{N}1,{/}1: (1-6) Para el v. 1, cf {C}Intr.{/} Los vv. 2-6 constituyen una introducci\u00f3n a las visiones que siguen. Dios envi\u00f3 profetas a los antepasados. Estos no escucharon su predicaci\u00f3n, por lo que Dios tuvo que enviarles el castigo oportuno. El profeta exhorta a sus contempor\u00e1neos a que imiten esta conducta ante el destierro que acaban de sufrir. S\u00f3lo la vuelta a Dios asegurar\u00e1 su actitud ben\u00e9vola para con el pueblo.

{N}1,{/}7: (7-17) En enero-febrero del 519 tiene lugar la primera visi\u00f3n. En el g\u00e9nero apocal\u00edptico es frecuente que un \u00e1ngel interprete las visiones misteriosas. La noticia que traen los caballos -cuatro en los LXX- que han recorrido la tierra al \u00e1ngel tutelar de la comunidad jud\u00eda no es confortadora: la tierra est\u00e1 tranquila y no se vislumbra conmoci\u00f3n de las naciones que preceder\u00eda a la era mesi\u00e1nica. De ah\u00ed la angustiosa pregunta del v. 12. La respuesta, en cambio, es consoladora: aunque Dios no act\u00fae inmediatamente, asegura que las promesas mesi\u00e1nicas ciertamente se cumplir\u00e1n. No hay que buscar una significaci\u00f3n especial en todos los detalles de la visi\u00f3n; el color, por ejemplo, de los caballos no tiene otro objeto que distinguirlos.

{N}2,{/}1: (1-4) Los cuatro cuernos simbolizan el conjunto de los pueblos paganos que han oprimido a Jud\u00e1 y se han opuesto al reino de Dios. Los herreros simbolizan los instrumentos de la justicia divina; Dios est\u00e1 dispuesto a someter a todas las potencias hostiles a su reino mesi\u00e1nico (cf Ez 21,36).

{N}2,{/}5: (5-9) Despu\u00e9s del castigo de los enemigos, Jerusal\u00e9n no tendr\u00e1 muros que le restrinjan, sino una defensa que los enemigos no podr\u00e1n franquear.

{N}2,{/}10: (10-17) Especie de comentario a las visiones segunda y tercera. Traslad\u00e1ndose a los d\u00edas de la cautividad, anuncia la nueva etapa gloriosa para Jud\u00e1, en que Dios habitar\u00e1 Si\u00f3n y llegar\u00e1n los tiempos mesi\u00e1nicos, en los que participar\u00e1n de sus beneficios tambi\u00e9n los gentiles. En el v. 16 aparece por primera vez en la Biblia la expresi\u00f3n \u00abTierra Santa\u00bb para designar la tierra de Cana\u00e1n.

{N}3,{/}1: (1-7) El \u00absumo sacerdote\u00bb, invitado a su nueva labor en el templo, simboliza aqu\u00ed a la comunidad jud\u00eda, que debe despojarse de sus vicios inveterados y revestirse de la santidad que requiere el nuevo reino. Tal vez se refiere al descuido en la reconstrucci\u00f3n del templo.

{N}3,{/}8: (8-10) El t\u00e9rmino \u00abGermen\u00bb se aplica directamente a Zorobabel (cf 6,12), pero dadas las resonancias mesi\u00e1nicas (cf Jer 23,5; 33,15) y el lenguaje mesi\u00e1nico que sigue, la profec\u00eda mira al mes\u00edas, del que Zorobabel es tipo y un anillo de la cadena que desembocar\u00eda en \u00e9l.

{N}4,{/}1: (1-14) El sentido del texto exige la trasposici\u00f3n de vers\u00edculos que aparece en el texto. El candelabro, con sus accesorios, representa a Dios con su omnisciencia y providencia especial para con su pueblo, o m\u00e1s en concreto el templo en construcci\u00f3n. Los dos ungidos son Zorobabel y Josu\u00e9, que representan el poder pol\u00edtico y el poder cultual de la nueva comunidad. Dios ense\u00f1a a Zorobabel que no son los medios humanos los que cuentan para la obra de la reconstrucci\u00f3n del templo, sino el Esp\u00edritu de Dios (6b). El hombre es comparado a menudo con un \u00e1rbol (v. 14). El poder pol\u00edtico y el temporal quedan unidos en los tiempos de la salvaci\u00f3n.

{N}5,{/}1: (1-4) El libro simboliza la justicia divina que descargar\u00e1 sus maldiciones sobre todos los pecadores, de los que la Tierra Santa se ver\u00e1 libre en la era mesi\u00e1nica. La medida del libro, que es la del p\u00f3rtico del templo, podr\u00eda aludir a este como morada de Dios, a la que s\u00f3lo pueden acceder quienes se hayan purificado de sus pecados.

{N}5,{/}5: (5-11) Nueva visi\u00f3n sobre la purificaci\u00f3n del pa\u00eds de Dios. La restauraci\u00f3n del pueblo exige que sean apartados de \u00e9l la impiedad y el pecado, que ser\u00e1n llevados a Babilonia, lugar del paganismo y de tan tristes recuerdos para el pueblo escogido que acababa de volver del destierro.

{N}6,{/}1: (1-8) Los cuatro carros simbolizan el juicio de Dios respecto de los paganos. Babilonia es el s\u00edmbolo de los poderes opuestos a Dios. Otros interpretan en el sentido de que de los cuatro puntos cardinales deber\u00e1n volver a la patria los que todav\u00eda no lo han hecho; el esp\u00edritu de Dios reposar\u00e1 sobre los desterrados y dispersos, especialmente sobre los que se encuentran todav\u00eda en Babilonia, les infundir\u00e1 esperanza y los har\u00e1 regresar a la tierra santa.

{N}6,{/}9: (9-15) Se trata no de una visi\u00f3n, sino de una acci\u00f3n simb\u00f3lica. El profeta quiere describir el papel que en el futuro desempe\u00f1ar\u00e1 Zorobabel y la armon\u00eda entre los poderes civil y religioso, en un pasaje estrictamente mesi\u00e1nico. En los vv. 12-13 el texto primitivo muy probablemente dec\u00eda Zorobabel (sustituido despu\u00e9s por el de Josu\u00e9 debido a la promoci\u00f3n del sacerdocio en Jerusal\u00e9n), pues s\u00f3lo este recibe el nombre de Germen (cf 3,8) y es una persona distinta del sacerdote (v. 14). Jelday, Tob\u00edas y Yedayas son tres repatriados que simbolizan la comunidad fiel venida del exilio. Zorobabel, personaje descollante cuya misi\u00f3n ser\u00e1 la reconstrucci\u00f3n del templo, es el Germen del que brotar\u00e1 el Mes\u00edas. Con estas visiones y esta acci\u00f3n simb\u00f3lica el profeta mantiene viva la esperanza en los antiguos vaticinios y en la futura era mesi\u00e1nica.

{N}7,{/}1: (1-14) Con ocasi\u00f3n de la pregunta sobre el ayuno, el profeta expone la doctrina sobre la verdadera religiosidad. El ayuno hab\u00eda sido instituido como luto por la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n; terminado el exilio, parece que deb\u00eda cesar tambi\u00e9n dicha manifestaci\u00f3n de duelo. Zacar\u00edas, coloc\u00e1ndose en la l\u00ednea de los primeros profetas, llama la atenci\u00f3n sobre algo m\u00e1s importante que el ayuno: la fidelidad y el esp\u00edritu de misericordia. Y delata que lo que buscan, tanto en el ayuno como en las fiestas, es su propio inter\u00e9s, no el amor de Dios y sus exigencias.

{N}8,{/}1: (1-23) Cumplidos los vaticinios punitivos, ha llegado la hora de la manifestaci\u00f3n de la misericordia de Dios con su pueblo. En estas siete sentencias de Dios tenemos un paralelismo con las visiones: se promete en ellas la restauraci\u00f3n total del pueblo: de la ciudad santa, en la que habitar\u00e1 de nuevo Dios (vv. 1-3), y del pueblo como tal, que vivir\u00e1 en paz (4-5). Los que se hallen en la di\u00e1spora volver\u00e1n a su tierra (7-8). Lo que parece imposible a los hombres, no lo es para Dios (v. 6), y un indicio de ello es el estado de cosas que ha cambiado notablemente desde que comenzaron a trabajar en el templo (9,13). Dios est\u00e1 dispuesto a derramar su bendici\u00f3n sobre Jerusal\u00e9n, pero los israelitas deber\u00e1n practicar la justicia y equidad con el pr\u00f3jimo conforme a la predicaci\u00f3n de los antiguos profetas (14-17). Los vv. 18-19 contienen la respuesta a la consulta de 5,7ss (cf 2Re 25,1-4). La restauraci\u00f3n del pueblo tiene como consecuencia la conversi\u00f3n de los gentiles. Jerusal\u00e9n vendr\u00e1 a ser el centro religioso de todos los pueblos y naciones (vv. 20-23).

{N}9,{/}1; (1-8) Comienza la segunda parte del libro, que trata del reino mesi\u00e1nico y de la lucha final. Para la restauraci\u00f3n completa de Jud\u00e1 es preciso eliminar a sus enemigos irreconciliables; esta primera profec\u00eda describe el triunfo de Dios sobre los pueblos lim\u00edtrofes de Israel. El proceso que se sigue podr\u00eda evocar el de las conquistas de Alejandro Magno, quien vence definitivamente a los persas el a\u00f1o 333, y que probablemente interpretaron como un preludio de la era mesi\u00e1nica. Lo que hab\u00eda realizado este rey, \u00bfpor qu\u00e9 no pod\u00eda m\u00e1s f\u00e1cilmente llevarlo a cabo Dios?

{N}9,{/}9: (9-10) Profec\u00eda mesi\u00e1nica aplicada a Cristo en Mt 21,27 y par. El nuevo reino, que ser\u00e1 universal, se fundar\u00e1 en la justicia. Un nuevo rasgo, similar al que aparece en el Deutero-Isa\u00edas sobre el \u00absiervo del Se\u00f1or\u00bb: la humildad y mansedumbre. La \u00abpaz\u00bb es no s\u00f3lo la ausencia de guerras, sino el conjunto arm\u00f3nico de bienes materiales y espirituales. Cf Sal 2,7; 78,2; Miq 5,4.

{N}9,{/}11: (11-16) La profec\u00eda, en t\u00e9rminos apocal\u00edpticos, anuncia el juicio punitivo sobre las naciones, que ha de preceder a la manifestaci\u00f3n mesi\u00e1nica, en la que Jud\u00e1 quedar\u00e1 bajo la protecci\u00f3n de Dios. Cf \u00c9x 24,8; Jer 31,31; Lc 22,20.

{N}10,{/}1: (1-2) Ante las dificultades con que tropieza el establecimiento del reino mesi\u00e1nico, s\u00f3lo Dios puede prestar una ayuda eficaz; es en \u00e9l en quien hay que poner toda la confianza.

{N}10,{/}3: (3-12) Se habla de una doble visita de Dios: una a los pastores opresores de Israel, que no son tales pastores sino reyes extranjeros que maltratan al pueblo de Dios, que ser\u00e1 punitiva; otra al pueblo escogido, que ser\u00e1 consolatoria y ben\u00e9fica. Vencidos los enemigos, Dios restablecer\u00e1 a Jud\u00e1 y volver\u00e1n a ella todos los dispersos entre las naciones, bajo la protecci\u00f3n de Dios como supremo pastor. Este dif\u00edcil pasaje entremezcla curiosamente fragmentos.

{N}11,{/}1: (1-3) No es claro si se trata de un juicio contra los dirigentes responsables de la ruina de Jud\u00e1, o contra las naciones enemigas de Israel, cuyo orgullo e insolencia estar\u00eda simbolizada en los cedros del L\u00edbano.

{N}11,{/}4: (4-17) La alegor\u00eda, en forma de narraci\u00f3n, simboliza el juicio divino. El profeta, como pastor, representa a Dios en los vv. 4-14; en los vv. 15-17 se coloca en lugar de un gobernante infiel a sus obligaciones. Tomando la alegor\u00eda en su conjunto -el significado de cada dato en particular es un enigma-, el profeta critica la injusticia social que practican los gobernantes, que se enriquecen a costa de sus s\u00fabditos, y, por otra parte, la infidelidad del pueblo para con Dios. Ante tal actitud, Dios tuvo que romper el cayado de la \u00abBenevolencia\u00bb, del pacto sellado con los otros pueblos de que no atacar\u00edan a Jud\u00e1, dej\u00e1ndolo a su suerte; y el de la \u00abUni\u00f3n\u00bb, o hermandad de Israel y Jud\u00e1, destruyendo la esperanza de la reuni\u00f3n de las doce tribus (en que algunos ven una alusi\u00f3n al cisma samaritano). Dios se ha hastiado de su pueblo; y el profeta pide su salario, que fue tasado en treinta siclos de plata. Mt 27,9s ha dado sentido mesi\u00e1nico a este pasaje: el profeta a quien han tasado en un precio irrisorio de valor de un esclavo es tipo de Cristo.

{N}12,{/}1: (1-14) Los vv. 1-9 describen la salvaci\u00f3n milagrosa de Jerusal\u00e9n por la acci\u00f3n poderosa de Dios. El \u00aben aquel d\u00eda\u00bb indica la intervenci\u00f3n definitiva de Dios para inaugurar la era mesi\u00e1nica. Esta ir\u00e1 precedida del sufrimiento de un personaje \u00abtraspasado por la espada\u00bb (v. 10). Ello evoca el sufrimiento y muerte misteriosa del siervo del Se\u00f1or (Is 53,5). Pero de su muerte vendr\u00e1 la conversi\u00f3n y salvaci\u00f3n de todo el pueblo. Jn 19,37 cita libremente este texto, y lo aplica a Cristo, que sufre y muere por la salvaci\u00f3n de todos los hombres.

{N}13,{/}1: (1-6) Junto a la restauraci\u00f3n material, Dios procurar\u00e1 una fuente de salud espiritual, relacionada con \u00abtraspasado por la espada\u00bb. Har\u00e1 desaparecer toda impureza, simbolizada en los \u00eddolos. El agua es s\u00edmbolo de los bienes salv\u00edficos y del esp\u00edritu que los prepara. Har\u00e1 tambi\u00e9n desaparecer a los falsos profetas, que utilizan la religi\u00f3n como medio lucrativo (Ez 13) y atribuyen las cicatrices que los delatan como tales (cf 1Re 18,28) a reyertas entre amigos. Algunas corporaciones prof\u00e9ticas se hac\u00edan incisiones que los distingu\u00edan (1Re 18,28).

{N}13,{/}7: (7-9) Parecen continuaci\u00f3n de 11,17. La espada va a herir al pastor y al reba\u00f1o despu\u00e9s de sucesivas pruebas y purificaciones. Entonces el pueblo estar\u00e1 preparado para la era mesi\u00e1nica. La semejanza en cuanto a la dispersi\u00f3n da lugar a la cita por Cristo de Mt 26,31. Estos dos vv. constituyen un texto mesi\u00e1nico, tal vez independiente.

{N}14,{/}1: (1-15) El profeta, en una descripci\u00f3n apocal\u00edptica en cuyos detalles no se puede insistir, anuncia una gran prueba para Jud\u00e1, que concluir\u00e1 con una manifestaci\u00f3n gloriosa y ben\u00e9fica para el pueblo. Para hacer resaltar m\u00e1s la gratuidad de la misma describe primero una gran coalici\u00f3n de las gentes contra Jerusal\u00e9n; cuando parec\u00eda que todo estaba perdido interviene Dios en medio de su pueblo. En la nueva situaci\u00f3n Dios reinar\u00e1 como rey \u00fanico y universal, caracter\u00edstica de la era mesi\u00e1nica. Las aguas vivas del v. 8, que salen de Jerusal\u00e9n, simbolizan el esp\u00edritu de Dios que vivifica toda la tierra. En los vv. 12-15, realizada la victoria, detalla la destrucci\u00f3n de los enemigos que se reunieron para atacar a Jerusal\u00e9n. Cf Ez 38-39; 2Re 15,19; Is 37,36.

{N}14,{/}16: (16-21) Jerusal\u00e9n ser\u00e1 el centro religioso del orbe, y todas las gentes subir\u00e1n cada a\u00f1o a la ciudad santa a honrar al verdadero Dios (cf Is 66,23ss) en la fiesta de los tabern\u00e1culos, citada probablemente porque en ella se conmemoraba la realeza de Dios y se daban gracias por los frutos recogidos. Recordando a Ezequiel, anuncia para entonces una sacralizaci\u00f3n de todas las cosas en la tierra santa.

