{N}1,{/}1: Es de notar, en este primer cap\u00edtulo introductorio, la preocupaci\u00f3n en los j\u00f3venes israelitas por no mancharse con alimentos impuros. Lo referente a los alimentos estaba legislado en diversos pasajes del Pentateuco (v.g., Lev 11,2-32). Esta preocupaci\u00f3n es t\u00edpica del juda\u00edsmo tard\u00edo, sobre todo en la \u00e9poca de los Macabeos (cf Tob 1,10; Jdt 10,5; 12,1-4; Est 13,28; 14,17; 1Mac 1,65; 2Mac 7,1). El edicto de Ant\u00edoco de abolici\u00f3n del juda\u00edsmo abarcaba concretamente la abolici\u00f3n de todo tipo de prescripciones dietarias contenidas de una manera clara en la ley.

{N}2,{/}1: Se trata en este c. 2 del sue\u00f1o de Nabucodonosor sobre la estatua compuesta por varios metales que significaban diversos reinos hist\u00f3ricos. El cap\u00edtulo guarda gran parecido con la visi\u00f3n de las {C}cuatro bestias{/} del c. 7. El primero no ofrece dificultad. Se trata del {C}Imperio babil\u00f3nico.{/} Ofrecen dificultades, el cuarto, el segundo y el tercero. El cuarto imperio (2,40-43) fue corriente desde antiguo identificarlo con el Imperio romano. As\u00ed se llegaba al Mes\u00edas o reino de Dios, que surge coet\u00e1neamente al Imperio romano. Pero esa interpretaci\u00f3n est\u00e1 hoy abandonada.
No constituye dificultad, si se tiene en cuenta el g\u00e9nero literario del libro, que el reino de Dios se presenta como sucediendo inmediatamente al cuarto imperio. Esa inmediatez es propia del estilo escatol\u00f3gico, y aun del estilo prof\u00e9tico. La interpretaci\u00f3n romana del cuarto imperio es una reinterpretaci\u00f3n a partir de Pompeyo. Cf Salmos de Salom\u00f3n 2,24 (Pompeyo es llamado \u00abel drag\u00f3n\u00bb); 4 Esd 12,11-30; Josefo, {C}Antiquitates,{/} 10, 11.7.
El segundo y tercer imperio son el {C}medo{/} y el {C}persa{/} disociados. Esta parece ser la mente del autor, que despu\u00e9s de Baltasar hace entrar en escena a Dar\u00edo el medo, luego a Ciro el persa y, finalmente, a los griegos. Pudo el autor inspirarse en otros textos b\u00edblicos que presentan a Babilonia conquistada por los medos (cf Is 13,17 y Jer 51,11.28). T\u00e9ngase en cuenta que el autor no trata de hacer historia, sino teolog\u00eda; los datos hist\u00f3ricos que posee, imperfectos en este caso, los hace servir a una idea, o sea la sucesi\u00f3n y desaparici\u00f3n de los imperios paganos y hostiles, para dar paso al reino de Dios. La estatua, en su unidad, es la representaci\u00f3n sint\u00e9tica de todos los paganismos.
La {C}piedrecilla{/} que se convierte en una gran monta\u00f1a que llena toda la tierra simboliza el {C}reino de Israel,{/} que se espera para pronto y que suceder\u00e1 a los imperios paganos.
El v. 28 presenta el anuncio de la primera de las alegor\u00edas de Dan, que describen la sucesi\u00f3n de los grandes imperios hist\u00f3ricos.

{N}3,{/}16: (16-18) Los tres j\u00f3venes, ante la amenaza de la intimidaci\u00f3n, responden sin arrogancia con la respuesta de los m\u00e1rtires (cf Jer 26,15; He 4,18-19; 5,27-28). Esta fue la conducta de los hasidim en los tiempos macabeos al comienzo de la persecuci\u00f3n. Despu\u00e9s, renunciando a la pasividad, se decidieron por la resistencia armada (cf 1Mac 2,25-44).

{N}3,{/}19: (19-23) El {C}texto deuterocan\u00f3nico{/} intercala aqu\u00ed dos fragmentos l\u00edricos: la {C}oraci\u00f3n de Azar\u00edas{/} (3,25-45) y el {C}c\u00e1ntico de los tres j\u00f3venes{/} (3,24.51-90), precedido de un breve rasgo narrativo en 3,24.31.46-51).

{N}3,{/}24: (24-45) La {C}oraci\u00f3n de Azar\u00edas{/} es una {C}confesi\u00f3n colectiva{/} compuesta probablemente en tiempo de la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes, a la que hace alusi\u00f3n.
Sin duda circul\u00f3 primero entre el pueblo, y despu\u00e9s fue incorporada al libro de Daniel. La lamentaci\u00f3n de que ya no hay profetas (v. 38) es una lamentaci\u00f3n de \u00e9poca tard\u00eda (cf Sal 74,9; 77,9; Lam 2,9; 1Mac 4,46; 9,27; 14,41).

{N}3,{/}52: (52-90) El {C}c\u00e1ntico de los tres j\u00f3venes,{/} por la alusi\u00f3n que se hace al templo (v. 53), probablemente pertenec\u00eda al culto del templo, y su composici\u00f3n es posterior a la restauraci\u00f3n del culto por Judas Macabeo (cf 1Mac 4,46ss). Este c\u00e1ntico est\u00e1 tomado de las ediciones griegas del libro de Daniel.

{N}4,{/}7: (7-15) El sue\u00f1o de Nabucodonosor est\u00e1 inspirado en la p\u00e1gina de Ezequiel (31,2-9) en que figura el fara\u00f3n como un cedro del L\u00edbano.
El cumplimiento del sue\u00f1o se narra en 31-34. La enfermedad a que aqu\u00ed se hace alusi\u00f3n (4,22.30) es la locura zoantr\u00f3pica, que se suele llamar licantrop\u00eda (lobo), o mejor (en este caso), {C}loboantrop\u00eda,{/} y que consiste, psicol\u00f3gicamente, en un tipo de comportamiento como crey\u00e9ndose un determinado animal. Todo el relato es una especie de {C}midr\u00e1s.{/} El g\u00e9nero literario midr\u00e1sico se caracteriza, en una de las formas que tom\u00f3 en su evoluci\u00f3n, por la libertad con que trata la historia (frecuentemente invent\u00e1ndola), subordin\u00e1ndola a la {C}lecci\u00f3n teol\u00f3gica{/} que pretende.

{N}5,{/}1: (1-4) Los historiadores griegos Herodoto y Jenofonte {C}(Ciropedia){/} relatan que Babilonia fue tomada por Ciro mientras se estaba celebrando un banquete con gran fausto. Es muy posible que este dato haya influenciado la presente narraci\u00f3n. Los historiadores ignoran el nombre de Baltasar. La lista completa desde Nabucodonosor a Nab\u00f3nides (el \u00faltimo rey de Babilonia), padre de Baltasar, es dada por Beroso, citado por Josefo {C}(Contra Ap.{/} 1,20). Sobre si la narraci\u00f3n se refiere veladamente a Ant\u00edoco Ep\u00edfanes, sacr\u00edlego usurpador de los vasos del templo de Jerusal\u00e9n, no hay indicios seguros. Algunos as\u00ed lo creen, diciendo que el banquete de Baltasar es un s\u00edmbolo traspuesto de la historia de la colocaci\u00f3n por Ant\u00edoco de la estatua de J\u00fapiter Ol\u00edmpico en el templo de Jerusal\u00e9n (\u00ababominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n\u00bb). En el v. 19 se resume el episodio del c. 4.

{N}6,{/}24: (24-25) La inversi\u00f3n del castigo, recayendo despu\u00e9s sobre los enemigos de Daniel, recuerda el libro de Ester. Por lo dem\u00e1s, el dato se hace inveros\u00edmil, dada la multitud de los acusados (cf LXX). \u00bfC\u00f3mo hubo sitio para los 120 s\u00e1trapas con sus mujeres e hijos?

{N}6,{/}26: (26-28) Tambi\u00e9n la narraci\u00f3n del c. 6 termina con un reconocimiento del Dios de Daniel por parte de un rey pagano. Es grande la semejanza con 3,31-33.
Los cr\u00edticos independientes ven en el c. 6 simplemente una lecci\u00f3n con fines edificantes, es decir, un {C}midr\u00e1s{/} como algunas actas de los m\u00e1rtires cristianos. \u00abDios es poderoso m\u00e1s que los reyes de la tierra y puede salvar con un milagro a los que sean fieles\u00bb. La {C}\u00e9poca de composici\u00f3n{/} de este cap\u00edtulo (originariamente) no parece que pueda retrasarse hasta la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes, dados los rasgos de simpat\u00eda con que es presentado a Dar\u00edo, a diferencia de sus ministros, sobre cuya envidia recae la responsabilidad y despu\u00e9s el castigo (no sobre Dar\u00edo).

{N}7,{/}1: Existe un gran parecido entre este cap\u00edtulo y el c. 2. El c. 2 relataba un sue\u00f1o de Nabucodonosor que se refer\u00eda a cuatro reinos paganos representados en la estatua de los cuatro metales, y al reino de Israel representado en la piedrecilla desprendida del monte. Aqu\u00ed se trata de una visi\u00f3n de Daniel (en sue\u00f1o nocturno) que se refiere a los mismos cuatro reinos, s\u00f3lo que representados por cuatro bestias que proceden del abismo, mientras que el quinto reino, \u00abel reino de los santos del alt\u00edsimo\u00bb, est\u00e1 representado por una figura de hombre (el hijo del hombre) que procede de las nubes del cielo.
Los \u00abreinos\u00bb son los mismos que en el c. 2. Aqu\u00ed la {C}cuarta bestia{/} se refiere particularmente al imperio griego bajo Ant\u00edoco Ep\u00edfanes.
La figura del \u00abhijo del hombre\u00bb no es m\u00e1s que un {C}s\u00edmbolo,{/} como son s\u00edmbolos las aut\u00e9nticas bestias a que se contrapone.
El sentido es prevalentemente colectivo. Cuatro bestias significan cuatro reinos (7,23-24). El \u00abhijo del hombre\u00bb (o el hombre) significa el reino de los santos del alt\u00edsimo (7,18-22.27). (El reino de Israel prometido como eterno a la dinast\u00eda dav\u00eddica y que hab\u00eda desaparecido del horizonte.)
La evoluci\u00f3n de sentido colectivo a individual y de s\u00edmbolo a persona se har\u00e1 en otro libro posterior a Daniel, en las {C}Par\u00e1bolas de Henoc{/} (1Henoc 37-71), de la \u00e9poca macabea. Ah\u00ed el \u00abhijo del hombre\u00bb est\u00e1 presentado como persona, como {C}rey celeste{/} sin existencia terrena anterior.

{N}8,{/}3: (3-8) El carnero (con los dos cuernos) representa al imperio de los aquem\u00e9nidas; el macho cabr\u00edo simboliza a Alejandro Magno; los cuatro cuernos que reemplazan al que se quebr\u00f3 designan a los {C}Diadocos,{/} los cuatro generales de Alejandro Magno que se dividieron su inmenso imperio: Seleuco, Tolomeo, Casandro y Lis\u00edmaco (cf 22).

{N}8,{/}9: (9-12) El {C}peque\u00f1o cuerno{/} designa a Ant\u00edoco Ep\u00edfanes, como en el cap\u00edtulo precedente (cf 23-25). 

{N}8,{/}25: El mejor comentario al v. 25 lo ofrece 1Mac 1,30ss.

{N}8,{/}26: (26-27) El secreto exigido pertenece a las reglas del g\u00e9nero apocal\u00edptico (cf 12,9). Se trataba, sin duda, de responder as\u00ed a la objeci\u00f3n que pudiera presentarse a los lectores, extra\u00f1ados por el desconocimiento de revelaciones aparentemente tan precisas y tan antiguas. Las visiones de Daniel se cumplir\u00e1n oscuramente.

{N}9,{/}1:{N} {/}Las setenta semanas del c. 9 se interpretaban en otros tiempos como una gran profec\u00eda. Esta interpretaci\u00f3n proven\u00eda de considerar el libro de Daniel como prof\u00e9tico. Pero, admitido ya hoy com\u00fanmente como un libro apocal\u00edptico, es decir, como un libro que, bajo la apariencia (o g\u00e9nero literario) de visiones prof\u00e9ticas de la historia de Israel, en realidad es {C}historia retrospectiva{/} escrita despu\u00e9s de sucedidos los hechos.

{N}9,{/}2: Tras el nombre de Daniel, el que reflexiona sobre la profec\u00eda de Jerem\u00edas (de los setenta a\u00f1os, reinterpretados en setenta semanas de a\u00f1os) es el autor contempor\u00e1neo de los acontecimientos en tiempo de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes.

{N}9,{/}24: (24-27) La presunta profec\u00eda o revelaci\u00f3n de las setenta semanas de a\u00f1os est\u00e1 hecha a Daniel por el \u00e1ngel Gabriel. El \u00abungido\u00bb del v. 26 no es \u00abJesucristo\u00bb (como lo interpretaron algunos antiguos) sino que es On\u00edas III, sumo sacerdote, asesinado en el a\u00f1o 171 (2Mac 4,30-38). (Como a sacerdote se le llama cristo o ungido.) El v. 27 se aclara a la luz de 11,30-32.

{N}10,{/}1: Los cc. 10-12 forman un bloque. Tenemos aqu\u00ed el apocalipsis m\u00e1s claro y m\u00e1s detallado, en que bajo apariencia de profec\u00eda o de visi\u00f3n de futuro se refieren a acontecimientos que para el autor son pasados.
La {C}primera parte{/} (10,1-11,1) refiere una visi\u00f3n de cosas celestes. La {C}segunda parte{/} (11,2-12,4) refiere la revelaci\u00f3n de cosas terrestres.

{N}10,{/}4: (4-9) La visi\u00f3n del var\u00f3n vestido de lino: este var\u00f3n que no se nombra es Gabriel.

{N}10,{/}14: La intenci\u00f3n del \u00e1ngel al venir a Daniel es la misma que en 8,16ss y 9,22: interpretarle la visi\u00f3n.

{N}11,{/}1: Tenemos aqu\u00ed un \u00abconspectus\u00bb de los acontecimientos hist\u00f3ricos que afectaron a los jud\u00edos desde el persa hasta el tiempo de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes: el cuarto rey de Persia, Alejandro Magno, tolomeos y sel\u00e9ucidas (el rey del mediod\u00eda y el rey del norte), y, finalmente, los hechos tocantes a Ant\u00edoco Ep\u00edfanes. todo el cap\u00edtulo hay que leerlo a la luz de estos intrincados acontecimientos.

{N}11,{/}40: (40-45) Ant\u00edoco, el rey perseguidor, muere en Tabes en el 163. Sus \u00faltimos d\u00edas son referidos en 1Mac 6,1-16 y 2Mac 9. Las indicaciones de este pasaje de Daniel son oscuras, en contraste con las precisiones anteriores. Esto puede ser un indicio de que el autor escrib\u00eda por este tiempo poco antes de la muerte de Ant\u00edoco. Seg\u00fan el autor de Daniel, Ant\u00edoco hab\u00eda de encontrar su fin entre Jerusal\u00e9n y el Mediterr\u00e1neo, \u00abquebrantado sin mano\u00bb por un poder sobrenatural (8,25). Esta predicci\u00f3n incumplida sigue el esquema creado ya antes por la apocal\u00edptica, que predec\u00eda un conflicto definitivo y final entre los paganos y los jud\u00edos cerca de la ciudad de Jerusal\u00e9n (cf Jl 3,9-21; Zac 12,2-9, etc).

{N}12,{/}1: De las precisiones del cap\u00edtulo precedente pasamos a encontrarnos aqu\u00ed con generalidades. \u00abEn aquel tiempo\u00bb, por el contexto, claramente se refiere al \u00abtiempo del fin\u00bb (cf 11,40-45). \u00abSer\u00e1n librados todos los que se encuentran escritos en el libro\u00bb significa que conservar\u00e1n la vida en estos combates. El {C}libro{/} se refiere al \u00ablibro de la vida\u00bb. A continuaci\u00f3n, en el v. 2, tenemos afirmada, probabil\u00edsimamente por primera vez, la {C}resurrecci\u00f3n de los muertos.{/} En cuanto a la {C}universalidad{/} de este pasaje, hay discusiones. El pasaje se refiere ante todo a los m\u00e1rtires de la persecuci\u00f3n de Ant\u00edoco Ep\u00edfanes.

{N}12,{/}3: Se refiere al c\u00edrculo de sabios escribas piadosos {C}(hadisim){/} opuestos a la helenizaci\u00f3n. A este c\u00edrculo pertenece, sin duda, el autor del libro. En el v. 4, de acuerdo con el artificio literario de seudonimia con que est\u00e1 escrito el libro, la visi\u00f3n que se presenta como dada en el s. VI ha de ser mantenida oculta hasta el s. II.
La idea de mantener oculto el libro (9-10) es un elemento t\u00edpico del artificio literario apocal\u00edptico (cf 4 Esd 12,37; 14,45-46).
Seg\u00fan el v. 13, Daniel, el que se supone haber recibido la revelaci\u00f3n en el s. VI, morir\u00e1 y ser\u00e1 despu\u00e9s de los que resuciten (cf 12,2) al final de los d\u00edas.

{N}13,{/}1: Cap\u00edtulo deuterocan\u00f3nico, escrito en griego. Se discute sobre la {C}historicidad{/} del relato. Admitido el car\u00e1cter general {C}midr\u00e1sico{/} del libro de Daniel, parece mejor inclinarse por juzgarla una narraci\u00f3n edificante. No hay nada que se oponga desde el punto de vista de la inspiraci\u00f3n.

{N}14,{/}1: En la cuesti\u00f3n de la historicidad (en el relato de Bel) habr\u00eda que pronunciarse como en el relato de Susana (cf c. 13). Se enfrentan aqu\u00ed, como en otros relatos del libro de Daniel, el monote\u00edsmo, representado por Daniel, y el polite\u00edsmo, para mostrar la superioridad del Dios de Israel sobre los otros dioses. El Dios de Israel supera al resto de las divinidades.

