{N}1,{/}1: (1-9) Algunos afirman que se trata de una alegor\u00eda, con el fin de salvaguardar la santidad del Se\u00f1or y no atribuirle una exigencia realmente dura para el profeta. Otros, bas\u00e1ndose en que da el nombre de la mujer y el sexo de los hijos, y que el hecho real aumentar\u00eda la eficacia de la predicaci\u00f3n del profeta, que se convertir\u00eda en s\u00edmbolo viviente del drama de las relaciones del Se\u00f1or con su pueblo infiel, ven en la descripci\u00f3n un hecho hist\u00f3rico. Los nombres de los hijos denotan creciente severidad.

{N}2,{/}1: (1-25) Los vv. 1-3 (mejor despu\u00e9s del v. 25) presentan una paradoja: Dios permanecer\u00e1 fiel a la alianza a pesar de la infidelidad del pueblo, los israelitas gozar\u00e1n de una \u00edntima amistad con Dios, los dos reinos (Israel y Jud\u00e1) se reunir\u00e1n en un solo pueblo y los gobernar\u00e1 un nuevo rey de la familia de David. Los vv. 4-15 presentan la acusaci\u00f3n contra Israel, esposa infiel; pero Dios, que a pesar de todo le ama, le privar\u00e1 de sus cosechas con el fin de hacerle ver que es \u00e9l, no los dioses cananeos, quien otorga el pan y el vestido. Los vv. 16-25 evocan, con el desierto, la intimidad de Dios con el pueblo, lejos de los dioses falsos. Sublime pasaje de valor mesi\u00e1nico. Una vez rota la primera alianza por las infidelidades de Israel, la restauraci\u00f3n se llevar\u00e1 a cabo por una nueva alianza (cf Jer 31,31). El fruto ser\u00e1 la paz paradis\u00edaca: a la fidelidad del pueblo corresponder\u00e1 la fecundidad de la tierra (cf Is 11,6-9). Y el lazo de la aut\u00e9ntica uni\u00f3n de la nueva alianza ser\u00e1 una vez m\u00e1s el lazo del verdadero amor de Dios (cf Ez 36,25-27).

{N}3,{/}1: (1-5) Se trata sin duda de Gomer, a quien el profeta, a pesar de su infidelidad, sigue amando. Simboliza el amor de Dios a su pueblo, no obstante haber entregado \u00e9ste su coraz\u00f3n a los baales. El \u00abtiempo futuro\u00bb alude a los tiempos mesi\u00e1nicos. La menci\u00f3n de David, probable relectura de Jud\u00e1.

{N}4,{/}1: (1-19) Comienza la serie de amenazas y promesas, advirtiendo que son \u00abpalabra de Dios\u00bb. Los m\u00e1s graves pecados invaden el pa\u00eds. Los responsables son los sacerdotes, que, lejos de instruir al pueblo y apartarlo de los pecados, no ten\u00edan inconveniente en que estos aumentaran; ello supon\u00eda inmolaci\u00f3n de mayor n\u00famero de v\u00edctimas, de las que ellos obten\u00edan provecho (cf Lev 6,9-22). Los vv. 11-14 revelan el grado de infidelidad religiosa y moral a que hab\u00edan llegado los israelitas. Las \u00abcolinas\u00bb y \u00abbosques frondosos\u00bb  eran los lugares en que estaban instalados los santuarios cananeos. Los vv. 15-19 contienen una advertencia a Jud\u00e1 para que no imite la conducta de Israel. Bet-Av\u00e9n es Betel: casa de Dios, que ha venido a llamarse Bet-Av\u00e9n: casa de vanidad. Se trata de un mote de car\u00e1cter despectivo.

{N}5,{/}1: (1-15) El profeta lanza una grave acusaci\u00f3n contra los dirigentes del pueblo: han inducido a este a la idolatr\u00eda, y anuncia el castigo a Israel y a Jud\u00e1, que tambi\u00e9n es culpable (v. 10; cf Dt 19,14; 27,17). El castigo tuvo lugar con la guerra siro-efraimita (2Re 16,5) y la invasi\u00f3n asiria (2Re 15,18ss; 17,3ss). Como siempre, tiene sentido purificatorio. 

{N}6,{/}1: (1-11) El castigo lleva a Israel al arrepentimiento, pero vuelve a sus antiguas prevaricaciones. Las palabras del v. 2, que indican un breve espacio de tiempo, han sido aplicadas por la tradici\u00f3n cristiana, en sentido acomodaticio, a la resurrecci\u00f3n de Cristo. La ense\u00f1anza del v. 6 aparece dos veces en boca de Cristo (Mt 9,13; 12,17); Dios no rechaza los sacrificios, pero para que le sean agradables tienen que ir acompa\u00f1ados de las disposiciones interiores, entre las que sobresale el amor de Dios y una vida pr\u00e1ctica conforme a su voluntad.

{N}7,{/}1: (1-7) El profeta condena la impiedad reinante y las intrigas de los gobernantes, que ocupaban el trono mediante el asesinato del rey precedente (cf 2Re 15,10ss). Compara los conspiradores a los horneros, que preparan el horno y la pasta y esperan el momento de su fermentaci\u00f3n; aquellos refrenan sus pasiones y, llegado el momento oportuno, cuando el rey y sus pr\u00edncipes est\u00e1n encendidos por el vino, dan el golpe decisivo.

{N}7,{/}8: (8-16) Israel, el reino del norte, vino a ser como una torta a la que no se dio la vuelta (v. 8), y por tanto in\u00fatil. Es una advertencia contra la pol\u00edtica de alianzas: unos quer\u00edan alianza con el rey asirio, mientras que otros la pretend\u00edan con Egipto; como Isa\u00edas y Jerem\u00edas, Oseas predica que el pueblo ha de abstenerse de tales alianzas, perjudiciales para el pueblo escogido, y poner su confianza en el Se\u00f1or. Unos doce a\u00f1os m\u00e1s tarde tuvo lugar el cumplimiento de las palabras de Oseas: el 721 Asiria destruye Samar\u00eda y Egipto pudo alegrarse del desconcierto de Israel. Se mantiene la referencia a la alianza con el Se\u00f1or. Dios cumple siempre la alianza establecida con su pueblo.

{N}8,{/}1: (1-14) Despu\u00e9s de una preciosa advertencia (no basta invocar de palabra al Se\u00f1or, es precisa una conversi\u00f3n sincera), el profeta menciona una serie de acusaciones que justifican la ruina de Israel: la ocupaci\u00f3n del trono por medios violentos, que no hace personas carism\u00e1ticas elegidas por voluntad del Se\u00f1or; la adoraci\u00f3n de becerro de oro en Betel y Dan (1Re 12,29); petici\u00f3n de ayuda a reyes extranjeros en lugar de poner la confianza en el Se\u00f1or (aquellos son ahora los \u00abamantes\u00bb del v. 9) y la idolatr\u00eda. Amplia siembra de vientos que producir\u00edan la tempestad.

{N}9,{/}1: (1-17) Fue probablemente en la celebraci\u00f3n de alguna fiesta de la recolecci\u00f3n, en que el pueblo se entregaba alegremente a jolgorios y pr\u00e1cticas supersticiosas paganas, cuando el profeta se atreve a anunciar el castigo del destierro. Los sacrificios, que s\u00f3lo se pod\u00edan hacer en Jerusal\u00e9n, no eran ya permitidos en el destierro; y, por tanto, todo ser\u00e1 impuro, como el manjar de luto en los funerales, impuro por la presencia del muerto (N\u00fam 19,14). La cercan\u00eda de los \u00eddolos hac\u00eda impuros los alimentos en un pa\u00eds extra\u00f1o (vv. 3s). En los vv. 9-10 el profeta contrapone el afecto y la solicitud de Dios en el desierto a la prevaricaci\u00f3n de Israel en Baal Fegor (cf N\u00fam 25,1-5). Se repite la misma historia de la fidelidad de Dios e infidelidad de Israel. El exilio y la exterminaci\u00f3n tendr\u00e1n que ser la triste suerte de un pueblo elegido por Dios entre todas las naciones. En el v. 14 seguramente se trata de las desobediencias de Sa\u00fal en Guilgal (cf 1Re 13,7-17; 15,12s), que ahora contin\u00faan los dirigentes del pueblo. En el v. 15 sin duda se trata de desobediencias de Sa\u00fal.

{N}10,{/}1: (1-16) La abundancia de bienes materiales, en lugar de llevar a Israel a una vida conforme a la voluntad de Dios, le condujo a las pr\u00e1cticas idol\u00e1tricas. El profeta anuncia el castigo inminente. El v. 3 alude a la situaci\u00f3n pol\u00edtica ca\u00f3tica debida a la sucesi\u00f3n de usurpadores del trono. En los vv. 5-6 el profeta describe al pueblo en llanto porque los asirios se han llevado el becerro de oro; as\u00ed ser\u00e1 llevado el pueblo a Asiria como regalo a su rey, que ser\u00e1 el instrumento del castigo de Dios (cf 4,15). Ante la magnitud de la cat\u00e1strofe, desear\u00e1n el fin del mundo (v. 8); en este sentido cita Jes\u00fas este texto (Lc 23,30; cf Ap 6,16). Para el v. 10, cf Jue 19,30; 20,1.8; 21,7. Dios protegi\u00f3 a Israel y le dio una tierra que cultivar; pero este no practic\u00f3 la justicia, cumplimiento de la voluntad de Dios, y el amor al pr\u00f3jimo, con lo que se hubiera asegurado la benevolencia  y protecci\u00f3n de Dios. Su conducta ha sido tal que el profeta anuncia la pronta desaparici\u00f3n del reino (v. 15). Para el v. 14, cf 2Re 8,12; Is 13,16; horrores frecuentes en la conquista de ciudades.

{N}11,{/}1: (1-11) El c. 11 presenta la revelaci\u00f3n cumbre del amor de Dios en el AT. Los vv. 1-7 contrastan el amor que Dios tuvo a Israel en los or\u00edgenes de su historia, cuando eligi\u00f3 e hizo subir de Egipto (cf Mt 2,15; aplica en sentido t\u00edpico a la subida de Jes\u00fas-Ni\u00f1o a Egipto), y la ingratitud de Israel. Descripci\u00f3n realmente conmovedora del amor y solicitud de Dios con su pueblo elegido, bajo la imagen de un padre que cuida de su hijo. Pero la ingratitud de Israel no tuvo l\u00edmites, por lo que tendr\u00e1 que volver al destierro, donde sufrir\u00e1 el poder de un rey desp\u00f3tico. Sin embargo, en Dios el castigo no tiene la \u00faltima palabra. Dios escogi\u00f3 a Israel por amor y le anuncia la futura restauraci\u00f3n, sin precisar cu\u00e1ndo. 

{N}12,{/}1: (1-15) El profeta recuerda hechos de la historia de Israel con el fin de hallar alguna explicaci\u00f3n a su actual tendencia a la idolatr\u00eda. Recuerda al patriarca Jacob y sus descendientes, cargando las tintas en los pecados de estos. Pero aquel se convirti\u00f3, con lo que introduce bien el v. 7, en el que, sean palabras del profeta o respuesta de Dios a la oraci\u00f3n de Jacob, se dirige una llamada al pueblo para que se convierta de sus pecados, practique el amor y la justicia y viva conforme a la alianza. En los vers\u00edculos siguientes Oseas fustiga la conducta del pueblo, que s\u00f3lo ha imitado al patriarca en lo malo y no en la sumisi\u00f3n a Dios, a pesar de que Dios no ha dejado de enviarles profetas que los destruyeran y recordasen la alianza. Con el recuerdo de la servidumbre de Jacob a cambio de una esposa (v. 13) alude indirectamente al servicio que Israel presta a los baales a cambio de obtener la fecundidad. Dios no podr\u00e1 menos de castigar al pueblo (v. 15), pues Efra\u00edn ha sido para \u00e9l motivo de amarga pena.

{N}13,{/}1: (1-15) Comienza con unos or\u00e1culos y siguen condenaciones del rey (vv. 9-11) y del pueblo (vv. 12-14,1) en tono creciente hasta el tema principal: Israel se halla frente al \u00faltimo castigo, es digno de muerte. La tribu de Efra\u00edn, la m\u00e1s importante despu\u00e9s de Jud\u00e1 (cf G\u00e9n 48,12-14), sede del arca de la alianza (1Sam 1,3), tanto que Efra\u00edn e Israel vinieron a ser sin\u00f3nimos, termin\u00f3 cayendo en los tiempos de Oseas en las m\u00e1s graves aberraciones. El Se\u00f1or se hab\u00eda constituido en su Dios y hab\u00eda tenido con \u00e9l desde un principio los m\u00e1s sol\u00edcitos cuidados. Pero los israelitas abandonaron al Se\u00f1or adorando los \u00eddolos, por lo que Dios tendr\u00e1 que someterlos a los m\u00e1s duros castigos, simbolizados en los dolores de la parturienta (v. 13), de los que nadie los podr\u00e1 librar.

{N}14,{/}2: (2-10) Oseas, el profeta que mejor comprendi\u00f3 el profundo amor de Dios a su pueblo, no pod\u00eda concluir su libro sino con una promesa de perd\u00f3n y salvaci\u00f3n. La presenta en forma penitencial: los vv. 2-3a constituyen la invitaci\u00f3n al arrepentimiento; los vv. 3b-4, la oraci\u00f3n penitencial, arrepentimiento de la idolatr\u00eda y de haber puesto la confianza en los reyes extranjeros; en los vv. 5-9, la respuesta del Se\u00f1or, que concede la fertilidad y la prosperidad. El cipr\u00e9s siempre verde (v. 9) simboliza la vida, la providencia permanente del Se\u00f1or, de la que depende la salvaci\u00f3n y felicidad de Israel (cf 1Jn 5,20). El v. 10 contiene una conclusi\u00f3n de tipo sapiencial sobre lo que ha de ser una conducta recta e intachable: el seguimiento de las ense\u00f1anzas de Dios.

