{N}1,{/}1: (Cc. 1-10) Como en el resto de la legislaci\u00f3n sacerdotal, las disposiciones aqu\u00ed recogidas tienden a regular la vida de la comunidad israelita, una comunidad consagrada al Se\u00f1or. Puede apreciarse en ellas un hilo conductor: censo y distribuci\u00f3n de las tribus en el campamento, con especial referencia a los sacerdotes y levitas (1-4), dedicaci\u00f3n del santuario (7) y consagraci\u00f3n de los levitas (8).
{N}1,{/}1-47: Censo, con car\u00e1cter militar, de todo el pueblo de Israel. Su finalidad parece doble: ver con qu\u00e9 fuerzas cuentan realmente, y preparar la marcha para la conquista de la tierra. El censo responde a una orden del Se\u00f1or, que se hace presente en la tienda del encuentro.

{N}1,{/}48: (1,48-2,34) Como los levitas tienen funciones cultuales, que les distinguen de los dem\u00e1s, no son censados con el resto de la comunidad. Tanto en el campamento  como en la marcha ocupar\u00e1n una posici\u00f3n especial. La disposici\u00f3n se hace con criterios teol\u00f3gicos y lit\u00fargicos, m\u00e1s que militares. El centro del campamento lo ocupa la tienda de la presencia. En torno a ella, en primer plano, se colocan los levitas. En segundo plano, formando un cuadril\u00e1tero, se asigna un puesto a cada una de las tribus. La imagen que ofrece el conjunto es la de una comunidad cultual, api\u00f1ada en torno a su Dios, presente en la tienda.

{N}3,{/}1: En la clase sacerdotal se distinguen dos grupos: los sacerdotes y los levitas. Los sacerdotes propiamente dichos son los aaronitas. S\u00f3lo ellos realizan funciones sacerdotales en el santuario (vv. 1-4). Los levitas est\u00e1n al servicio de los aaronitas (vv. 5-10). Hecha esta distinci\u00f3n, se procede al censo general de los levitas (vv. 14-39), para concluir con el censo de los primog\u00e9nitos y su sustituci\u00f3n por los levitas (vv. 40-51; cf 11-13). Los levitas pertenecen al Se\u00f1or.

{N}4,{/}1: Los levitas pertenecen a tres grupos distintos: quehatitas, guersonitas y meratitas. Cada uno de ellos tiene sus propias y espec\u00edficas tareas en la comunidad.

{N}5,{/}1: Este cap\u00edtulo contiene tres prescripciones rituales: 1) expulsi\u00f3n del campamento de las personas manchadas con diversos tipos de impurezas (vv. 1-4); 2) reparaci\u00f3n de la injusticia contra el pr\u00f3jimo, pues constituye una ofensa contra el Se\u00f1or (vv. 5-9); 3) la orden o juicio divino, en caso de celos, cuando el marido sospecha del adulterio de su mujer, pero carece de pruebas. Est\u00e1 previsto, para estos casos, un ritual propio, en un lugar sagrado, ante el sacerdote y en presencia del Se\u00f1or.

{N}6,{/}1: (1-21) El nazireato pod\u00eda ser temporal o de por vida. Un nazireo era una persona que se consagraba libremente al Se\u00f1or mediante un voto (el m\u00e1s famoso fue Sans\u00f3n: Jue 13,5). El nazireo se compromet\u00eda a observar una serie de exigencias que pon\u00edan de manifiesto su separaci\u00f3n de todo lo profano y su relaci\u00f3n especial con el Se\u00f1or.
La bendici\u00f3n sacerdotal (vv. 22-27) descansa sobre la triple pronunciaci\u00f3n del nombre del Se\u00f1or, dador de todos los bienes. Culmina con el deseo de paz, como expresi\u00f3n de la armon\u00eda y de la felicidad plena.

{N}7,{/}1: Este cap\u00edtulo trata de las ofrendas de los jefes de tribu para el servicio del santuario y de la dedicaci\u00f3n del altar. La riqueza de las ofrendas subraya la generosidad con que hay que proceder en lo referente al culto del Se\u00f1or.

{N}8,{/}1: El candelabro (vv. 1-4), que en un principio ten\u00eda un sentido puramente funcional, adquirir\u00e1 con el tiempo un valor simb\u00f3lico, como signo de la presencia y de la luz del Se\u00f1or.
El rito de la purificaci\u00f3n de los levitas (vv. 5-26), aunque formalmente paralelo de la consagraci\u00f3n de los sacerdotes, se distingue sustancialmente de esta, pero no pasa de ser una mera purificaci\u00f3n ritual.

{N}9,{/}1: (1-4) Relatan la primera celebraci\u00f3n de la pascua, despu\u00e9s de la salida de Egipto. Remite al ritual de \u00c9x 12-13, con variantes complementarias.

{N}9,{/}15: (15-22) Preparaci\u00f3n para partir del Sina\u00ed. La nube y el fuego, medios utilizados por el Se\u00f1or para guiar a su pueblo hasta la llegada al Sina\u00ed (\u00c9x 13,21), servir\u00e1n tambi\u00e9n despu\u00e9s de la partida de la monta\u00f1a santa (cf N\u00fam 14,14).

{N}10,{/}1: (1-10) Al sonido de las trompetas, el pueblo se pone en marcha. A diferencia de la alarma, de tipo militar, las trompetas serv\u00edan para convocar a la comunidad. La marcha adquiere un colorido lit\u00fargico-militar.
Cc. {N}10,{/}11-{N}20,{/}13. Esta secci\u00f3n reanuda el hilo de la marcha a trav\u00e9s del desierto (\u00c9x 15,22-18,27) tras la larga parada en el Sina\u00ed (\u00c9x 19-N\u00fam 10). Reaparecen, con variantes, los mismos episodios de las primeras etapas (sed, hambre, dificultades internas, etc.) y se a\u00f1aden otros nuevos (como el de los exploradores), orientados a la conquista de la tierra, meta del caminar por el desierto.

{N}10,{/}11: (11-36) La partida del Sina\u00ed y el orden de la marcha procede de acuerdo con lo establecido en el campamento (1,47-2,27). El Se\u00f1or gu\u00eda a su pueblo con la nube y el arca, que marcha al frente del pueblo de Israel.

{N}11,{/}1: (1-3) Exponen el primer incidente en el desierto, siguiendo un esquema usual: queja del pueblo, ira del Se\u00f1or y castigo, intercesi\u00f3n de Mois\u00e9s y perd\u00f3n divino. La infidelidad de Israel contrasta con la misericordia del se\u00f1or.

{N}11,{/}4: (4-33) Se entrelazan tres historias distintas: el man\u00e1, las codornices y los ancianos. Cansado del man\u00e1, el pueblo a\u00f1ora los tiempos de Egipto y ans\u00eda comer carne (vv. 4-9). Mois\u00e9s, a su vez, se cansa del pueblo y se queja al Se\u00f1or, porque no puede con el pueblo (vv. 10-15). El Se\u00f1or responde, invistiendo a setenta ancianos para que ayuden personalmente a Mois\u00e9s en el gobierno (vv. 16-30) y, en segundo lugar, mandando una bandada de codornices al campamento para saciar los deseos de Israel (vv. 31-35). Reconociendo al Se\u00f1or como el \u00fanico l\u00edder capaz de guiar y salvar a Israel, Mois\u00e9s da prueba de su gran talla religiosa. Aceptando un gobierno colegial, Mois\u00e9s muestra su talla humana y pol\u00edtica.

{N}12,{/}1: La figura y autoridad de Mois\u00e9s, cuestionadas por Mar\u00eda y Aar\u00f3n, se ven fortalecidas en este episodio. Mois\u00e9s brilla como modelo de paciencia y de intimidad con el Se\u00f1or.

{N}13,{/}1: El problema de fondo en la historia de los exploradores radica, por un lado, en la falta de fe de Israel en los planes salv\u00edficos divinos, y, por otro, en la dilaci\u00f3n en la conquista de la tierra como un castigo por el pecado del pueblo. La derrota, a la que se alude al final del c. 14, pone de relieve un dato fundamental: sin la ayuda del Se\u00f1or, el pueblo no puede salvarse.

{N}15,{/}1: En medio de una secci\u00f3n narrativa, se intercala una serie de leyes de distinta naturaleza. La escasa o nula conexi\u00f3n con el contexto se intenta suplir recordando la historia de la salida de Egipto (v. 41). En definitiva, todas las leyes se fundan en la historia de la salvaci\u00f3n.

{N}16,{/}1: (16,1-17,15) Tema clave en estos textos es el de las tensiones y rivalidades nacidas en el seno de la comunidad por cuestiones de liderazgo. Dat\u00e1n y Abir\u00e1n juzgan un fracaso los planes de Mois\u00e9s y no aceptan su direcci\u00f3n. Cor\u00e9, con otros correligionarios, reivindica ciertos derechos sacerdotales, oponi\u00e9ndose a los privilegios cultuales de Mois\u00e9s y de Aar\u00f3n. La intervenci\u00f3n del Se\u00f1or, con un signo prodigioso al estilo de los obrados ante el Fara\u00f3n de Egipto, respalda la autoridad de Mois\u00e9s y Aar\u00f3n. Estos act\u00faan en nombre del Se\u00f1or, a quien se deben, en \u00faltima instancia, los planes de salvaci\u00f3n de Israel. El Se\u00f1or es el verdadero gu\u00eda de su pueblo.

{N}17,{/}16: (17,16-18,32) Como signo de la superioridad de los levitas sobre las otras tribus, se dice que la tribu o vara de Lev\u00ed (en hebreo se usa la misma palabra para expresar \u00abtribu\u00bb y \u00abvara\u00bb) florece y fructifica en la tienda del Se\u00f1or. Este episodio justifica los privilegios de la tribu de Lev\u00ed y da pie para sus atribuciones y derechos. Acerca de estos, se recoge una nueva legislaci\u00f3n en el c. 18.

{N}19,{/}1: Rito especial para preparar las aguas lustrales, destinadas a la purificaci\u00f3n en los casos de contaminaci\u00f3n por contacto con cad\u00e1veres. Este rito se explica a la luz de la pureza ritual exigida para participar en las asambleas cultuales.

{N}20,{/}1: (1-13) La falta de agua delata otro problema m\u00e1s profundo: la falta de fe del pueblo, que en este caso parece afectar incluso a Mois\u00e9s y Aar\u00f3n (v. 12). La muerte de Mar\u00eda (v. 1) y el anuncio de la muerte de Mois\u00e9s y de Aar\u00f3n antes de entrar en la tierra (v. 13), como castigo por su falta de fe, indican que el per\u00edodo de la marcha por el desierto toca a su fin. Desaparece la generaci\u00f3n rebelde, pero los planes del se\u00f1or se mantienen firmes. Todo apunta ya a la conquista de la tierra.

{N}20,{/}14: Cc. 20,14-36,13. Antes de conquistar la tierra, Israel tendr\u00e1 que superar algunas dificultades, especialmente las resistencias de las naciones que se interponen en el camino hacia la tierra prometida. Esta secci\u00f3n cubre el itinerario que va desde Cades hasta el Jord\u00e1n.
{N}20,{/}14-21: Israel desea pasar pac\u00edficamente por Ed\u00f3n. No le interesa conquistar sus tierras, pues tiene la mirada puesta m\u00e1s all\u00e1 del Jord\u00e1n. Ante la resistencia de los edonitas, enemigos tradicionales de Israel, el pueblo de Dios se ve obligado a dar un rodeo.

{N}21,{/}1:El episodio de la serpiente (vv. 4-9) recoge los \u00faltimos ecos de un pueblo que se extingue en el desierto. El episodio da pie a una nueva manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or. La acci\u00f3n curativa y salvadora de Dios se liga a la fe del pueblo. S\u00f3lo los que miren con fe se salvar\u00e1n (cf Jue 3,14-15).
Las primeras victorias, en los umbrales de la tierra prometida (vv. 1-3.21-35), evidencian los planes salv\u00edficos de Dios. El mismo Se\u00f1or que dio la victoria a Israel sobre Egipto (\u00c9x 14-15) y sobre los amalecitas (\u00c9x 17), saca victorioso ahora a su pueblo. Es el mejor preanuncio y garant\u00eda de la victoria final.

{N}22,{/}1: El ciclo de Bala\u00e1n, situado en la estepa de Moab, combina la historia con la profec\u00eda. La historia enmarca la profec\u00eda, formando ambas una sola unidad. Balac, rey de Moab, sabiendo que Israel ha derrotado a otros reyes, busca apoyo en una fuerza sobrenatural para vencer a Israel. Con este fin, manda llamar a Bala\u00e1n, para que maldiga a Israel. Se trasluce aqu\u00ed la antigua creencia en la fuerza m\u00e1gica de la maldici\u00f3n: lo que diga, suceder\u00e1 infaliblemente. En esta l\u00f3gica, al Dios de Israel s\u00f3lo le queda una soluci\u00f3n para salvar a su pueblo, impedir que Bala\u00e1n pronuncie la maldici\u00f3n. Pero el Se\u00f1or va m\u00e1s lejos: convierte a Bala\u00e1n en un profeta a su servicio. Movido por el esp\u00edritu y la palabra del Se\u00f1or -no por el salario, como los profesionales de la maldici\u00f3n-, Bala\u00e1n se niega a maldecir a Israel. Todo lo contrario, le bendice reiteradamente. En su tercer or\u00e1culo, la bendici\u00f3n desemboca en una promesa, eco de la de Abrah\u00e1n (cf 24,9b/G\u00e9n 12,3). En su cuarto or\u00e1culo, Bala\u00e1n anuncia la victoria de Israel sobre Moab y Ed\u00f3n (24,17-19; 2Sam 8,2.13-14). En definitiva, fracasan todos los intentos de Balac y triunfa el plan salv\u00edfico del Se\u00f1or.

{N}25,{/}1: En los umbrales de la tierra prometida, los obst\u00e1culos parecen acumularse. Tras las batallas con algunas naciones de alrededor, y la superaci\u00f3n de los poderes m\u00e1gico-sobrenaturales al servicio de Balac, el pueblo cae en otra red: la atracci\u00f3n por los cultos idol\u00e1tricos cananeos. Israel se empareja con Baal Fegor, se prostituye en unos ritos de fecundidad y abandona a su Dios. Este cap\u00edtulo tiene dos partes: primera, la atracci\u00f3n que ejercen los cultos idol\u00e1tricos sobre Israel; y segunda, que versa sobre el mismo tema, s\u00f3lo que cambiando las tentadoras de moabitas en madianitas.

{N}26,{/}1: Una vez desaparecida la vieja generaci\u00f3n del desierto, se hace necesario un nuevo censo, de cara a la pr\u00f3xima entrada y reparto de la tierra. El reparto ser\u00e1 proporcional al n\u00famero de registrados por cada tribu, pero su distribuci\u00f3n se har\u00e1 por suertes (vv. 52-56). A cada uno tocar\u00e1 lo que el Se\u00f1or, en sus planes providentes, le haya asignado. El reparto y las suertes son un acto religioso, al que precede la oraci\u00f3n (cf 1Sam 10,17-21).

{N}27,{/}1: De un caso particular, el derecho de los hijos a la herencia, se pasa a una ley general, que regula el orden de los herederos cuando faltan los hijos (vv. 1-11).
Se anuncia la muerte de Mois\u00e9s (el relato del suceso se desplaza a Dt 34) y se designa a Josu\u00e9 como sucesor suyo (vv. 12-23).

{N}28,{/}1: Lista detallada de las ofrendas y sacrificios correspondientes a cada fiesta. Se completa, de este modo, la normativa existente a este respecto en la legislaci\u00f3n sacerdotal.
Los cc. 28 y 29 reanudan el ciclo lit\u00fargico de Lev 23, pero desde un punto de vista muy particular.

{N}30,{/}1: Referente a los votos, las mujeres dependen de su padre o de su marido. Otras leyes sobre los votos, cf Lev 5,27; N\u00fam 6.

{N}31,{/}1: A partir de un hecho, la batalla de los madianitas, se da una serie de indicaciones sobre la guerra en nombre del Se\u00f1or y sobre el reparto del bot\u00edn y de la tierra seg\u00fan sus diversos grados de poder. Son las disposiciones antes del asentamiento en Cana\u00e1n.

{N}32,{/}1: Las tribus de Rub\u00e9n y Gad (m\u00e1s la mitad de Manas\u00e9s) piden autorizaci\u00f3n a Mois\u00e9s para establecerse en la Transjordania. A los ojos de Mois\u00e9s, esta propuesta pone en peligro el \u00e9xito final de la conquista. Entonces Rub\u00e9n y Gad se comprometen a luchar al otro lado del Jord\u00e1n; en la Transjordania s\u00f3lo quedar\u00e1n sus reba\u00f1os, con sus mujeres e hijos. As\u00ed las cosas, Mois\u00e9s acepta, dando una prueba m\u00e1s de su gran talla de gobernador. Cuando los intereses de un grupo entran en colisi\u00f3n con los de todo el pueblo, Mois\u00e9s defiende el bien com\u00fan, pero sabe ceder ante los intereses particulares cuando estos son razonables y ofrecen garant\u00edas de fiabilidad.

{N}33,{/}1: A modo de sumario, el c. 33 traza el itinerario seguido por Israel a lo largo de la marcha por el desierto: desde la salida de Egipto hasta la frontera de Cana\u00e1n, de las que se ocupa el c. 34.

{N}35,{/}1: Puesto que los levitas no han tenido parte, como las otras tribus, en la heredad de Israel, se les asignan unas ciudades especiales (vv. 1-8; cf Lev 25,32-34; Jos 21).
Las ciudades de refugio (vv. 9-34) representan un intento de superar la ley tribal de la venganza de sangre, posibilitando el juicio. Esta ley se justifica por la santidad del Se\u00f1or: no se ha de manchar la tierra que \u00e9l habita. La idea fundamental es la de protecci\u00f3n.

{N}36,{/}1:  La ley sobre la heredad de las hijas confirma y complementa la del c. 27. Todo parece bien atado y rematado para entrar en la tierra, el don por excelencia con que el Se\u00f1or coronar\u00e1 su plan de salvaci\u00f3n. El derecho de herencia de los hijos queda limitado por la obligaci\u00f3n de casarse dentro de la tribu, para que no disminuyera el territorio tribal.

