{N}1,{/}1 Las palabras: {C}en{/} Efeso, faltan en los mejores manuscritos antiguos. Como esta carta es pariente de la enviada a los Colosenses, sin duda por la misma \u00e9poca, y que Col 4,16 menciona una carta a los Laodicenses, algunos han pensado que la presente carta a los Efesios estaba primitivamente destinada a los cristianos de Laodicea. Esta cuesti\u00f3n de la carta a los Laodicenses perdida preocup\u00f3 hace ya algunos siglos a algunas personas, e incluso hubo alguien que "encontr\u00f3" una carta a los Laodicenses, fabricada en realidad plagiando las cartas a los Colosenses y a los Efesios.

{N}1,{/}3 Con las dos palabras: {C}en el cielo{/} (o sobrenatural) y antes de la {C}creaci\u00f3n{/} (o la fundaci\u00f3n) del mundo, Pablo establece firmemente la oposici\u00f3n entre un mundo divino, estable, eterno, del cual todo procede, y un mundo terrestre que s\u00f3lo tiene un tiempo, en el que los seres deben conquistar un destino que les ha sido ya, o mejor, que les ES concedido en Dios: h\u00e1gase tu voluntad as\u00ed en la tierra como en el Cielo.

{N}1,{/}22 En ella se despliega plenamente. El texto dice: "ella es la plenitud". Esa palabra significa: conjunto de una colecci\u00f3n, o la totalidad de una cosa, o su pleno cumplimiento. Aqu\u00ed, Cristo adquiere su plena estatura cuando se incorpora a los que le fueron dados.

{N}2,{/}2 {C}Que reina entre la tierra y el cielo{/}. El texto dice: "el pr\u00edncipe del dominio a\u00e9reo". Pablo est\u00e1 obligado a expresarse seg\u00fan su propia cultura. Entre el mundo "por encima de los cielos", es decir, el mundo sobrenatural, m\u00e1s all\u00e1 de la b\u00f3veda celeste, y la tierra, dominio de los hombres, hay un mundo intermedio en el que los esp\u00edritus, sobre todo los esp\u00edritus malignos, hacen de las suyas.

{N}2,{/}20 Fij\u00e9monos en esa afirmaci\u00f3n de la Iglesia como una realidad dada por Dios (1Tim 3,15) a la cual nos integramos: podemos y debemos evangelizar y hacer disc\u00edpulos, pero no tenemos que inventar la Iglesia. Cuyas bases son los ap\u00f3stoles y los profetas: v\u00e9ase Lc 22,30; 1 Co 3,10; Ap 21,14.

{N}5,{/}32 Ese hermoso p\u00e1rrafo sobre el sentido del matrimonio cristiano no nos debe hacer descuidar el {C}gran misterio{/} del cual el matrimonio no es m\u00e1s que un sacramento. El problema de la pareja y el lugar fundamental que ocupa en la cultura moderna, el amor que ha tomado sus distancias con respecto a los constre\u00f1imientos que le impon\u00edan las leyes de la vida, de la familia y de la procreaci\u00f3n en las generaciones anteriores, las aspiraciones a la dicha y al goce mutuo, las contradicciones con que chocan los proyectos de amor y de fidelidad, los dos componentes de cualquier amor verdadero, todo eso no nos debe hacer descuidar la evocaci\u00f3n hecha por Pablo del gran misterio. Cuando Jes\u00fas se presenta como el esposo (Mc 1,19), eso no es m\u00e1s que una manera muy discreta de entrar en el rol del Mes\u00edas. Porque la Biblia conservaba la imagen del Mes\u00edas esposo, aguardado por la comunidad creyente, un poco como es desarrollada en el Cantar. Pero aqu\u00ed Pablo va m\u00e1s lejos. Despu\u00e9s de haber ubicado a Cristo en el centro del plan divino de creaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n de toda la humanidad, ve en ese rol de Cristo con respecto al mundo humano que ha salvado, una realidad \u00faltima inscrita en la eternidad: la humanidad llamada a una alianza, que no es menos \u00edntima que un matrimonio con Dios, merced a su bajada a nuestra carne.

