seg\u00fan la carne, la cual conduce al pecado y la condenaci\u00f3n, y nos comunica la vida seg\u00fan el Esp\u00edritu (la persona del Esp\u00edritu Santo o nuestro esp\u00edritu conducido bajo su acci\u00f3n), que nos conduce a la verdadera vida, la vida seg\u00fan Cristo, la cual culminar\u00e1 con la resurrecci\u00f3n al final de los tiempos, implicada ya en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Se trata de la nueva alianza realizada en Cristo.

{N}8,{/}14: (14-17) El Esp\u00edritu Santo es no s\u00f3lo maestro de nuestra vida espiritual, sino principio de la misma. \u00c9l nos ense\u00f1a a invocar a Dios como padre y a conducirnos como hijos de Dios. Y como hijos de Dios y hermanos de Cristo, estamos destinados a ser coherederos con \u00e9l en la gloria eterna.

{N}8,{/}18: (18-25) Cuatro garant\u00edas constata el Ap\u00f3stol de nuestra futura gloria; una gloria que proporcionar\u00e1 tal felicidad que ante ella poca cosa es el sacrificio que en esta vida nos exija el seguimiento de Cristo. La primera (vv. 19-22): el anhelo de las criaturas de la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios. Las criaturas fueron creadas para la gloria de Dios y servicio del hombre, pero el hombre con frecuencia las aparta de ese fin utiliz\u00e1ndolas como instrumentos de pecado. Por ello est\u00e1n como anhelando la liberaci\u00f3n total del hombre, para servir \u00fanicamente al fin para el que fueron creadas. La segunda (vv. 23-25): nuestro anhelo de la redenci\u00f3n total; ese deseo nos ha sido infundido por Dios, que nos ha dado ya las primicias del Esp\u00edritu. Ello garantiza que un d\u00eda nos otorgar\u00e1 lo que ahora es objeto de esperanza.

{N}8,{/}26: (26-30) La tercera (vv. 26-27): la intercesi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Nosotros muchas veces no sabemos lo que nos conviene, lo que tenemos que pedir. Entonces viene en nuestra ayuda el Esp\u00edritu Santo, sus gemidos inefables (no que \u00e9l ore, sino que sugiere e inflama de su amor nuestras s\u00faplicas, como advierte san Gregorio Magno), que tienen por objeto nuestra glorificaci\u00f3n y no pueden frustrarse porque provienen del autor mismo de la verdad. Los vv. 29-30 presentan la cuarta garant\u00eda: el plan divino de salvaci\u00f3n, que constituye el principio radical del optimismo cristiano. Dios \u00abconoci\u00f3\u00bb (conocimiento acompa\u00f1ado de amor) de antemano a los elegidos. Los \u00abpredestin\u00f3\u00bb a ser conformes con la imagen de su Hijo (conformidad por la gracia, que lleva consigo la conformidad en la gloria). En el tiempo los \u00abllam\u00f3\u00bb a la fe, los \u00abjustific\u00f3\u00bb, con la justificaci\u00f3n ya descrita, y los \u00abglorific\u00f3\u00bb, con Cristo, haci\u00e9ndolos coherederos de la vida eterna. Por lo que a la predestinaci\u00f3n se refiere, se trata del plan general de Dios, de la comunidad de los hijos de Dios destinada a la gloria, no de los individuos en particular. Y Pablo considera las cosas desde el punto de vista de Dios, que ha determinado la salvaci\u00f3n de la comunidad cristiana, pero ha querido vincular la salvaci\u00f3n de cada uno a su cooperaci\u00f3n a la gracia. Dios no fallar\u00e1; pero el hombre, ser libre, puede fallar.

{N}8,{/}31: (31-38) Canto de j\u00fabilo del Ap\u00f3stol, conclusi\u00f3n a cuanto precede. El Padre que nos entreg\u00f3 a su Hijo; Cristo, que dio la vida por nosotros, no nos negar\u00e1 cuanto podemos necesitar para vencer todas las dificultades y conseguir la gloria del cielo. Ellos, con su actitud, son el fundamento \u00faltimo y radical de nuestra verdadera esperanza. Cf Is 50,8; Sal 44,23.

{N}9,{/}1: (1-5) El contexto precedente obliga a Pablo a plantearse el problema del pueblo jud\u00edo: el pueblo escogido por Dios, el pueblo de la alianza y las promesas, se muestra incr\u00e9dulo y queda fuera del camino de la salvaci\u00f3n. En los cc. 9-11 el Ap\u00f3stol expondr\u00e1 que Dios ha cumplido sus promesas, que no ha abandonado a Israel y que el fracaso de este del que \u00e9l es el responsable, ha sido parcial y temporal: un \u00abresto\u00bb crey\u00f3, y al final todos se convertir\u00e1n.

{N}9,{/}6: (6-13) Dios es fiel a la promesa hecha a Israel. Y esa promesa se cumple en los verdaderos israelitas. Estos son la descendencia espiritual, que proviene de Isaac, el hijo primog\u00e9nito y dado por Dios (G\u00e9n 21,12), no la descendencia que proviene de otros hijos de Abrah\u00e1n, como Ismael, descendiente carnal (G\u00e9n 21-35). S\u00f3lo aquellos son verdaderos hijos de Abrah\u00e1n, en los cuales se cumple la promesa. Cf G\u00e9n 21,12; 18,10; 25,23.

{N}9,{/}14: (14-24) La precedente actitud de Dios no arguye injusticia alguna. Escogi\u00f3 a Jacob y dej\u00f3 a un lado a Esa\u00fa, lo mismo que eligi\u00f3 a Mois\u00e9s como caudillo del pueblo y permiti\u00f3 el endurecimiento del Fara\u00f3n, orden\u00e1ndolo todo al bien de Israel. Dios es plenamente libre para escoger a quien quiera y como quiera. Y si deja a los jud\u00edos en su obstinaci\u00f3n porque no quisieron creer y se compadece de los que hemos cre\u00eddo y de los gentiles, no por eso hay injusticia en \u00e9l. Cf \u00c9x 33,19; 9,16; Is 29,16.

{N}9,{/}25: (25-33) La infidelidad de Israel estaba prevista en el AT (cf Os 2,25; 2,1; Is 10,22-23; 1,9; 28,16; 8,14). S\u00f3lo un \u00abresto\u00bb permanecer\u00eda fiel; en \u00e9l se cumplir\u00edan las promesas, y \u00e9l ser\u00eda el germen del nuevo reino. Los gentiles entraron en el reino de Cristo porque siguieron el \u00fanico camino de salvaci\u00f3n. No as\u00ed los jud\u00edos incr\u00e9dulos por su falsa idea de la justificaci\u00f3n, que pretendieron conseguir siguiendo las obras de la ley, cuyo fin era llevarlos a Cristo (G\u00e1l 3,24). Llegado Cristo, la ley de Mois\u00e9s perdi\u00f3 su aut\u00e9ntico valor y su radical y sincera raz\u00f3n de ser.

{N}10,{/}5: (5-13) Antes de la venida de Cristo, el hombre pod\u00eda justificarse por la pr\u00e1ctica verdadera de la ley entera, la que a su vez exig\u00eda la fe; pero as\u00ed resultaba cosa dif\u00edcil para el conjunto de los jud\u00edos (cf Jn 7,19; He 7,53-15,10; Rom 2,17ss). Ahora, en cambio, es m\u00e1s f\u00e1cil la justificaci\u00f3n, porque Cristo y su mensaje est\u00e1n cerca de nosotros, ya que todos pueden conocer el evangelio por la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles y conservarlo en su coraz\u00f3n. Cf Lev 18,5; Dt 30,12s.14; Is 28,16; Jl 3,5.

{N}10,{/}14: (14-21) Los jud\u00edos son plenamente responsables de su culpa. A ellos les fue predicado el evangelio; primero por Cristo y despu\u00e9s por los ap\u00f3stoles, tambi\u00e9n por Pablo, que siempre se dirig\u00eda primero a ellos que a los gentiles. Pero se mostraron como un pueblo incr\u00e9dulo y rebelde a quienes les tendieron sus brazos. Cf Is 52,7; 53,1.

{N}11,{/}1: (1-12) El fracaso de Israel fue parcial. En el AT siempre qued\u00f3 un \u00abresto\u00bb fiel a Dios (cf Sal 94,14; 44,10s; 1Re 19, 10.14.18), mientras que otros se endurecieron. Lo mismo ocurri\u00f3 ante la predicaci\u00f3n de Cristo: no todos los jud\u00edos fueron incr\u00e9dulos. Los primeros creyentes, el n\u00facleo de la Iglesia cristiana, fueron jud\u00edos, entre ellos los ap\u00f3stoles y Pablo.

{N}11,{/}11: (11-24) La ingratitud de los jud\u00edos dio ocasi\u00f3n a que se predicase el evangelio a los gentiles (He 13,45s). Pablo entrev\u00e9 en visi\u00f3n prof\u00e9tica la conversi\u00f3n de los jud\u00edos, que vendr\u00e1 a ser algo tan maravilloso como una \u00abresurrecci\u00f3n de entre los muertos\u00bb, algo realmente sorprendente y obra eximia del poder de Dios (cf 4,17). El Ap\u00f3stol exhorta a la humildad a los gentiles; el rechazo de los jud\u00edos no debe servirles de ocasi\u00f3n de desprecio a los jud\u00edos y de orgullo propio. Lo que tienen que hacer es dar gracias a Dios, que les ha otorgado la fe, y permanecer fieles en ella para no ser tambi\u00e9n ellos reprobados. Por lo dem\u00e1s, un d\u00eda los jud\u00edos vendr\u00e1n a formar parte del reino de Cristo.

{N}11,{/}25: (25-35) Dios contin\u00faa amando a Israel por raz\u00f3n de su elecci\u00f3n. Cuando haya entrado en el reino la plenitud de los gentiles, tambi\u00e9n los jud\u00edos se convertir\u00e1n y entrar\u00e1n en \u00e9l. Pablo lo ve anunciado en Is 59,20.21; 27,9. La profec\u00eda cumplida parcialmente en la conversi\u00f3n de los gentiles comprende tambi\u00e9n la conversi\u00f3n de Israel. Es el sentido misterioso y pleno del texto de Isa\u00edas que descubre el Ap\u00f3stol.

{N}12,{/}1: (1-2) A la parte dogm\u00e1tica, Pablo a\u00f1ade recomendaciones de orden moral, con lo que manifiesta que estas deben basarse en aquella. Como base de todas ellas sit\u00faa la caridad. Los vv. 1-2 contienen una primera exhortaci\u00f3n a vivir una vida santa, con la consiguiente renuncia a los criterios del mundo, como una ofrenda de cuerpo y alma al servicio de Dios.

{N}12,{/}3: (3-8) Cf 1Cor 12,8-10.28-30; Ef 4,7-11.

{N}12,{/}9: (9-21) Cf Dt 32,15; Prov 25,21s. El amor sincero al pr\u00f3jimo es el m\u00e1s agradable servicio a Dios. El cristiano no puede responder al mal con el mal, sino que hay que vencer el mal a fuerza de bien. Responder constantemente al mal del enemigo con el bien le obligar\u00e1 a deponer su enemistad y obrar tambi\u00e9n \u00e9l el bien.

{N}13,{/}1: (1-7) De Dios, que hizo al hombre ser social, viene la autoridad de quienes gobiernan la sociedad. La autoridad tiene que servir a la sociedad esforz\u00e1ndose por la paz y el bienestar de la misma, no servirse de ella y enriquecerse a costa de los ciudadanos. Estos tienen que obedecer a las leyes leg\u00edtimas de la autoridad, como deber de conciencia. S\u00f3lo cuando la autoridad civil manda cosas contrarias a lo ordenado por Dios, el cristiano puede desobedecer. Y por ley natural todos los ciudadanos tienen derecho a resistir a la injusticia.

{N}13,{/}8: (8-10) Cristo resumi\u00f3 los mandatos de la ley en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo (cf Mt 22,37-40). Pablo simplifica m\u00e1s; en el amor al pr\u00f3jimo, porque el amor \u00abcristiano\u00bb al pr\u00f3jimo supone el amor a Dios. Y aquel es la mejor prueba de la sinceridad de este (1Jn 4,20).

{N}14,{/}1: (1-14) Vivimos en la era escatol\u00f3gica, que se inaugur\u00f3 con la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Quienes hemos venido a la luz de la fe tenemos que vivir vigilantes, renunciando a las concupiscencias de la carne y viviendo conforme al esp\u00edritu del evangelio, como corresponde al hombre nuevo en Cristo.
{N}14,{/}1: (1-12) Este cap\u00edtulo contempla el problema frecuente entre los judeo-cristianos, que no acertaban a desprenderse de ciertas prescripciones rituales mosaicas. Sin olvidar que por ese tiempo hab\u00eda varias corrientes de ascesis, de influencia del estoicismo y otros sistemas filos\u00f3ficos, bajo cuyo influjo pudieron haber estado paganos ahora convertidos al cristianismo. Los d\u00e9biles en la fe eran los que segu\u00edan tales prescripciones. Escandalizaba a los jud\u00edos el comer las carnes sacrificadas a los \u00eddolos, que los que proven\u00edan de la gentilidad com\u00edan sin reparo alguno. Estos, los fuertes en la fe, miraban a aquellos con cierto desprecio. En los vv. 1-12, Pablo se dirige a unos y otros exhort\u00e1ndolos a que eviten tales discusiones, peligrosas para la unidad de la Iglesia. Se trata de cosas que no ata\u00f1en a la fe. Unos y otros obran conforme a su conciencia y con su actuaci\u00f3n pretenden honrar a Dios, a quien hay que remitir todo juicio. Y eso es lo que importa a todo cristiano: superar el propio yo y realizar todas las cosas en el Se\u00f1or y por el Se\u00f1or. Suyos somos en vida y en muerte; ni siquiera esta puede separarnos de \u00e9l (8,38; 14,13-23). En los vv. 13-23, el Ap\u00f3stol se dirige m\u00e1s bien a los fuertes. Cierto que todos los alimentos son puros y se pueden tomar sin escr\u00fapulo alguno de conciencia. Pero por encima de todo tiene que prevalecer la caridad. Hay que abstenerse de un alimento que es l\u00edcito tomar si el hacerlo puede servir de desedificaci\u00f3n o esc\u00e1ndalo para el hermano (cf Mc 7,19 y 1Cor 8; 10,14-33). Les advierte que no den con su actitud, que puede llevar divisiones a la comunidad, ocasi\u00f3n y armas al enemigo de la Iglesia para que blasfeme de nuestra religi\u00f3n por cosas de tan poca importancia (v. 16). Y les recuerda que el reino de Dios y la verdadera religi\u00f3n no consisten en comer o beber esto o aquello, o en lo que divide, sino en la justicia, en la paz, en la caridad y alegr\u00eda, dones del Esp\u00edritu Santo.

{N}15,{/}1: (1-13) Contin\u00faa el tema de los fuertes y los d\u00e9biles, pero ahora Pablo se eleva a principios de conducta de valor universal: fundamentalmente el ejemplo de Cristo. El precepto del amor exige buscar m\u00e1s la complacencia del pr\u00f3jimo que la propia, conforme al ejemplo de Cristo (Mc 10,45; Jn 13,34), quien al obrar as\u00ed cumple la Escritura (Sal 69,10). Son tambi\u00e9n las Escrituras las que hab\u00edan anunciado la salvaci\u00f3n a los jud\u00edos y a los gentiles (\u00c9x 34,6; Sal 18,50; Dt 32,43; Sal 117,1; Is 11,10). Cristo las cumple predicando a los jud\u00edos y enviando a sus disc\u00edpulos a predicar a los gentiles, destruyendo previamente el muro de separaci\u00f3n entre ambos (Ef 2,15s). Como Cristo acogi\u00f3 a todos, as\u00ed todos debemos acogernos y servirnos unos a otros.

{N}15,{/}14: (14-21) Pablo, para quien la simple vida cristiana es una liturgia (cf 12,1; Flp 2,17), considera su apostolado como ejercicio \u00abdel oficio sagrado\u00bb (v. 16), como un sacerdote que ejerce su ministerio en el santuario de Dios. La predicaci\u00f3n de la palabra de Dios es en s\u00ed una acci\u00f3n lit\u00fargica, en la que el Ap\u00f3stol, m\u00e1s exactamente Cristo por medio de \u00e9l, ofrece a los hombres ante el altar de Dios como oblaci\u00f3n santificada por el Esp\u00edritu Santo.

{N}15,{/}22: (22-29) En los vv. 24-28 Pablo manifiesta su intenci\u00f3n de viajar por tierras de Espa\u00f1a. Las m\u00e1s antiguas fuentes romanas aseguran que el Ap\u00f3stol llev\u00f3 a cabo su plan (Clemente Romano, fragmento de Muratori). Sin embargo, actualmente no podemos confirmar claramente la realizaci\u00f3n de un viaje de Pablo a Espa\u00f1a.

{N}16,{/}1: (1-16) Concluye la carta con una lista de saludos a un numeroso grupo de colaboradores y amigos. Menciona individualmente a veintisiete persona, aparte de otras indicadas en general. Magn\u00edfica prueba de lo que Pablo estimaba a sus colaboradores, entre los que se encuentra un cierto n\u00famero de mujeres.

{N}16,{/}25: (25-27) Pablo concluye con esta doxolog\u00eda, la m\u00e1s importante de sus cartas, en la que recuerda los temas fundamentales de la misma. El misterio es la salvaci\u00f3n universal, de jud\u00edos y gentiles, \u00aben Cristo Jes\u00fas\u00bb mediante la fe. Algunos manuscritos la colocan despu\u00e9s de 14,23; pero los m\u00e1s importantes la tienen en este lugar. Expresa la alegr\u00eda de vivir en un momento en que ya se han realizado las promesas.

