{N}2,{/}6 {N}EL MISTERIO DEL HIJO{/}
Este texto de Pablo es uno de los m\u00e1s importantes del Nuevo Testamento. Es sabido que desde los primeros d\u00edas de la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles el gran desaf\u00edo de la fe ha sido de situar a Cristo con respecto al Dios \u00fanico, su Padre. El punto de partida de cualquier esfuerzo por definir la fe era la certeza de que Jes\u00fas era "el Hijo": \u00e9ste era su "nombre" en el sentido b\u00edblico de la palabra (Heb 1,4), es decir, lo que mejor expresaba lo esencial de su ser y de su misi\u00f3n. La Resurrecci\u00f3n lo hab\u00eda confirmado y cuando los ap\u00f3stoles recapacitaban en el pasado, se acordaban de muchas palabras e insinuaciones de Jes\u00fas, tan como de varios de sus gestos que confirmaban esta evidencia: habiendo llegado despu\u00e9s de muchos servidores y profetas, hab\u00eda actuado con la autoridad y la libertad del Hijo (Mt 11,26). Las primeras predicas de Pedro afirman la glorificaci\u00f3n y la elevaci\u00f3n de Jes\u00fas-Mes\u00edas a un rango divino (He 2,33) y durante alg\u00fan tiempo se conformar\u00e1n con estas expresiones. Pero ahora, en la carta a los Filipenses, Pablo va a precisar la trayectoria del Hijo de Dios que descendi\u00f3 hasta nosotros. 
Est\u00e1 claro que en estas l\u00edneas Pablo aplica a Jes\u00fas la profec\u00eda del Servidor que leemos en Is 52,13-53,12: el Servidor de Yav\u00e9, pasando por la humillaci\u00f3n, alcanzar\u00e1 gloria. Sus sufrimientos le permitir\u00e1n ser el Redentor. Pero, en este lugar, Pablo enfatiza la libre decisi\u00f3n de Cristo que renuncia a todo llegando a ser como nada, y con esto le da al texto una significaci\u00f3n nueva.
{C}El, siendo de condici\u00f3n divina. {/}Hablamos de condici\u00f3n, a pesar de que Pablo emplea un t\u00e9rmino griego que significa m\u00e1s precisamente "la forma", pero con un sentido m\u00e1s amplio que nuestra palabra castellana. No es solamente la forma que el ojo reconoce, sino la forma de ser de una persona, incluso podr\u00edamos hablar de su naturaleza. Hablando de {C}condici\u00f3n{/}, no pensemos que se trate solamente de un rango divino al que Jes\u00fas pod\u00eda pretender: suya era la condici\u00f3n divina, es decir la forma de ser propia de Dios, o sea la naturaleza divina con su gloria y majestad.
{C}Tomando la condici\u00f3n de servidor. {/}El primer sentido de la palabra griega es: "esclavo". Pero esta nunca fue la condici\u00f3n de Jes\u00fas. Aunque uno dijera que el suplicio de la cruz era reservado a los esclavos, el texto distingue esta condici\u00f3n humilde de la aceptaci\u00f3n posterior de la cruz. El vocablo griego, pues, debe ser entendido en el sentido de servidor que tiene muy com\u00fanmente en la Biblia: Mois\u00e9s, servidor de Dios..., Pablo, servidor de Jesucristo.... Si bien Pablo quiso expresar con mucha fuerza el rebajamiento de Cristo, por otra parte ten\u00eda a la vista la profec\u00eda del Servidor. Cristo {C}se redujo a nada{/} despoj\u00e1ndose de la condici\u00f3n propia de Dios y tomando una condici\u00f3n plenamente humana, la del Servidor redentor. 
Aqu\u00ed tenemos una intuici\u00f3n muy profunda del misterio de Jes\u00fas Hijo de Dios. Su identidad, o su personalidad est\u00e1 toda en este {C}rebajamiento{/} seguido de una exaltaci\u00f3n que deja maravillado a Pablo. Hay que reconocer que nos conformamos demasiadas veces con palabras al hablar del misterio de la Trinidad, y guardamos inconscientemente la imagen de tres personas bastante semejantes una a la otra que est\u00e1n instaladas en una com\u00fan naturaleza. Y sin decirlo, imaginamos a Dios establecido en una eternidad inm\u00f3vil e inmutable como lo pensaba el fil\u00f3sofo Arist\u00f3teles. Se olvida que Dios es {C}el Padre,{/} el Padre de quien todo procede.
El Hijo comparte todo lo que es Dios Padre; es su imagen, pero es Dios de un modo muy diferente. No convendr\u00eda apretar demasiado la palabra "imagen" que leemos en Col 1,15, porque es parte de una serie de t\u00e9rminos que traducen en forma diversa la relaci\u00f3n del Hijo al Padre. El es el Verbo (Jn 1,1), la Irradiaci\u00f3n (Heb 1,1), la Sabidur\u00eda... El Hijo no es, ni una reproducci\u00f3n, ni un rival del Padre. Si el Padre proyecta a su Hijo en la eternidad, esto se debe a que la din\u00e1mica del amor est\u00e1 inscrita en lo m\u00e1s profundo del Dios-Amor. La total generosidad y la comunicaci\u00f3n de s\u00ed mismo que es propia del Padre hace surgir frente a \u00e9l esta otra cara del amor que consiste en desprenderse de uno mismo: y es propio del Hijo este perderse a s\u00ed mismo para ser retomado en la unidad divina.
As\u00ed, pues, cuando Pablo nos dice que Cristo se redujo a nada, este rebajamiento es anterior a las humillaciones que Jes\u00fas conoci\u00f3 en su naturaleza humana. Al decir Pablo que no se apeg\u00f3 a su igualdad con Dios, nos se refiere a unos privilegios o alg\u00fan bienestar que Jes\u00fas pod\u00eda reservarse en medio de los hombres, pues es en Dios mismo que el Hijo se {C}redujo a la nada.{/}
Ahora bien, el movimiento por el cual el Padre proyecta a su Verbo en la eternidad contin\u00faa con la creaci\u00f3n del universo: es en este universo creado donde el Hijo alcanza el t\u00e9rmino de su rebajamiento. En la eternidad se rebaja para volver a gozar las riquezas del Padre y -si se nos permite esta expresi\u00f3n- \u00e9l da a la vida divina su ritmo y como su respiraci\u00f3n. Pero entrando en el universo, fija en \u00e9ste el momento a partir del cual el tiempo se despliega, antes y despu\u00e9s de su encarnaci\u00f3n. En ese preciso momento nace en un rinc\u00f3n de nuestro mundo para hacer ah\u00ed la experiencia de nuestras limitaciones, empezando por la experiencia del tiempo que lleva a la muerte a todos los seres creados.
La Biblia nos afirma que el Hijo ha venido {C}a buscar y a salvar lo que estaba perdido{/} (Lc 19,10), y que Dios ha enviado a su propio Hijo para {C}enfrentar al pecado{/} (Rom 8,3). En estas condiciones, si su encarnaci\u00f3n tiene por objeto el de reparar una falta original, es necesario confrontar estas verdades con lo que acabamos de decir. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 posible que este rebajamiento del Hijo sea una caracter\u00edstica eterna de su persona y que al mismo tiempo su venida y su Pasi\u00f3n tengan por objeto reparar una ca\u00edda original posterior a la creaci\u00f3n? Aqu\u00ed toda respuesta y discusi\u00f3n es vana pues no podemos comprender ni la eternidad ni las relaciones mutuas de la eternidad y del tiempo: para Dios no hay un antes y un despu\u00e9s. La Biblia nos impone una visi\u00f3n de la historia en la que se suceden creaci\u00f3n, pecado y redenci\u00f3n, pero todo ya no hace sino una sola cosa en el mundo de Dios. 
Es, pues, en el mismo misterio divino, donde encontramos el modelo que Jes\u00fas propondr\u00e1 a sus disc\u00edpulos (a los te\u00f3logos les gusta guardar al respecto la palabra griega "kenosis" que significa sencillamente "reducirse a nada"). Y consta que, seg\u00fan Marcos 8,34 y m\u00e1s todav\u00eda en Lucas 8,23 y Juan 12,24, Jes\u00fas habla de este perderse a s\u00ed mismo, no como de un deber que impondr\u00eda a sus disc\u00edpulos, sino como de algo necesario para todos.
As\u00ed, pues, la Resurrecci\u00f3n de Cristo, que la Iglesia pone al centro de su culto no es solamente una glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas que celebramos a veces sin creer mucho en ella. Tampoco es un honor p\u00f3stumo que Dios le habr\u00eda decernido, una inmortalidad de m\u00e1s categor\u00eda que aquella a la que nosotros aspiramos; no es solamente la vuelta a la vida de un tal Jes\u00fas mediante el cual el Hijo se habr\u00eda hecho presente en la tierra a pesar de que se quedaba arriba: es con toda verdad la vuelta del Hijo al Padre{C}. {/}El Hijo "que por un momento fue hecho m\u00e1s bajo que los \u00e1ngeles" (Heb 2,9) vuelve a encontrar el Nombre y la Gloria --Juan es el que lo dice expresamente en Jn 17,5--. Y pasa a ser verdadero Dios y verdadero hombre; \u00e9l es el hombre en Dios o el hombre glorificado. {C}Jesucristo es Se\u00f1or{/}, y trae de vuelta con \u00e9l a toda la creaci\u00f3n (Col 1,20).
La persona misteriosa del Hijo tiene, pues dos caras. En nuestro mundo y en el tiempo, no se ve m\u00e1s que la trayectoria de Jes\u00fas de la que Mar\u00eda y los ap\u00f3stoles fueron los testigos. Esta manifestaci\u00f3n segu\u00eda a otras venidas de la Sabidur\u00eda a nuestro mundo (Sab 9,10 ; Sir 24,8 ; Jn 1,5 y 8-10) y les pon\u00eda el punto final. Y por otra parte, en la eternidad, el Hijo nace del Padre, pero eso es s\u00f3lo para vaciarse de s\u00ed mismo y perderse, y luego ser retomado. Entonces llega a su consumaci\u00f3n el gozo mutuo que tienen de s\u00ed les personas divinas. Pero Pablo no nos conduce hasta ese punto y es en el Evangelio de Juan donde se nos dar\u00e1n algunas luces al respecto (Jn 14-17).
Reconozcamos la pobreza de nuestro lenguaje, que ser\u00e1 siempre incapaz de abarcar el misterio de Dios. Por siglos los cristianos se han desgarrado en nombre de esas expresiones diferentes de la fe, en vez de aceptar humildemente que haya otros que sean m\u00e1s sensibles que nosotros a determinados aspectos del misterio. No existe una sola manera de expresar la fe, pues de lo contrario la Iglesia no habr\u00eda recibido a la vez el Evangelio de Marcos y \u00e9l de Juan.

{N}4,{/}5 {C}Den a todos muestras de un esp\u00edritu muy abierto{/}. Pablo usa una palabra que designa a la persona abierta, acogedora y de buen genio.

