{N}1,{/}2 El texto dice: "testimonio (o declaraci\u00f3n) de Jesucristo". Esa expresi\u00f3n designa aqu\u00ed a los mensajes dados por los profetas de la Iglesia (19,10). Juan considera pues a este "apocalipsis" como el fruto del esp\u00edritu de profec\u00eda que le fue dado. Por eso, aun conociendo que el apocalipsis es un g\u00e9nero literario que obedece a determinadas reglas y recurre a im\u00e1genes convencionales, sabemos que la inspiraci\u00f3n es prof\u00e9tica. Es mucho m\u00e1s que una composici\u00f3n literaria y la diferencia resalta cuando se lo compara con otros apocalipsis de ese tiempo -incluso con las partes apocal\u00edpticas de Daniel 10-12. La Iglesia no se equivoc\u00f3 cuando habl\u00f3 muy pronto del apocalipsis de Juan el Profeta sin saber demasiado si era el mismo Juan ap\u00f3stol.

{N}1,{/}6 La Iglesia es el "resto de Israel", a ella se aplican pues prioritariamente esos calificativos que Dios atribu\u00eda a su pueblo particular cuando hac\u00eda la alianza con \u00e9l (Ex 19,6).

{N}1,{/}8 {C}El Se\u00f1or del Universo{/}. La palabra griega podr\u00eda tambi\u00e9n traducirse como el Todopoderoso. Pero en la biblia griega que usaba la Iglesia esa palabra aparec\u00eda siempre como la traducci\u00f3n de Sabaot: el Dios Sabaot es el Dios de los ej\u00e9rcitos, no tanto de los ej\u00e9rcitos de Israel como de los ej\u00e9rcitos del cielo y de la tierra (Sal 148,2), es decir, de todas las criaturas que llenan el universo.

{N}1,{/}9 Aqu\u00ed el {C}testimonio de Jes\u00fas{/} parece ser el mensaje de Jes\u00fas: A Juan no le gusta citar a Dios sin poner en paralelo a Jes\u00fas, exactamente igual como lo hace Pablo con las palabras Dios y Se\u00f1or.

{N}5,{/}8 Los \u00e1ngeles presentan las oraciones de los santos. Juan no hace m\u00e1s que retomar la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento: Tob 11,12. A lo mejor Jes\u00fas pensaba en ello cuando en Mt 18,10 hablaba de los \u00e1ngeles de los "peque\u00f1itos".

{N}5,{/}9 Los antiguos manuscritos tienen textos discordantes. Muchos tienen: "T\u00fa nos adquiriste para Dios de toda tribu y naci\u00f3n..." Todo el texto da a entender que los que figuran en esta escena son los actores del Antiguo Testamento, y aclaman al Cordero cuando ocupa su lugar en el Cielo inmediatamente despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n. Y lo glorifican porque a\u00f1adi\u00f3 a los elegidos de Israel, ya adquiridos por Dios con la Alianza del Sina\u00ed, a esos numerosos pueblos que van a entrar en la Iglesia y que ser\u00e1n junto con ellos reyes y sacerdotes (Ex 19,6).

{N}6,{/}1 Una vez m\u00e1s se ve que la cifra 7 se descompone en 4 y 3; 4 es la cifra de la tierra, y 3 la del Cielo( igual como en las peticiones del Padre Nuestro). Cuatro caballos para los factores terrestres de la historia, y tres elementos celestiales: las almas de los m\u00e1rtires, los astros del cielo, y en 8,1, la decisi\u00f3n del Juicio.

{N}7,{/}4 No hay explicaci\u00f3n para esta lista de las doce tribus que tiene un doblete (Manas\u00e9s formaba parte de la casa de Jos\u00e9) y que olvida a Dan). La lista var\u00eda seg\u00fan los lugares de la Biblia en que la encontramos: v\u00e9ase la nota a Gen 48,1.

{N}8,{/}1 Hay que reconocer que esos cap\u00edtulos 8 y 9 plantean un serio problema a los que tratan de encontrar un orden cron\u00f3logico en este libro. Dejemos a un lado los Mensajes a las Iglesias de los cap\u00edtulos 2 y 3. Es evidente que los cap\u00edtulos 4-7 se desarrollan en el mundo del Antiguo Testamento y que el Cordero tiene la clave de esta historia; ella concluye o mejor se abre en una multitud de elegidos de todas las naciones que vienen de la gran persecuci\u00f3n.
Por otro lado es tambi\u00e9n evidente que el cap\u00edtulo 10 inaugura la historia de la Iglesia a partir de la venida del Hijo a este mundo. Y luego el libro se centrar\u00e1 en el testimonio de los cristianos en el Imperio hasta la destrucci\u00f3n de \u00e9ste (19,10). Del 19,11 al 20,10 tenemos una evocaci\u00f3n de los tiempos que vendr\u00e1n. Luego en 20,11 viene el Juicio final seguido de la Jerusal\u00e9n celestial: cap. 21-22.
\u00bfQu\u00e9 significan entonces estos cap\u00edtulos 8 y 9 que presentan una serie de pruebas, que no son las \u00faltimas (9,20) sino m\u00e1s bien el pre\u00e1mbulo del juicio: invasi\u00f3n de los poderes infernales, desencadenamiento de los flagelos de la violencia y de la guerra, y todo eso sin que se conviertan los pecadores? Al parecer este cuadro, a\u00fan tomando en cuenta sus colores apocal\u00edpticos, expresa algo m\u00e1s que la tragedia jud\u00eda de los a\u00f1os 66-70 de la que hab\u00eda sido testigo Juan, y sobre todo el p\u00e1rrafo 9,20 s\u00f3lo se dirige a las naciones paganas. Lo m\u00e1s probable es que tengamos en estos cap\u00edtulos 8-9 el final de un primer cuadro, que comienza en el cap\u00edtulo 4. En este Juan no va m\u00e1s all\u00e1 de la entrada de los elegidos y bautizados de todas las naciones en la historia del pueblo de Dios. Luego deja en blanco un porvenir que ignora, un intervalo de a\u00f1os o de siglos simbolizado por el silencio de una media hora (8,1) y en estos dos cap\u00edtulos pasa directamente a las grandes pruebas que anteceden el juicio.
Luego, en el cap\u00edtulo 10, comienza un nuevo cuadro de su Apocalipsis con la venida del Verbo de Dios al mundo. Sin preocuparse m\u00e1s por las ra\u00edces jud\u00edas de la Iglesia, Juan se vuelve hacia el porvenir y la muestra enfrentada al mundo de los paganos, hasta las grandes pruebas que preceden al juicio. Estas son descritas en 19,11 y 20,1 con im\u00e1genes diferentes a la primera parte. Es entonces cuando se juntan las dos grandes visiones y desembocan en la Jerusal\u00e9n celestial.

{N}8,{/}3 Fij\u00e9monos en esa preparaci\u00f3n del Juicio que toma la forma de una liturgia: incienso y trompetas sagradas.

{N}9,{/}21 Una clasificaci\u00f3n de las grandes formas del mal: primero la idolatr\u00eda con el culto de objetos que salieron de la mano del hombre; luego el crimen, la magia, la inmoralidad sexual y el robo. Al final del libro, en 22,15 se los volver\u00e1 a encontrar bajo una forma bastante semejante, pero el robo ser\u00e1 reemplazado por la mentira que Juan denuncia muy especialmente en su primera carta y en el Apocalipsis.

{N}12,{/}1 {N}LA MUJER Y EL DRAGON{/}
Esa visi\u00f3n de la mujer retoma el sol, la luna y las estrelas del sue\u00f1o de Jos\u00e9 en Gen 37,9, pero el rol del sol y de la luna llevan inmediatamente a pensar en la mujer del Cantar 6,10. En el G\u00e9nesis se trataba de Jos\u00e9 en medio de sus hermanos, en el Cantar era Israel en medio de las naciones (ve\u00e1se las l\u00edneas precedentes del Cantar en 6,8-9). Aqu\u00ed parece que la mujer es el centro de la creaci\u00f3n. El cap\u00edtulo se presenta como una continuaci\u00f3n de Gen 3,15 pero sin ignorar al Emmanuel ni a su madre en Is 7,14 (y Mi 5,2).
Este cap\u00edtulo es uno de aquellos que dan a entender la mezcla de diferentes piezas, de ah\u00ed que se han imaginado muchas soluciones para reorganizarlo y para encontrar los elementos originales; la multiplicidad de esos ensayos demuestra que ninguno se ha impuesto. Este cap\u00edtulo, al igual que el primer cap\u00edtulo de los Efesios, se divide en dos tiempos: primero lo que pasa en el plano eterno de Dios, luego su realizaci\u00f3n en la tierra; esto est\u00e1 muy de acuerdo con la visi\u00f3n de la historia que tienen las apocalipsis.
{N}1-2{/} La mujer y la Encarnaci\u00f3n en el centro del plan de Dios sobre el universo.
{N}3-4a{/} La presentaci\u00f3n del drag\u00f3n, \u00e1ngel poderoso. Se dice que \u00e9l provocar\u00e1 la rebeli\u00f3n en la esfera celeste, pero no que \u00e9sta tenga lugar en ese momento.
{N}4b-6{/} El drag\u00f3n decidi\u00f3 devorar al hijo de la mujer, y Dios interviene: el hijo ser\u00e1 se\u00f1or de las naciones, aun cuando la mujer tenga que vivir en el desierto (como la madre del Emmanuel).
{N}7-9{/} Divisi\u00f3n del mundo de los esp\u00edritus y expulsi\u00f3n de los malvados.
{N}10-12{/} El coro (en el sentido de la tragedia antigua) alaba las decisiones de Dios.
{N}13-18{/} Se pasa a las consecuencias de esta crisis en el tiempo y en la historia. La que est\u00e1 en juicio es la Iglesia, al d\u00eda siguiente de la Resurrecci\u00f3n. Pero es dif\u00edcil interpretar el r\u00edo que el drag\u00f3n vomita detr\u00e1s de la mujer. En 17-18 se vuelve a las persecuciones en contra de los cristianos en el Imperio, a los que Juan se dirige.
Si quisi\u00e9ramos ahora precisar el sentido de la visi\u00f3n, habr\u00eda que reubicarla en el libro. V\u00e9ase al respecto la nota puesta en 8,1. La visi\u00f3n de los dos testigos, en el cap. 11, es la evangelizaci\u00f3n y el llamado a la conversi\u00f3n a lo largo de toda la historia. Ahora, la visi\u00f3n de la Mujer y del Drag\u00f3n presenta a los protagonistas de la lucha que ocupar\u00e1 los cap\u00edtulos siguientes. La Mujer es la humanidad desposada con Dios. No digamos que es la Iglesia, porque ella estaba all\u00ed antes de Cristo y ella es quien lo da a luz, pero en cada \u00e9poca se identifica con el pueblo salvado. Antes de Cristo, ella era la esposa del Cantar, aguardando ansiosa la visita de su Rey. Luego, ella constituye una sola cosa con sus hijos que, ahora, son los del Evangelio, testigos y profetas de Jes\u00fas; porque en la cultura hebrea los hijos de... sean de Ad\u00e1n, de Belial o de los profetas designan a una colectividad que constituyen una sola cosa con el padre legendario al que est\u00e1n vinculados. 
Aqu\u00ed Juan conserv\u00f3 su lenguaje, pero hay un elemento nuevo: la madre de Jes\u00fas es una persona concreta, y de repente la Mujer sale del mundo de los s\u00edmbolos para encarnarse en Mar\u00eda.
Si Juan reconoce en Mar\u00eda a la Mujer, tanto en Can\u00e1a como en el calvario, es tambi\u00e9n muy leg\u00edtimo conservar aqu\u00ed esa identificaci\u00f3n. Y al contrario ser\u00eda un error pensar que la se\u00f1al impresionante sea una manera de designar de un modo exclusivo a tal persona o cual comunidad que Juan ten\u00eda en la cabeza: la profec\u00eda da una se\u00f1al que abarca la totalidad del tiempo, y luego Juan la aplica, o nosotros la aplicamos, con m\u00e1s o menos acierto, a los acontecimientos y a las personas que se ubican en la l\u00ednea indicada. La figura de la Mujer en el centro del Apocalipsis es extremadamente importante porque, aunque la Biblia est\u00e9 casi totalmente dominada por el punto de vista de los hombres y te\u00f1ida de experiencias vividas s\u00f3lo por hombres, uno de los rasgos dominantes de la revelaci\u00f3n cristiana, y lo que da su identidad a la fe, es concebir toda la relaci\u00f3n de los hombres con Dios como la preparaci\u00f3n de un matrimonio grandioso. El Cantar y la se\u00f1al de la Mujer expresan lo que est\u00e1 en el coraz\u00f3n de toda la revelaci\u00f3n prof\u00e9tica. De igual manera es verdad que cuando la Iglesia defiende la predestinaci\u00f3n de Mar\u00eda, su virginidad perpetua y su presencia en toda la obra de la salvaci\u00f3n, ella reafirma uno de los rasgos esenciales del Dios de la Biblia: no reconocer los privilegios de Mar\u00eda es no volver a encontrarse con Dios \u00fanicamente, es adulterar el rostro que Dios ha querido darse a s\u00ed mismo.
Pero es un hecho tambi\u00e9n que en nuestro siglo la piedad mariana ha invadido muchos dominios de los cuales estaba antes ausente. En los siglos pasados, la misma fe y la misma visi\u00f3n de Dios y de Cristo-Esposo se apoyaban en convicciones y en una piedad diferentes. Una pl\u00e9yade de enamorados se han vuelto a encontrar en la Esposa del Cantar, viendo totalmente en ella ante todo la figura de la Iglesia: se sab\u00edan parte importante del misterio y de la predestinaci\u00f3n de Dios. La identificaci\u00f3n de Mar\u00eda con la Mujer no deber\u00eda ser ahora una manera m\u00e1s de subestimar nuestra propia vocaci\u00f3n y el amor \u00fanico en el cual nos ha conocido el Padre. Jes\u00fas invit\u00f3 a sus ap\u00f3stoles a creer que estaban en el centro del plan de Dios, m\u00e1s que envidiar a los m\u00e1s grandes santos del pasado y vivir por medio de personas interpuestas.

{N}12,{/}18 Los textos antiguos se dividen. Algunos leen: "Se detuvo", y lo juntan con el vers\u00edculo 17. Otros leen: "Me detuve", y lo ligan con la visi\u00f3n siguiente.

{N}14,{/}14 Ese Hijo de Hombre quiere seguramente recordarnos al Cristo juez, pero Juan rechaza todo lo que podr\u00eda ser interpretado como un Juicio al estilo de Miguel Angel: Jes\u00fas no aparecer\u00e1, y ser\u00e1 reemplazado por un \u00e1ngel.

{N}16,{/}1 Las siete copas son como una nueva versi\u00f3n de las siete trompetas de los cap\u00edtulos 8 y 9. Se encuentra aqu\u00ed de nuevo el agua convertida en sangre, la intervenci\u00f3n en el Eufrates, la invasi\u00f3n de los esp\u00edritus diab\u00f3licos... Y de nuevo, los castigos divinos son presentados bajo la forma de una gran liturgia. Pero aqu\u00ed todo se concentrar\u00e1 en la Gran Ciudad.

{N}20,{/}7 {N}PROFECIAS{/}
Observamos aqu\u00ed un brusco cambio de velocidad de la visi\u00f3n prof\u00e9tica. Juan habl\u00f3 ampliamente de la idolatr\u00eda romana y de las persecuciones del poder totalitario, luego, con el cap\u00edtulo 20 entramos en los tiempos que siguen y Juan ve en ellos aparentemente s\u00f3lo la dicha de la paz recuperada. La bestia totalitaria y el falso Cristo -instituciones m\u00e1s que personas- han sido enviados al fuego eterno y los agentes de Satan\u00e1s han sido eliminados pura y simplemente (19,21). S\u00f3lo despu\u00e9s de esos mil a\u00f1os de paz resumidos en algunas l\u00edneas el demonio se pone a trabajar nuevamente; en dos p\u00e1rrafos la gran revuelta (Pablo hablar\u00e1 de la apostas\u00eda en 2 Tes 2,3) es dominada y la historia se termina con el demonio que es enviado nuevamente al infierno.
Hallamos aqu\u00ed lo que ya se notaba en los profetas del Antiguo Testamento: la profec\u00eda ve en los acontecimientos del momento una presencia anticipada del Juicio, pasa por encima de todo lo que tienen de positivo y s\u00f3lo quiere mostrar  lo que en ellos clama por una intervenci\u00f3n de Dios. Luego todo el tiempo que transcurrir\u00e1 entre el fin del sistema actual condenado y el fin de la historia no es m\u00e1s que un gran enga\u00f1o: el profeta no estaba all\u00ed para describir de antemano el desarrollo de la historia.
Hay una continuidad entre la profec\u00eda del Antiguo Testamento y la profec\u00eda cristiana. Aun cuando la revelaci\u00f3n se concluye, y de manera definitiva, con el Apocalipsis, el carisma prof\u00e9tico no se extingue sin embargo. Muchas personas actualmente se vuelven hacia los mensajes celestiales, tanto m\u00e1s numerosos cuanto m\u00e1s se ha agrandado el mundo y cuanto m\u00e1s las revoluciones en curso hayan echado abajo nuestras certezas. Sea cual fuere la parte de credulidad y de ilusi\u00f3n en los mensajes celestiales que florecen un poco por todas partes, ser\u00eda muy injusto menospreciar todas esas advertencias; a menudo provienen de profetas cuyo carisma es dif\u00edcil de recusar. La mayor parte del tiempo no hacen m\u00e1s que repetir de manera intensiva, con im\u00e1genes que impactan nuestra imaginaci\u00f3n y que llevan al convencimiento, los llamados del Evangelio a la conversi\u00f3n y la inminencia del juicio de Dios de los sistemas idol\u00e1tricos que nos aprisionan. Aun cuando su mensaje no aporte nada m\u00e1s que lo que hallamos en la Escritura le\u00edda con fe, esas profec\u00edas no son in\u00fatiles, porque tocan a los que la Iglesia o las circunstancias no les han permitido entrar en la Biblia.
No se trata pues de ignorar la profec\u00eda cristiana de nuestro tiempo desde el sitial de nuestra ciencia teol\u00f3gica, a menudo muy racionalista; el Esp\u00edritu y los esp\u00edritus son tan necesarios como los prelados en la vida de la Iglesia, incluso si tocan el monopolio de la autoridad. Pero, hay que aplicarles, eso s\u00ed, los criterios de la Biblia. Debi\u00e9ramos escuchar las advertencias, prestar atenci\u00f3n a las se\u00f1ales pr\u00f3ximas que se nos presentan; pero, en cambio, todo lo que, en esos mensajes, quisiera reense\u00f1arnos lo que suceder\u00e1, debe ser atribuido a la ilusi\u00f3n y a las limitaciones humanas del profeta y no al Esp\u00edritu de Dios.

{N}22,{/}3 {N}LA SALVACION DE LOS NO CRISTIANOS{/}
\u00bfEl Nuevo Testamento, palabra definitiva, no nos debiera decir c\u00f3mo se salvar\u00e1n los que no han conocido al Unico Salvador? Pero no lo hace, y el Apocalipsis que concluye al libro, s\u00f3lo nos habla de una lucha sin cuartel de las potencias del mal, instaladas en todas las esferas de la sociedad, contra la Iglesia naciente. En ning\u00fan momento menciona a los inumerables no cristianos que no han sido, ni los testigos de la palabra, ni los instrumentos del mal.
Y lo mismo ocurre en las cartas de Pablo: los no cristianos son {C}los de afuera{/}; son un {C}mundo {/}en el cual el esp\u00edritu malo act\u00faa libremente. Incluso el texto de 1Tim 2,4 ({C}Dios quiere que todos los hombres se salven{/}...) ignora nuestra cuesti\u00f3n, porque s\u00f3lo se refiere a la voluntad divina de hacer llegar a todos los hombres el mensaje de salvaci\u00f3n.
Ignorar hasta tal punto a los que constituyen la inmensa mayor\u00eca podr\u00eda hacer del cristianismo un mensaje sectario: ya dijimos una palabra sobre ese "fuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n" a prop\u00f3sito de Mc 16,16. No debemos sin embargo sorprendernos: los libros del Nuevo Testamento iban dirigidos a peque\u00f1as comunidades cuyo universo se limitaba al mundo grecorromano y cuyos problemas no iban m\u00e1s all\u00e1 de su ciudad. All\u00ed estaba el combate para esos cristianos a menudo mal vistos o perseguidos: hab\u00eda que decirles que de su fidelidad depend\u00eda la salvaci\u00f3n del mundo.
Nada, sin embargo, justifica en el Evangelio una discriminaci\u00f3n con respecto a los que no recibieron la revelaci\u00f3n b\u00edblica: veamos c\u00f3mo act\u00faa Jes\u00fas con los no Jud\u00edos en Mc 7,24-8,10. Y del mismo modo la par\u00e1bola del Juicio final (Mt 25,31) no hace ninguna distinci\u00f3n entre creyentes y no creyentes. Eso es suficiente para llevarnos a replantear el problema de la salvaci\u00f3n de los que no han recibido la fe. La cuesti\u00f3n por lo dem\u00e1s no consiste ahora en saber si Dios tiene el esp\u00edritu lo bastante amplio como para interesarse en "los de afuera", sino en comprender c\u00f3mo dispuso El la historia humana de manera que todos sean salvados por el \u00fanico Salvador, pero que s\u00f3lo una minor\u00eda deba conocer al Hijo hecho hombre. \u00bfPor qu\u00e9 vocaciones tan opuestas: conocer o no la gran manifestaci\u00f3n divina? Si creemos que Dios act\u00faa con una generosidad sin l\u00edmites y sin distinci\u00f3n de personas, \u00bfc\u00f3mo podemos ver en eso una obra digna de \u00e9l?
A muchos cristianos, hoy, les gustar\u00eda pensar que solamente el lenguaje y la cutura nos separan de aquellos que no comparten nuestra fe, que la diversidad religiosa nace de nuestras limitaciones y que la verdad debe ser encontrada m\u00e1s all\u00e1 de los diferentes credos. est\u00e1n abiertos a las espiritualidades orientales o inmersos en nuestra cultura liberal, existe la gran tentaci\u00f3n de negar las diferencias y de remitirlo todo al terreno de las religiones comparadas. La revelaci\u00f3n cristiana se opone a ese tipo de concesiones: aun cuando aceptemos que haya otras revelaciones de Dios y que otras religiones se apoyen en profetas que no son los nuestros, pero que debemos respetar, el Hijo es \u00fanico as\u00ed como Dios es uno. Sin embargo, sin renegar de la unicidad de la salvaci\u00f3n cristiana, podemos ampliar nuestra visi\u00f3n tradicional: bastar\u00eda con poner en evidencia  no una afrenta sino un desaf\u00edo de las sabidur\u00edas no cristianas con la del pueblo de Dios. Durante siglos se ha querido tranquilizarse rebajando esas otras sabidur\u00edas y religiones: no son m\u00e1s que balbuceos humanos all\u00ed donde Dios nos da la plena luz. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 no reconocer que hay all\u00ed dos caminos igualmente queridos por Dios, aunque el Esp\u00edritu del mal ha sembrado all\u00ed toda clase de confusi\u00f3n y de espejismos?
No podemos dudar de nuestra vocaci\u00f3n privilegiada, pero tampoco podemos concluir que Dios mide los dones que concede a los otros y que los salva de sobra. Dios salva a unos manifest\u00e1ndose y a otros dej\u00e1ndolos que busquen (He 17,27); lo que aqu\u00ed nos parece una contradicci\u00f3n es de hecho una exigencia absoluta de la santidad de Dios. Porque Dios no se puede descubrir sin quedar al mismo tiempo oculto, El no puede prometer y comprometer alguna parte sin hundirse inmediatamente en el misterio o, si preferimos, hundirnos en nuestra condici\u00f3n de criatura.
Hablar del Dios Santo es confesar que tenemos una conciencia aguda no tanto de lo que El es sino de su acci\u00f3n siempre imprevisible. Los acontecimientos que vivimos, con su buena dosis de tragedias y de esc\u00e1ndalos, se nos presentan entonces como un juego divino: vemos que se desarrollan en un fondo de realidad donde no hay m\u00e1s que el misterio de la libertad divina. {C}Nuestro Dios es un fuego devorador{/}, y nosotros quedamos sin poder hacer nada frente a las iniciativas y a la exuberancia de sus riquezas inalcanzables, a menudo terribles, las que pueden aplastarnos con nuestra sabidur\u00eda.
El Dios Santo ha querido la cosa m\u00e1s inconcebible para la raz\u00f3n humana: hacer que seres creados vuelvan a El en su eternidad. Asumi\u00f3 en eso riesgos sorprendentes: \u00bf qu\u00e9 pueden y qu\u00e9 deben conocer de Dios? \u00bfQu\u00e9 experiencias deben efectuar en el curso de su existencia tan limitada en el tiempo, qu\u00e9 deben adivinar del Ser superior del cual provienen para que su vida presente sea un preludio de la eternidad? \u00bfQu\u00e9 traumatismos son necesarios para prepararlos para esa metamorfosis?
El ap\u00f3stol Santiago sostiene que en Dios no hay tinieblas y que en El todo es luz. Pero esa luz no es la nuestra y nos encegue. \u00bfQu\u00e9 creyente, al salir de la oraci\u00f3n, no se encuentra de pronto perturbado por una desgracia imprevista? \u00bfC\u00f3mo pudo Dios permitir eso...? Vayamos m\u00e1s lejos: no ha habido nunca un amigo de Dios, a quien se ha revelado m\u00e1s all\u00e1 de las normas comunes, que no haya tenido que pasar por tiempos de prueba interior, a veces terrible, donde pareciera que todo lo que ha experimentado no fue m\u00e1s que un sue\u00f1o. Porque Dios no puede revelarse sin que nujestras palabras, y luego nuestras exsperiencias traicionen su verdad.
Ese misterio de una luz que se da y que se niega est\u00e1 en lo m\u00e1s profundo de la obra de salvaci\u00f3n. Las tensiones que en Dios mismo se anudan y concluyen en la unidad, son la raz\u00f3n \u00faltima de las contradicciones inscritas en el plan de salvaci\u00f3n con sus diversos caminos: la mayor\u00eda de los hombres emprender\u00e1 la b\u00fasqueda de Dios por cuenta propia, aun cuando Dios se reserve el intervenir discretamente; pero otros son elegidos para ser su pueblo y recibir su propio testimonio. Vivir\u00e1n otras experiencias y ser\u00e1n los testigos de una sabidur\u00eda divina ignorada por los que no han sido llamados. Y as\u00ed es como el Dios santo salva la historia humana, utilizando tanto su mano izquierda como la derecha, tanto su cara luminosa como su cara oscura.
Dios previ\u00f3 que la mayor\u00eda de los hombres no conocieran a su Salvador durante su vida terrena, porque eso es bueno y necesario. Pero no digamos que por eso son menos amados: Dios ama a cada uno y a cada una con un amor total que ser\u00e1 capaz de transfigurarlos en todas sus dimensiones cuando llegue la hora. Y cuando llegue esa hora, nadie se quejar\u00e1 de haber hecho su camino sin el peso y las riquezas de la revelaci\u00f3n, porque las flaquezas que fueron nuestra parte en la tierra aparecer\u00e1n como los instrumentos del amor particular que Dios nos tiene desde su eternidad. Y en esos inumerables hijos e hijas de Dios que en la tierra no son su pueblo, El sabe elegirse buenos amigos.
Pero Dios quiso manifestarse a un pueblo al que ha hecho suyo, porque eso tambi\u00e9n es  bueno y necesario. El llamado a Abrah\u00e1n primero, el llamado a creer en Cristo despu\u00e9s, hicieron nacer un pueblo, no superior a los dem\u00e1s, sino diferente. Ese pueblo es realmente privilegiado porque Dios se dio a s\u00ed mismo. No s\u00f3lo lo conocemos, sino que nos ejercitamos desde ya en lo que ser\u00e1 la vida de todos en la eternidad, la relaci\u00f3n de amor mutuo en la ternura y en la fidelidad. Y ese pueblo desempe\u00f1a una funci\u00f3n esencial en la historia humana aunque haya escrito muchas p\u00e1ginas poco brillantes. Entre los que han experimentado las riquezas dell amor de Cristo, \u00bfqui\u00e9n dudar\u00e1 en decir que ha recibido la mejor parte? \u00bfHabr\u00eda por tanto que decir que ese privilegio inmerecido nos da una superioridad sobre los que no fueron llamados? San Pablo respondi\u00f3 a esa interrogante en su carta a los Romanos cap. 3.
Es el momento de mirar m\u00e1s de cerca la contrapartida del don de Dios. Si la revelaci\u00f3n de la Biblia nos ofreciese plena seguridad e hiciese de nosotros ejemplos de virtud, podr\u00edamos hablar de desigualdad. Pero es el Dios Santo el que nos ha acercado a El, y nosotros vamos a quemarnos en el fuego de su santidad. \u00bfQui\u00e9n soportar\u00e1 el peso del primer mandamiento: "Amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas?" \u00bfY qui\u00e9n actuar\u00e1 mejor que esos ap\u00f3stoles a los que Jes\u00fas reprochaba a cada rato su falta de fe? La historia b\u00edblica es la de una larga lista de rebeliones y de incomprensiones que contin\u00faan en la historia de la Iglesia. Jes\u00fas dio a entender que los salvados, en el sentido que El da al t\u00e9rmino, son muy pocos. El pueblo elegido es m\u00e1s que cualquier otro un pueblo de pecadores, y aqu\u00ed se restablece el equilibrio (Mal 1,11-12). 
Aunque es pecador, el creyente quisiera compartir con todos las riquezas de su fe (2Cor 5,14). Pero hay un l\u00edmite que no podemos pasar: Dios no nos ha consultado para ofrecerle a cada cual su destino y sufriremos a menudo al ver que Dios mantiene a los que amamos en caminos en los que Cristo est\u00e1 ausente (Rom 9,3).
No terminaremos jam\u00e1s de hacer la s\u00edntesis del camino cristiano y de los otros caminos, aunque del otro lado haya algunos que piensan que la hicieron, porque en la base de la revelaci\u00f3n est\u00e1n las palabras {C}elecci\u00f3n {/}y{C} gracia{/}. No hablar de la elecci\u00f3n, ser\u00eda renegar de toda la historia b\u00edblica. Y esa elecci\u00f3n est\u00e1 confirmada por la palabra {C}gracia{/ que \u00fanicamente la fe cristiana pone en el centro de nuestras relaciones con Dios. Pero \u00bfpara qu\u00e9 quisi\u00e9ramos edificar a todo costo una s\u00edntesis o realizar la unidad antes de que venga el d\u00eda de Dios? Lo que cuenta no es lo que se ha podido levantar aqu\u00ed abajo. Deber\u00edamos m\u00e1s bien preguntarnos si los dos caminos, tanto el camino en que Dios se revela como aquel otro en que se va caminando a tientas, no son igualmente necesarios para que al fin las riquezas del amor de Dios puedan ser plenamente reconocidas: ver en Rom 15,8.

