{N}EL TIEMPO DE LOS REYES{/}

Una derrota lleva los israelitas a tomar conciencia del peligro que 
representa su la falta de cohesi\u00f3n frente al poder\u00edo de los{N} filisteos{/}. 
Los jefes n\u00f3mades van a ver al profeta Samuel y le exigen un rey. Ese es 
el comienzo del reino de Israel. Los reyes de Jerusal\u00e9n chocar\u00e1n desde el 
comienzo con el individualismo de las tribus y m\u00e1s a\u00fan con la oposici\u00f3n 
hist\u00f3rica entre las tribus del norte y las del sur. Despu\u00e9s de la muerte 
de Salom\u00f3n el reino de David se dividir\u00e1 en dos.
{K}LA DERROTA DE EBEN-HA-EZER{/}

Hacia los a\u00f1os 1050 el crecimiento demogr\u00e1fico de los antiguos n\u00f3mades 
preocupa a los peque\u00f1os reinos de Palestina y estalla el conflicto entre 
la federaci\u00f3n filistea y las tribus de Israel. El libro de Samuel 
comienza con el relato de un enfrentamiento desastroso con la federaci\u00f3n 
filistea en esa \u00e9poca: "{C}Los filisteos se lanzaron al ataque y derrotaron 
a Israel: cada uno huy\u00f3 por su lado. Fue un gran desastre en que 
perecieron treinta mil soldados de infanter\u00eda de Israel. El Arca de Dios 
fue capturada...{/} ([1Sam_4,1] ...[1Sam_4,11]).
{K}LOS ANCIANOS PIDEN UN REY{/}

Los filisteos, establecidos hac\u00eda ya dos siglos en la costa sur, 
representaban en ese momento el principal peligro. En el combate de Eben-
Ha-Ezer los filisteos mostraron la superioridad de su armamento y la 
fuerza de su uni\u00f3n. Para los n\u00f3mades, tan celosos de su independencia, la 
centralizaci\u00f3n del poder se volvi\u00f3 una necesidad y resolvieron seguir el 
camino de la sabidur\u00eda. Ocurre entonces la elecci\u00f3n de {N}Sa\u00fal.{/}

{K}DAVID{/}

Sa\u00fal fue un rey de transici\u00f3n, pero la elecci\u00f3n de David por Dios y su 
consagraci\u00f3n por {N}Samuel{/} marcan un giro decisivo en la historia de 
Israel. Apenas ascendido al trono, David se compromete a restaurar la 
unidad de las tribus que acaba de volar en pedazos despu\u00e9s de la muerte 
de Sa\u00fal. Para evitar cualquier favoritismo, conquista su capital, que no 
figuraba en el catastro de ninguna tribu. La ciudad hab\u00eda permanecido 
hasta esos d\u00edas en manos de los jebuseos, una rama de la gran familia 
cananea. David se apodera de ella, y ser\u00e1 {N}Jerusal\u00e9n.{/} La ciudad ser\u00e1 
tanto la Ciudad de David como la Ciudad de Dios: de ah\u00ed que el primer 
acto del rey es ordenar que ascienda el arca de la Alianza a su nueva 
capital.
Los primeros a\u00f1os de David est\u00e1n consagrados a las guerras que le 
permiten imponerse primero como \u00fanico soberano de Israel y luego como 
l\u00edder de Siria y Palestina. Por algunos a\u00f1os impone la "paz israelita" a 
todos sus vecinos. La poblaci\u00f3n israelita domina pues el pa\u00eds, mezclada 
con los pueblos m\u00e1s antiguos, {N}filisteos{/} y sobre todo {N}cananeos{/}, los 
que no desaparecer\u00e1n y que recuperar\u00e1n el poder en cuanto se lo permita 
la ocasi\u00f3n. Si bien Israel impone en adelante su ley, la cultura cananea 
persiste y las denuncias de los profetas son testigos del importante 
papel que desempe\u00f1aban las culturas cananeas hasta la vuelta del Exilio 
en la vida cotidiana del pueblo elegido.
Entre los hijos de David, nacidos de diferentes mujeres, se desata la 
lucha por el poder, hasta que {N}Salom\u00f3n{/} se queda con \u00e9l, gracias al apoyo 
del profeta {N}Nat\u00e1n{/} que ve en \u00e9l el amado de Yav\u00e9. Pero su ambici\u00f3n y su 
ansia de querer figurar lo empujan a una pol\u00edtica de prestigio: se casa 
con mujeres extranjeras, hasta una hija del Fara\u00f3n entra al har\u00e9n real. 
Acoge a la {N}reina de Saba{/}, establece alianzas, comercia con el Asia 
Menor. Esta pol\u00edtica en la que el gusto por el lujo va unido a los 
compromisos atrae tanto los reproches de Dios como la c\u00f3lera del pueblo.
El pueblo est\u00e1 cansado de los trabajos forzados cada vez m\u00e1s numerosos, 
del l\u00e1tigo de los capataces de obras; por eso, a la muerte de Salom\u00f3n, 
estalla el conflicto. Ante las reclamaciones de los jefes de tribus, que 
fueron a {N}Siquem{/} a exponer la causa del pueblo, el joven rey, {N}Roboam,{/} 
endurece su postura; la reacci\u00f3n es inmediata, se declara el cisma y se 
produce la secesi\u00f3n de todas las tribus del norte. Se unen a {N}Jeroboam{/} 
que hace de Siquem su capital.
{K}UN CISMA RELIGIOSO{/}

La ruptura pol\u00edtica que acababa de suceder iba a producir tambi\u00e9n un 
cisma religioso: {C}Jeroboam pens\u00f3: El reino podr\u00eda muy bien volver otra 
vez a los descendientes de David. Si este pueblo contin\u00faa yendo a 
Jerusal\u00e9n para ofrecer sus sacrificios en la Casa de Yav\u00e9, se 
reconciliar\u00e1n con su se\u00f1or Roboam, rey de Jud\u00e1. Entonces me matar\u00e1n y mi 
reino volver\u00e1 a Roboam. Jeroboam construy\u00f3 santuarios en las lomas y 
estableci\u00f3 como sacerdotes a hombres comunes que no eran de la tribu de 
Lev\u00ed. Tambi\u00e9n decret\u00f3 una fiesta que se celebraba el 15 del octavo mes, 
semejante a la que se celebraba en Jud\u00e1, y en esta ocasi\u00f3n el mismo subi\u00f3 
al altar{/} [1Re_12,26] a [1Re_12,31].
En efecto, es verdad que a pesar de la existencia de los santuarios 
provinciales, como el de Arad descubierto en el transcurso de unas 
excavaciones arqueol\u00f3gicas al norte de Berseba, el templo de Jerusal\u00e9n 
edificado por Salom\u00f3n representaba para los israelitas ya fueran del 
norte o del sur un verdadero polo de atracci\u00f3n, y por lo tanto un real 
peligro para la autoridad de los reyes de Israel.
En adelante, y por dos siglos exactamente, Israel ser\u00e1 dividido en dos 
reinos enemigos. Al norte est\u00e1 el llamado Reino de Israel, m\u00e1s extendido 
y poderoso; al sur los descendientes de David establecidos en Jerusal\u00e9n 
reinan sobre una naci\u00f3n mucho m\u00e1s modesta formada esencialmente por la 
trib\u00fa de Jud\u00e1 y que lleva su nombre: Reino de Jud\u00e1. Es \u00e9sta, sin embargo, 
la que ocupa el primer lugar en la Biblia.
{K}1. EL REINO DE ISRAEL{/}

Arrastrando tras de s\u00ed a diez de las tribus de Israel, Jeroboam pas\u00f3 a 
ser el soberano de un reino mucho m\u00e1s importante que el del sur, 
reagrupado alrededor de Jerusal\u00e9n. En adelante, el reino del norte ser\u00e1 
designado en los textos de diversas maneras: {C}Reino de Israel{/} o 
simplemente {C}Israel{/} porque agrupaba los territorios de Palestina 
central, que guardaba celosamente el recuerdo de su patriarca Israel-
Jacob; {C}Efra\u00edn{/}, debido a la importancia de esa tribu en el nuevo reino; 
{C}Reino de Samar\u00eda{/} o Samar\u00eda por el nombre de la capital que pronto le 
dar\u00eda el rey Omri.
{K}SIQUEM, TIRSA, SAMARIA{/}

En un comienzo {N}Jeroboam{/} conserv\u00f3 a Siquem como capital de su reino, 
pero pronto tuvo que abandonarla. En efecto, ya en los primeros a\u00f1os de 
su reinado el peligro egipcio lo oblig\u00f3 a abandonar la antigua ciudad en 
donde por primera vez Abrah\u00e1n hab\u00eda levantado un altar a Yav\u00e9 [G\u00e9n_12,7]. 
El fara\u00f3n Checonoq, despu\u00e9s de haberse apoderado de varias plazas fuertes 
del reino de Jud\u00e1, le hab\u00eda impuesto a Roboam un pesado tributo; sus 
tropas atravesaban ahora las tierras de Israel; Jeroboam, entonces, cruz\u00f3 
el Jord\u00e1n y se puso a resguardo detr\u00e1s del r\u00edo, intal\u00e1ndose en {N}Penuel.{/} 
Pasado el peligro, volvi\u00f3 a la Cisjordania, pero no regres\u00f3 a Siquem, 
sino que escogi\u00f3 a Tirsa como su capital en la monta\u00f1a de Efra\u00edn.
Un golpe de estado y el incendio del palacio real llevaron a un nuevo 
cambio de capital:  {C}Omri... rein\u00f3 doce a\u00f1os, seis de ellos en Tirsa. 
Luego compr\u00f3 a Semer el cerro de Samar\u00eda por dos talentos de plata. 
Construy\u00f3 sobre el cerro{/} [1Re_16,8] a [1Re_16,24].
La elecci\u00f3n de {N}Omri{/} era calculada: Tirsa, construida al comienzo de uno 
de los torrentes que descienden del macizo central al Jord\u00e1n, no ten\u00eda 
m\u00e1s salida que hacia los territorios semin\u00f3mades de Transjordania: hab\u00eda 
que salir de su aislamiento y apuntar a otros horizontes.
M\u00e1s poderoso y m\u00e1s rico que el reino de Jud\u00e1, Israel habr\u00eda podido tener 
una mejor suerte; pero a pesar de algunos grandes monarcas como Omri, 
{N}Acab,{/} y en los \u00faltimos decenios, {N}Jeroboam II{/}, las intrigas y los 
numerosos golpes de estado (nueve en poco m\u00e1s de dos siglos) hicieron 
imposible una pol\u00edtica coherente. Fuera de eso el reino de Israel debi\u00f3 
repeler en varias oportunidades los ataques de los arameos de {N}Damasco{/} 
que representaban una amenaza terrible a su frontera noreste.
Los libros de la Biblia, escritos o revisados totalmente en el reino 
rival de Jud\u00e1, son muy parciales cuando hablan de los reyes de Israel. No 
traicionan sin embargo la verdad cuando muestran la influencia 
preponderante de la cultura cananea y de los cultos locales con los 
{N}Baales{/} y las {N}Astart\u00e9s{/} aunque dan la impresi\u00f3n de mirar en menos a sus 
hermanos separados, los israelitas del norte. A pesar de todo atribuyeron 
un lugar destacado a las tradiciones y a los documentos que se refer\u00edan a 
los dos profetas excepcionales que hubo en ese pa\u00eds: {N}El\u00edas{/} y {N}Eliseo{/}.
{K}LAS \u00daLTIMAS HORAS{/}

Al final, el despertar de {N}Asiria{/} acarre\u00f3 la ruina del reino de Israel. 
Con Asurbanipal II el armamento hab\u00eda hecho progresos considerables, se 
pose\u00edan maquinarias para sitio capaces de conquistar las ciudades mejor 
fortificadas, la caballer\u00eda hab\u00eda reemplazado a los carros, y los 
destacamentos de arqueros y de lanceros constitu\u00edan la fuerza de la 
infanter\u00eda. {N}Peqah{/}, que reinaba entonces en el reino del norte fue lo 
bastante inconsciente como para establecer con Damasco una coalici\u00f3n 
contra {N}Teglath-Falasar{/}: eso le cost\u00f3 la mitad de su reino. Oseas, 
algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cometi\u00f3 el mismo error. El asirio {N}Salmanazar{/} V 
lo hizo arrestar, invadi\u00f3 todo el pa\u00eds y siti\u00f3 Samar\u00eda. {C}En el noveno a\u00f1o 
de Oseas, el rey de Asiria tom\u00f3 Samar\u00eda, desterr\u00f3 a los israelitas a 
Asur{/} [2Re_17,5]. El a\u00f1o 721 el reino de Israel hab\u00eda dejado de existir, 
su territorio pas\u00f3 a constituir en adelante cuatro provincias asirias: 
Meguido, Dor, Galaad y Samar\u00eda.
{K}EL REINO DE JUD\u00c1{/}

Cuando {N}Roboam{/} regres\u00f3 a Jerusal\u00e9n, huyendo de las tribus rebeldes, se 
encontr\u00f3 a la cabeza de un reino muy amputado, que iba a seguir su propio 
camino, ya como aliado o ya como enemigo de su vecino del norte, Israel. 
A diferencia de este \u00faltimo, no cambi\u00f3 nunca su capital, conservando la 
ciudad que David le hab\u00eda dado. Ese reino aparecer\u00e1 en el texto con los 
nombres de {C}Reino de Jud\u00e1{/} o Jud\u00e1, y a veces {C}Jerusal\u00e9n{/}, designando en 
esos casos la capital a todo el reino.
{K}JUD\u00c1, EL REINO DE LA PROMESA{/}

Igual que cualquier linaje real, el de David tendr\u00e1 sus grandes soberanos 
y sus monarcas lastimosos, vivir\u00e1 horas de gloria y momentos de miseria y 
de humillaci\u00f3n, pero a diferencia de cualquier otro llevar\u00e1 consigo una 
promesa divina que perdurar\u00e1 a trav\u00e9s de los siglos y que hallar\u00e1 su 
coronaci\u00f3n en el reinado universal de Jes\u00fas. Por medio de la voz del 
profeta {N}Nat\u00e1n{/}, Dios se hab\u00eda comprometido con la familia de David, y 
Dios es fiel a sus promesas: la estabilidad din\u00e1stica fue la primera 
se\u00f1al de ello. Una prueba fehaciente de esa fidelidad tuvo lugar con 
motivo del golpe de estado de la reina {N}Atal\u00eda{/} (841-835).
Hija de Acab, rey de Israel, de origen fenicio por su madre {N}Jezabel,{/} 
Atal\u00eda pens\u00f3 que hab\u00eda masacrado a todos los descendientes del rey, pero 
el m\u00e1s joven se salv\u00f3 [2Re_11,1] a [2Re_11,3]. Cuando el principito tuvo 
siete a\u00f1os el sumo sacerdote organiz\u00f3 un complot. El ni\u00f1o fue coronado y 
la abuela, condenada a muerte: la dinast\u00eda de David recuperaba sus 
derechos.
{K}JUD\u00c1 EN LOS ARCANOS DE LA POL\u00cdTICA INTERNACIONAL{/}

La promesa de Dios no impidi\u00f3 que Jerusal\u00e9n conociera todos los vaivenes 
de la historia. De regreso en Jerusal\u00e9n, luego del cisma de Siquem, 
Roboam empez\u00f3 a preparar una expedici\u00f3n contra las tribus del norte con 
el fin de ponerlas de nuevo bajo su autoridad, pero el profeta Semaya lo 
hizo entrar en raz\u00f3n: el rey renunci\u00f3 a su proyecto. Poco despu\u00e9s los 
egipcios, bajo la conducci\u00f3n del fara\u00f3n Chechonq I (950-929) emprendieron 
una campa\u00f1a contra Jud\u00e1, durante la cual el Templo y el palacio real 
fueron despojados de sus riquezas; as\u00ed qued\u00f3 al descubierto la fragilidad  
del reino . Cuando dos siglos m\u00e1s tarde los reyes de Samar\u00eda y de 
{N}Damasco{/} quisieron comprometer a Jerusal\u00e9n en una coalici\u00f3n contra 
Asiria (734), Acaz, que reinaba entonces en Jud\u00e1, oyendo los sabios 
consejos del profeta Isa\u00edas, se neg\u00f3; suerte para \u00e9l, se libr\u00f3 del 
problema pagando un fuerte tributo, pero los aliados perdieron sus 
reinos.
{K}EZEQU\u00cdAS{/}

Pero le lleg\u00f3 su hora a Asiria: mientras por un lado las amenazas 
exteriores cada vez m\u00e1s numerosas manten\u00edan en jaque a los ej\u00e9rcitos de 
N\u00ednive, por otro, las crisis de palacio hac\u00edan tambalear el poder con 
cada cambio de rey. Los reinos sometidos  y reducidos a provincias del 
imperio asirio se aprovecharon de esa coyuntura para sacudir el yugo de 
la opresi\u00f3n: los m\u00e1s activos en la rebeli\u00f3n fueron evidentemente Egipto y 
{N}Babilonia{/}. Ezequ\u00edas crey\u00f3 oportuno aliarse a los rebeldes, contando 
sobre todo con el apoyo del fara\u00f3n; pero le fue mal. {C}Senaquerib, rey de 
Asur, invadi\u00f3 Jud\u00e1, siti\u00f3 todas las ciudades fortificadas y se apoder\u00f3 de 
todas ellas. Ezequ\u00edas, rey de Jud\u00e1, mand\u00f3 decir a Senaquerib, que se 
hallaba en Laquis: He actuado mal, deja de atacarme y har\u00e9 lo que t\u00fa me 
digas. El rey de Asur impuso a Ezequ\u00edas una contribuci\u00f3n de trescientos 
talentos de plata y treinta de oro. Ezequ\u00edas, pues, le entreg\u00f3 todo el 
dinero que se hallaban en la Casa de Yav\u00e9 y en los tesoros de la casa 
real{/} [2Re_18,13] a [2Re_18,16].
{N}Senaquerib{/} (705-681) volvi\u00f3 de nuevo con la intenci\u00f3n, al parecer, de 
acabar con Jerusal\u00e9n; fue entonces cuando, el rey aconsejado por el 
profeta Isa\u00edas, se neg\u00f3 a rendirse y, Dios, respondiendo a su plegaria, 
intervino milagrosamente. Teniendo que acudir a sofocar la rebeli\u00f3n de 
Egipto, Senaquerib levant\u00f3 precipitadamente el sitio de la Ciudad Santa. 
Pero ya no iba a volver m\u00e1s al reino de Jud\u00e1; diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, sus 
dos hijos lo degollaron en N\u00ednive en el templo de su dios Nisrok.
{K}LOS PROFETAS{/}

La historia del reino de Jud\u00e1 no habr\u00eda tenido m\u00e1s que una significaci\u00f3n 
muy limitada si los cuatro siglos de su historia, desde el rey David 
hacia el a\u00f1o 1000 hasta el Exilio el a\u00f1o 587, no hubiesen sido el tiempo 
de los profetas, o al menos de los m\u00e1s grandes de ellos. Y justamente 
fueron los libros prof\u00e9ticos de la Biblia los que nos guardaron lo m\u00e1s 
significativo de esa historia. Aun cuando su testimonio y sus llamados no 
lograron detener la lenta pero inevitable decadencia del peque\u00f1o reino de 
Jerusal\u00e9n, fueron ellos en cambio los que hicieron de la alianza sellada 
en el Sina\u00ed y de las promesas de Dios una fuerza espiritual 
definitivamente enraizada en el pueblo de Israel. Sin ellos no podr\u00edan 
comprenderse los continuos regresos de Israel a la Alianza que Dios le 
hab\u00eda a la vez ofrecido e impuesto.
Las primeras manifestaciones de esa llama que permaneci\u00f3 viva en los 
peores momentos fueron la Gran Pascua de {N}Ezequ\u00edas{/} y la reforma de 
{N}Jos\u00edas{/}. Luego, ser\u00e1 la aventura extraordinaria de la vuelta del Exilio. 
Por \u00faltimo ser\u00e1 el apostolado entre los paganos, que prepar\u00f3 la 
evangelizaci\u00f3n del mundo. Pero aqu\u00ed nada mejor que leer los libros 
sagrados.
{K}LA GRAN PASCUA{/}

Era el tiempo, antes o despu\u00e9s del a\u00f1o 700, en que el profeta {N}Isa\u00edas{/} 
pronunciaba sus or\u00e1culos y no vacilaba en intervenir directamente en la 
pol\u00edtica real. Aun cuando pueda parecer que los profetas hablaban a 
menudo sin ser escuchados, \u00e9stos y sus cofrad\u00edas ejerc\u00edan una poderosa 
influencia. El segundo libro de las Cr\u00f3nicas  atribuye al rey {N}Ezequ\u00edas{/} 
una obra de reforma muy importante en el plano religioso. Y la 
manifestaci\u00f3n m\u00e1s importante de esa renovaci\u00f3n fue la Gran Pascua que 
celebr\u00f3 en Jerusal\u00e9n hacia el a\u00f1o 700. El pueblo de Jud\u00e1, a sabiendas de 
los desastres que hab\u00edan llevado a la ruina al reino de Samar\u00eda, 
comprendi\u00f3 que era necesario volver a sus or\u00edgenes. Muchos sacerdotes del 
reino del norte se hab\u00edan refugiado en Jerusal\u00e9n y tomaron parte en ese 
esfuerzo que trataba de regular toda la vida del pueblo conforme a la ley 
de Mois\u00e9s, adaptada a las circunstancias de esa \u00e9poca. Fue entonces, 
probablemente, cuando comenz\u00f3 a ser redactado el Deuteronomio, cuyo 
descubrimiento ochenta a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00eda el origen de la Reforma de 
Jos\u00edas.
Pero ese despertar religioso no dur\u00f3 m\u00e1s que algunos a\u00f1os. Luego vino el 
muy largo reinado de {N}Manas\u00e9s{/}, quien s\u00f3lo quiso seguir la pendiente m\u00e1s 
f\u00e1cil. La preponderancia de Asiria se dej\u00f3 sentir hasta en los asuntos 
religiosos y as\u00ed fue como una vez m\u00e1s las religiones importadas 
suplantaron el culto de Yav\u00e9 hasta en su mismo templo. Despu\u00e9s de \u00e9l vino 
su hijo Am\u00f3n, quien sigui\u00f3 sus pasos y acab\u00f3 siendo asesinado por los 
militares. Pero entonces, igual que en los d\u00edas de Atal\u00eda, los elementos 
m\u00e1s santos del "pueblo del pa\u00eds", es decir, los burgueses de Jerusal\u00e9n, 
pusieron en jaque a los complotadores y sentaron en el trono a un hijo 
del difunto, un ni\u00f1o llamado Jos\u00edas.
{K}LA REFORMA DE JOS\u00cdAS{/}

Despu\u00e9s de la muerte de los reyes perseguidores, los fieles despertaron 
lentamente. Un acontecimiento fortuito contribuy\u00f3 a estimular este 
despertar a\u00fan t\u00edmido: fue el descubrimiento en un rinc\u00f3n del Templo del 
Libro de la Ley, que era, en realidad, la primera edici\u00f3n del 
{N}Deuteronomio{/}. En el Libro de los Reyes se lee el relato de este 
acontecimiento que iba a ser decisivo:
Mientras se trabajaba en las reparaciones del Templo, el sumo sacerdote 
Helqu\u00edas dijo al secretario Saf\u00e1n: {C}He hallado el libro de la Ley en la 
Casa de Yav\u00e9. Despu\u00e9s Saf\u00e1n anunci\u00f3 al rey: "El sacerdote Helqu\u00edas me ha 
entregado un libro{/}". Y Saf\u00e1n ley\u00f3 el libro para que lo conociera el rey. 
Al escuchar lo que dec\u00eda el libro, el rey rasg\u00f3 sus vestidos y orden\u00f3 que 
fueran a consultar a Yav\u00e9 sobre lo que dec\u00eda este libro de la Ley 
[2Re_22,3].
Era el a\u00f1o 622. A partir de entonces, Jos\u00edas, que ten\u00eda veintiseis a\u00f1os 
de edad, se consagr\u00f3 a reformar su vida y la de su pueblo.
Aprovech\u00e1ndose de la decadencia del imperio asirio, Jos\u00edas emprende la 
reconquista del territorio de Israel que hab\u00eda pasado a ser una provincia 
asiria hac\u00eda ya cien a\u00f1os. All\u00ed destruy\u00f3 los santuarios provinciales m\u00e1s 
o menos sospechosos de sincretismos y derrib\u00f3 los \u00eddolos. Jos\u00edas reforz\u00f3 
la preponderancia del clero de Jerusal\u00e9n. Antes todos los levitas 
participaban del sacerdocio, pero, en adelante solamente los levitas de 
Jerusal\u00e9n, que eran considerados como descendientes de Aar\u00f3n, ser\u00edan 
sacerdotes como \u00e9ste, y los que fueron reinsertados despu\u00e9s de la 
eliminaci\u00f3n de los santuarios de provincias ser\u00edan simplemente levitas, 
al servicio del Templo.
{K}LA MUERTE DEL JUSTO Y LA VUELTA DE LOS REYES IMP\u00cdOS{/}

Jos\u00edas, el santo rey de la reforma, muri\u00f3 v\u00edctima de un error pol\u00edtico. 
Desde hac\u00eda mucho tiempo Israel hac\u00eda de tap\u00f3n entre Egipto y Asiria. 
Cuando Babilonia comenz\u00f3 a amenazar seriamente el poder\u00edo asirio, el 
Fara\u00f3n, preocupado por el dinamismo de esa nueva "gran potencia" quiso ir 
en auxilio de la Asiria debilitada, olvid\u00e1ndose de su hostilidad de ayer. 
Jos\u00edas no quiso que realizara su plan porque s\u00f3lo aguardaba la ruina 
definitiva de Asiria para llevar a cabo su proyecto de reunificar el 
antiguo reino de David. No ve\u00eda con muy buenos ojos una intervenci\u00f3n de 
Egipto como \u00e1rbitro de los conflictos del Cercano Oriente. El encuentro 
entre {N}Necao{/} II y Jos\u00edas tuvo lugar en {N}Meguido{/}, donde Jos\u00edas fue 
herido de muerte [2Re_23,29] a [2Re_23,30]. Corr\u00eda el a\u00f1o 609.
\u00bfC\u00f3mo hab\u00eda Dios podido permitir que muriera Jos\u00edas, el santo rey que 
hab\u00eda llevado a cabo tales reformas? Ese esc\u00e1ndalo marc\u00f3 profundamente la 
reflexi\u00f3n jud\u00eda posterior y tambi\u00e9n el anuncio del Evangelio.
Muerto Jos\u00edas, el reino no tuvo m\u00e1s orientaci\u00f3n. Su hijo Joacaz s\u00f3lo 
subi\u00f3 al trono para ser encadenado por el fara\u00f3n quien lo reemplaz\u00f3 por 
uno de sus hermanos, Joaqu\u00edn.
{K}LA RUINA DEL REINO DE JUD\u00c1{/}

Debido a su demora en Judea, el auxilio del Fara\u00f3n le lleg\u00f3 al asirio 
demasiado tarde; cuando se present\u00f3 un buen d\u00eda del a\u00f1o 605 ante 
{N}Carquemis{/} donde se hab\u00eda replegado Asur Ubalit, el \u00faltimo soberano de 
Asiria, para rejuntar los despojos de su reino, el fara\u00f3n fue barrido por 
los hombres del joven {N}Nabucodonosor{/}, que acababa de reemplazar a su 
padre Nabopolasar en el trono de Babilonia. A pesar de esa humillante 
derrota, ni los pr\u00edncipes de Egipto ni los reyezuelos que acababan de 
pasar del yugo de N\u00ednive al de Babilonia aceptaban que el prestigioso 
pa\u00eds del Nilo hubiese perdido su gloria pasada. En Jerusal\u00e9n el partido 
pro-egipcio se impone en la familia real y entre los jefes del ej\u00e9rcito, 
y los sabios tales como {N}Jerem\u00edas{/} son sospechosos de complicidad con los 
caldeos.
El inevitable drama se consum\u00f3 diez a\u00f1os despu\u00e9s. Cuando Samm\u00e9tico II 
subi\u00f3 al trono (593) se atrajo a los peque\u00f1os estados que soportaban mal 
el yugo de Babilonia: Jud\u00e1, sometido ya a un pesado tributo, form\u00f3 parte 
de los conjurados.
{K}DISPERSOS ENTRE LAS NACIONES{/}

Ante la inminencia del peligro caldeo que se hac\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s 
angustiante, muchos optaron por abandonar el pa\u00eds para irse a Egipto, 
reiniciando as\u00ed un movimiento de di\u00e1spora que hab\u00eda comenzado con la 
invasi\u00f3n del reino del norte por los asirios a fines del siglo octavo. 
Estos sucumbieron r\u00e1pidamente a la tentaci\u00f3n de asimilaci\u00f3n y de 
sincretismo; un buen ejemplo de ello fue la comunidad de Elefantina en el 
Alto Egipto. Seg\u00fan los manuscritos encontrados en la isla, se trataba de 
una colonia militar puesta all\u00ed por los faraones para defender la 
frontera sur del imperio. Desechando las prescripciones del Deuteronomio 
que hac\u00edan del Templo de Jerusal\u00e9n el \u00fanico lugar de culto de Israel, 
esos jud\u00edos refugiados en Egipto edificaron un templo donde veneraban  
adem\u00e1s de Yav\u00e9 a otras divinidades como Eschem-Betel, Herem-Betel, o 
Anat-Betel. Pero eso nos les impidi\u00f3 seguir celebrando las grandes 
fiestas tradicionales de Israel. Desarraigados de su pueblo, desprovistos 
de un verdadero apoyo para su fe, esos colonos fueron absorbidos por el 
paganismo que los rodeaba y sus huellas desaparecen en los primeros a\u00f1os 
del cuarto siglo a.C.
