{N}1,{/}3 Todas las palabras de este p\u00e1rrafo deber\u00edan ser comentadas: ellas nos manifiestan a la vez la esperanza y la experiencia espiritual de los reci\u00e9n bautizados cuando empezaban a arreciar las persecuciones.
{C}La alegr\u00eda{/} (vv. 6 y 8). Tenemos aqu\u00ed un verbo muy poco empleado en el Nuevo Testamento, nada cl\u00e1sico, que deber\u00eda traducirse por \u00absentirse en la gloria\u00bb. Es la misma palabra que se encuentra cuando Mar\u00eda dice que su esp\u00edritu se estremece de alegr\u00eda (Lc 1,47), y cuando Jes\u00fas se llena del gozo del Esp\u00edritu Santo (Lc 10,21). Es la alegr\u00eda de los perseguidos en las bienaventuranzas (Mt 5,12), en esta carta (4,13) y el d\u00eda del juicio (Ap 19,7). La alegr\u00eda en el sufrimiento y en las contradicciones que ser\u00e1 siempre considerada como uno de los m\u00e1s grandes favores del Esp\u00edritu y de las que m\u00e1s dan el \u00abgusto\u00bb de Dios.
{C}Una esperanza viva.{/} Se sabe que el mundo griego se burlaba de la esperanza, la dejaba para los simples, al no ver en ella m\u00e1s que meras ilusiones pronto o tarde desmentidas por la realidad. La experiencia cristiana, ya presente desde el bautismo, est\u00e1 ligada a la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo, una fe que es mucho m\u00e1s que una simple opini\u00f3n porque el Esp\u00edritu da su intuci\u00f3n a nuestro propio esp\u00edritu. El Cristo vivo es una esperanza viva. De igual modo Juan habla del pan vivo (Jn 6,51), y la carta a los Hebreos, de un camino vivo (10,20).
{C}La herencia celestial, ese tesoro que no perece ni se echa a perder y que no se deshace con el tiempo.{/} {C}Que no perece,{/} la palabra griega es "incorruptible". Que no perece: la palabra dice justamente: que no se marchita, que no decae. Estas tres palabras marcan la oposici\u00f3n entre lo que pasa y no pasa. Ya estaba en las advertencias de Jes\u00fas relativas al dinero y a la pobreza voluntaria (Mt 6,19; Lc 16,9; 18,22); se trata de apostar por lo que es verdadero y permanece. Aqu\u00ed, el acento es algo diferente. La Iglesia ha entrado en el mundo griego, para quien las cosas materiales y terrenas son una simple copia material de realidades m\u00e1s altas que subsisten en un mundo espiritual invisible. Esta {C}herencia{/} ofrecida a los nuevos bautizados es un mundo espiritual del que hablan los sabios, que las \u00abreligiones mist\u00e9ricas\u00bb entonces de moda promet\u00edan a sus adeptos, pero que para ellos es una renovaci\u00f3n interior ya experimentada.
{C}Al tener ya ahora eso mismo que pretende la fe, la salvaci\u00f3n de sus almas.{/} Aqu\u00ed entra en el vocabulario cristiano una expresi\u00f3n que  se impondr\u00e1 con el tiempo, pero que nuestro siglo ha criticado duramente: la \u00absalvaci\u00f3n de las almas\u00bb.
Se sabe que en hebreo la palabra que se traduce habitualmente por \u00abalma\u00bb tiene ante todo el sentido de "soplo de vida". Designa la vida, los sentimientos afectivos, y con frecuencia la misma persona. Mi alma llora: yo lloro. En todo el evangelio solo se encuentra en Mt 10,28, donde Jes\u00fas opone cuerpo y alma. En las dem\u00e1s partes, el alma designa a la persona, y Jes\u00fas nos invita a perder nuestra alma, a dejarla que se deteriore, si queremos encontrarla, es decir, encontrarnos o realizarnos como personas en el mundo de Dios. 
En las ep\u00edstolas la palabra {C}alma{/}, vertida al griego por \u00abpsych\u00e8\u00bb, designar\u00e1 en general el esp\u00edritu humano, y especialmente su parte inferior, su psicolog\u00eda, dir\u00edamos nosotros. Porque lo mejor de nosotros mismos no es esta alma, com\u00fan con los animales, sino el esp\u00edritu.
Pero aqu\u00ed, {C}la salud de las almas{/} expresa en t\u00e9rminos griegos la esperanza ofrecida a cristianos que tendr\u00e1n que sacrificar sus vidas para permanecer fieles. La vida presente no lo es todo. Tampoco es lo m\u00e1s importante el cuerpo, ni la felicidad que se busca en esta vida, ni la integridad f\u00edsica, ni el desarrollo que da el acceso a la cultura. Hay un interior de la persona humana que es lo esencial:  en esta alma es donde se inscribe toda nuestra historia y la que entrar\u00e1 en el mundo de la eternidad. Un detalle: nosotros escribimos {C}la salvaci\u00f3n de sus almas{/} porque tal es el sentido, pero el griego, le\u00eddo palabra por palabra, dice: "el fin de vuestra fe, la salud de las almas".
Volveremos a encontrar la expresi\u00f3n {C}sus almas{/} en Sant 1,21 y 5,1. Las {C}almas{/} ser\u00e1n asimismo lo que subsiste de nosotros despu\u00e9s de la muerte en Ap 6,9 y 20,4.
A partir de aqu\u00ed que se ha desarrollado con frecuencia una visi\u00f3n pesimista del mundo, que invitaba a despreciar no s\u00f3lo el placer, sino tambi\u00e9n los valores terrenos y a desentenderse del progreso social, de la lucha por un mundo m\u00e1s justo. Se buscaba la santidad saliendo del mundo, tomando por modelo los ritmos y las inquietudes de los religiosos. A fin de cuentas lo \u00fanico que importaba era la oraci\u00f3n y mortificaci\u00f3n.
Nosotros no podemos juzgar a aquellos que llevaron al extremo esta oposici\u00f3n entre la salvaci\u00f3n de las almas y la salud de las personas insertadas en un mundo en b\u00fasqueda: el movimiento de la historia era todav\u00eda demasiado lento para que los creyentes apreciaran su importancia. Con demasiada frecuencia olvidamos sus condiciones de vida y sus pruebas: el promedio de la vida humana era de apenas treinta y algunos a\u00f1os, y la mitad de los ni\u00f1os mor\u00edan en temprana edad, la otra mitad sin asistencia m\u00e9dica y una buena parte de las mujeres fallec\u00edan en el parto, siendo las otras ancianas a los treinta y cinco a\u00f1os.

