{N}1,{/}5{N} JES\u00daS ES EL SE\u00d1OR: \u00bfLO INVENT\u00d3 LA FE ?{/}
La figura de Jes\u00fas, tal como se desprende de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, es la de un rab\u00ed, un maestro de la Ley en la m\u00e1s pura tradici\u00f3n del pueblo de Israel (Jn 3,2). Anque, posteriormente, se haya dado a los conflictos con los fariseos un poco m\u00e1s de importancia que la que hab\u00edan tenido, no se ha olvidado sin embargo que la ense\u00f1anza de Jes\u00fas se aproximaba a la de los fariseos en muchos puntos (Mc 2,16; 12,28; 12,32). Disc\u00edpulos y adversarios le ve\u00edan como un maestro de la ley autodidacto (Jn 7,15). Pues bien, \u00bfc\u00f3mo se pudo pasar de ah\u00ed a la figura de Cristo tal como aparece de modo muy especial en las cartas de Pablo: el Se\u00f1or de la historia, el nuevo Ad\u00e1n, aquel que ha recibido un "Nombre" incomunicable?
Los ap\u00f3stoles y toda la comunidad cristiana, que ha nacido de esta certidumbre, han cre\u00eddo la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. No se dudaba de que \u00e9l fuera el Mes\u00edas; tambi\u00e9n se cre\u00eda que \u00e9l era hijo de Dios en un sentido todo especial, completamente diverso de lo que los jud\u00edos entend\u00edan con este t\u00e9rmino. Pero hizo falta mucho tiempo para deducir de ello todas las consecuencias, y es seguro que este paso fue  m\u00e1s dif\u00edcil para aquellos que hab\u00edan conocido personalmente a Jes\u00fas y lo hab\u00edan visto a trav\u00e9s del cristal de su cultura jud\u00eda. No porque Jes\u00fas no hubiera sido plenamente jud\u00edo incluso en su manera de ense\u00f1ar, sino porque lo que ellos hab\u00edan amado en \u00e9l les imped\u00eda ir m\u00e1s lejos. Ellos se ve\u00edan reflejados ciertamente en la carta de Santiago, el m\u00e1s "jud\u00edo" de los escritos apost\u00f3licos. El autor de esta carta, aun reconociendo a Jes\u00fas como "nuestro Se\u00f1or", ve\u00eda ante todo en \u00e9l al maestro de una ley nueva que recoge lo mejor del Antiguo Testamento (2,1 y 8).
Las comunidades cristianas de Palestina se van, pues, a mantener apegadas a esta imagen que les ha quedado del rab\u00ed galileo, impulsadas  por el grupo de Nazaret, los "hermanos de Jes\u00fas" (G\u00e1l 1,19). \u00c9l hab\u00eda resucitado, sin duda, pero no hab\u00eda retrasado el reloj del mundo, y su herencia era ante todo una moral depurada. En algunas generaciones estos "judeo-cristianos" se van a encontrar como extranjeros a la fe de la Iglesia, cuyo centro pasar\u00e1 mientras tanto de Jerusal\u00e9n a Roma.
Es aqu\u00ed donde Pablo juega un papel decisivo sin propon\u00e9rselo. \u00c9l no ha inventado al Cristo Se\u00f1or y Redentor: ya estaba presente en las primeras proclamaciones de Pedro (He 2,32-36; 3,15). Pero Pablo no hab\u00eda sido marcado (y al mismo tiempo limitado) por la imagen y las palabras del rab\u00ed galileo; muy al contrario, su conversi\u00f3n hab\u00eda sido un encuentro con el mismo Dios en la persona de Jes\u00fas, y la hab\u00eda tomado de lo alto por su relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n itinerante del Maestro (2Cor 5,16). 
Si Jes\u00fas no hubiera resucitado, se habr\u00eda quedado como un simple maestro: sus palabras habr\u00edan sido quiz\u00e1 m\u00e1s importantes que \u00e9l mismo. Pero si era verdad que su cuerpo hab\u00eda desaparecido del sepulcro la ma\u00f1ana de Pascua, aquello supon\u00eda un quebranto en las leyes del universo. A partir de entonces todas las apariciones del resucitado encerraban un solo mensaje: \u00a1Jes\u00fas Se\u00f1or! Se estaba muy lejos del Jerem\u00edas aureolado de gloria o del El\u00edas llevado al cielo. En Pentecost\u00e9s Pedro dice que por esta resurrecci\u00f3n Dios hab\u00eda rehabilitado a su "santo Servidor" (He 3,13), pero a\u00f1ade: "Dios lo ha hecho Se\u00f1or". Bien pronto habr\u00e1 que reconocer en Jes\u00fas al "hijo de la mujer elevado al cielo para tomar en sus manos el Libro de la Historia" (Ap 12,5; 5,7). Pablo y Juan tienen todo el derecho para hablar de ello porque son verdaderos testigos: ambos han sido invitados a echar una ojeada all\u00e1 arriba (Ap 4,1; 2Cor 12,2).
Ahora era la persona de Jes\u00fas la que daba la clave de sus palabras, porque \u00e9l era Dios nacido de Dios. Cuando Pablo hable de Cristo como "imagen de Dios" (Col 1,15), no nos invitar\u00e1 ante todo a reencontrar en los gestos de Jes\u00fas la bondad del Padre: \u00e9l pensar\u00e1 m\u00e1s inmediatamente en el Hijo que, desde el origen, es la manifestaci\u00f3n, proyecci\u00f3n y sabidur\u00eda activa de Dios eternamente invisible. Es \u00e9l quien ha atravesado el tiempo y nuestra historia, para que por \u00e9l toda la creaci\u00f3n y la historia de los hombres vuelvan al misterio divino (Col 1,20).
En los evangelios Jes\u00fas s\u00f3lo quer\u00eda ser el anunciador del Reino de Dios. Pero con Pablo s\u00f3lo hay Reino en el Hijo hecho hombre y resucitado (Col 3,1). Ah\u00ed se sit\u00faa la zanja entre la fe cristiana y la posici\u00f3n de aquellos que, entre los jud\u00edos, sienten la m\u00e1xima simpat\u00eda por la figura de Jes\u00fas. No ha sido Pablo el que ha elevado un muro de incomprensi\u00f3n: el esc\u00e1ndalo estaba en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y en su muerte en cruz.
El esc\u00e1ndalo no es menor para el cristiano de nuestros d\u00edas. Por mucha fe que tengamos, a veces nos asalta la duda: \u00bfser\u00e1 verdad todo esto? Y muchos libros escritos por incr\u00e9dulos o incluso por cristianos instruidos corroboran nuestras dudas: "\u00bfLa resurrecci\u00f3n? No hay otra prueba sobre ella que un sepulcro vac\u00edo... Por otra parte, \u00bflo sabemos?... Despu\u00e9s se ha interpretado, se ha cre\u00eddo ver... Se dice que ha resucitado, era un modo de rodearle de una aureola y de reafirmar la esperanza de la comunidad...".
Todas estas razones no dan sin embargo raz\u00f3n de una convicci\u00f3n \u00edntima en el coraz\u00f3n del creyente; un instinto de Dios le dice que la verdad est\u00e1 en el misterio y no en las interpretaciones que pretenden eliminarlo (1Jn 2,27). Hablamos de "un instinto de Dios", porque \u00e9sta no es una cuesti\u00f3n de sentimiento. Nosotros creemos, lo cual quiere decir ante todo que recibimos el testimonio de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia y creemos como ellos creyeron. Pero si nosotros aceptamos la fe, Dios no nos dejar\u00e1 solos con nuestras dudas, pues hay una promesa para aquel que cree: el don del Esp\u00edritu Santo (He 2,38). Los textos b\u00edblicos del Antiguo y Nuevo Testamento dicen claramente que no se da fe sin una experiencia espiritual (Heb 12,18-24) y sigue siendo m\u00e1s verdadero para aquellos que viven, como es con frecuencia nuestro caso, en una civilizaci\u00f3n impermeable a la fe (1Cor 12,3).

{N}3,{/}20 {N}EL VOCABULARIO DE LA JUSTIFICACI\u00d3N{/}
Desde el momento en que abordamos los textos tan importantes de Pablo sobre la "justificaci\u00f3n", es bueno precisar el sentido de las palabras que \u00e9l emplea y que deberemos expresar bien en nuestra lengua que no es la suya. La diferencia por lo dem\u00e1s no est\u00e1 s\u00f3lo aqu\u00ed entre el griego y el castellano; Pablo utiliza las palabras de la Biblia griega de los {C}Setenta{/}, la que en cierta medida hab\u00eda determinado el lenguaje religioso de los jud\u00edos de lengua griega, y esas palabras deben ser comprendidas a la luz de las experiencias religiosas del Antiguo Testamento.
Nuestro vocabulario de la justificaci\u00f3n y de la gracia ha estado marcado fuertemente por las interminables controversias teol\u00f3gicas y por las pol\u00e9micas entre cat\u00f3licos y protestantes del siglo 16 al 18. Nuestros antepasados de antes de Cristo estaban muy lejos de imaginar semejantes cuestiones. El vocabulario de la redenci\u00f3n, del pecado, de la justificaci\u00f3n, ha nacido de la experiencia que ten\u00edan de las entre grupos o personas, entre uno menos importante y otro m\u00e1s poderoso que pasa a ser su protector. El m\u00e1s poderoso concede una alianza con obligaciones rec\u00edprocas. Sucede que el inferior se rebela, que {C}peca{/} contra su soberano (2Re 18,14; Ez 17,15) y lo traiciona. Por su parte el soberano puede apreciar la fidelidad de su aliado y lo considera como {C}justo{/}. 
All\u00ed tenemos las palabras de la Alianza. Por cierto no se duda de la misericordia de Dios, se sabe que perdona, pero tambi\u00e9n el pueblo es consciente de la justicia de Dios: si pone en pr\u00e1ctica los mandamientos de la Alianza, se merecer\u00e1 una mirada favorable de Dios. Los profetas har\u00e1n progresar la espera del juicio: entonces Dios justificar\u00e1 a los suyos, es decir, los reconocer\u00e1 como justos y los perdonar\u00e1. Otra idea se abre camino mientras el pueblo sigue pecando: el hombre necesita de una conversi\u00f3n y esa no puede ser sino la obra de Dios (1Re 18,37); pero no es la palabra justificaci\u00f3n.
Despu\u00e9s del Exilio, en la oraci\u00f3n de los Salmos, vemos desarrollarse el deseo del creyente sincero de cumplir del mejor modo los preceptos de la Ley, sabiendo que quien los ponga en pr\u00e1ctica vivir\u00e1 por ellos (Lv 18,5). Conocedor de su propia debilidad, no se cansar\u00e1 de pedir a Dios un {C}coraz\u00f3n puro{/} dispuesto a observar su Ley. Pero cuando leemos que {C}Dios justifica{/}, eso significa siempre que reconoce la justicia de alguien y que la proclama.
Esta era la manera de sentir y de expresarse de los creyentes de origen jud\u00edo, o de los convertidos a la religi\u00f3n jud\u00eda a los que se dirig\u00eda Pablo. El, sin embargo, propone una reorientaci\u00f3n radical de las palabras y de la actitud religiosa. Hasta entonces, la {C}justificaci\u00f3n{/} depend\u00eda sobre todo del hombre y de su fidelidad en poner en pr\u00e1ctica los preceptos de la Ley. La {C}justicia{/} era un conjunto de cualidades reunidas en el coraz\u00f3n y en la vida del creyente, pero se la apreciaba en primer lugar como una perfecci\u00f3n moral y legal que merec\u00eda la benevolencia de Dios. La relaci\u00f3n con Dios era en buena parte jur\u00eddica: la Ley establec\u00eda un c\u00f3digo de derechos y obligaciones, y a\u00fan cuando la piedad esperara mucho de la misericordia divina, cada cual se hac\u00eda responsable de su propia justificaci\u00f3n.
Pablo, ahora, descubre el valor universal de la venida del Cristo, es decir, del Mes\u00edas. Por \u00e9l, y gracias a la fe, Dios reordena la persona humana. La palabra griega que Pablo utiliza significaba tanto "justicia" como "proceso de justificaci\u00f3n" (llegar a ser justo, o hacerse justo, o reconocer como justo). Ahora eso la {C}justificaci\u00f3n{/} ser\u00e1 una refundici\u00f3n de la persona en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed misma: la fe cristiana abre el esp\u00edritu y lo sit\u00faa en el coraz\u00f3n de la verdad. Si la palabra justi-ficar nos desconcierta, es f\u00e1cil reemplazarla por otras palabras castellanas que tienen un origen muy pr\u00f3ximo: recti-ficar, re-habilitar, re-ordenar, re-ajustar, re-formar...
Esa media vuelta de la palabra ir\u00e1 acompa\u00f1ada de una evoluci\u00f3n de la palabra, {C}compra{/} o {C}redenci\u00f3n{/} (v\u00e9ase la nota en Mt 20,28). Por otra parte, el hecho de que la nueva justicia sea una perfecci\u00f3n interior, obra de Dios, lleva a reubicar una con respecto a la otra las palabras {C}santo{/} y {C}justo{/}.
Para el Antiguo Testamento, la {C}santidad{/} es propia de Dios, pues expresa su misterio, lo que lo mantiene a distancia de todo lo que no es El y de todo lo que se puede decir de El. {C}Santo{/} se opone a {C}profano{/}. Se llama {C}santos{/}, en el libro de Daniel y en los Salmos, a los seres celestiales que est\u00e1n cerca de Dios, nosotros dir\u00edamos los \u00e1ngeles (Dn 4,10 y 14; Sal 89,6). En el dominio terrenal, la palabra {C}santo{/} se aplica a las personas y cosas que est\u00e1n consagradas a Dios, y que por lo tanto obedecen a leyes distintas a las propias de los profanos: as\u00ed son los sacerdotes, el Santuario, los objetos de culto. Incluso cuando Dios le dice a todo el pueblo: "Sean santos porque yo soy santo", la palabra no tiene el sentido que le dar\u00edamos actualmente. Ella asocia a la idea de justicia la de ser un pueblo diferente a los dem\u00e1s porque est\u00e1 consagrado a Dios. En el Antiguo Testamento, cuando se quiere expresar que una persona es perfecta a los ojos de Dios y que le es agradable, se utilizan las palabras {C}justa{/} y {C}piadosa{/}.
Desde el momento en que la {C}justicia {/}es entendida como una refundici\u00f3n de la persona y le abre el acceso a una comuni\u00f3n con Dios, pasa a ser sin\u00f3nimo de {C}santidad{/}. En dos lugares encontramos las dos palabras asociadas y en un orden diferente (1Co 6,11; Ap 22,11), lo que demuestra que no son dos etapas sucesivas, o dos acciones diferentes de Dios, sino dos palabras cuyo sentido se completa para una persona familiarizada con el lenguaje griego de los Setenta. Com\u00fanmente la palabra {C}santo{/} tiene en Pablo el sentido de "consagrado a Dios", y as\u00ed es como encontramos a menudo la expresi\u00f3n "los santos" para designar a los cristianos. Pero tambi\u00e9n Pablo manifiesta que los que est\u00e1n consagrados a Dios deben ser sin tacha e irreprochables, es decir, santos en el sentido en que lo entendemos (1 Co 1,8; Col 1,22); esa santidad cristiana ser\u00e1 una imitaci\u00f3n de la perfecci\u00f3n divina (Mt 5, 45).

{N}3,{/}25 Nosotros pusimos: {C}la v\u00edctima cuya sangre nos obtiene el perd\u00f3n gracias a la fe{/} para facilitar la comprensi\u00f3n. Pero el texto dice m\u00e1s exactamente: "\u00e9l es el propiciatorio, por medio de su sangre, por la fe". El {C}propiciatorio{/} es el t\u00e9rmino cl\u00e1sico para designar a esa tapa del Arca encima de la cual se pensaba que resid\u00eda Dios y sobre la cual se hac\u00eda la aspersi\u00f3n con la sangre de las v\u00edctimas cada a\u00f1o el d\u00eda de la Expiaci\u00f3n; lo tradujimos por {C}el Lugar del perd\u00f3n{/} en Ex 25, 20 y en los cap\u00edtulos siguientes.

{N}5,{/}2 {C}Por \u00e9l tenemos acceso a un estado de gracia{/}. El texto dice m\u00e1s exactamente: "por \u00e9l hemos tenido acceso a esa gracia en la que nos mantenemos". El {C}esa{/} no debe ser olvidado, y la palabra {C}gracia{/} se ver\u00e1 libre de significaciones m\u00e1s precisas que le han dado los te\u00f3logos posteriores. Esa gracia o "favor" divino no es otra cosa que la paz con Dios. Fue adquirida por la fe y ya no tiene que ser puesta en duda.

{N}5,{/}20 {C}Sobreabund\u00f3 la gracia{/}. No olvidemos que la gracia es en primer lugar un don o una intervenci\u00f3n divina para levantar a esta humanidad pecadora.

{N}5,{/}21 El texto exacto es: "de igual modo la gracia rein\u00f3 por la justificaci\u00f3n (o la justicia) para la vida eterna, por Jesucristo nuestro Se\u00f1or". Esa justificaci\u00f3n es la obra de Dios que endereza y pone en orden y hace justos seg\u00fan su propio criterio a los que creen: \u00e9stos est\u00e1n en el camino recto de la vida eterna.

{N}6,{/}15 Lo que inspira a Pablo el p\u00e1rrafo 6,15-23 es sin duda el hecho de que le vienen furtivamente a la memoria dos palabras: {C}reino{/} y {C}obediencia{/}. Al dirigirse a los griegos, raramente les ha hablado del reino de Dios, porque eso era una idea fuerza s\u00f3lo para el pueblo de Israel; pero aqu\u00ed ese t\u00e9rmino le sugiere la lucha entre el mal y el estado de justicia, o la obra divina de justificaci\u00f3n. En cuanto a la palabra griega {C}obediencia{/}, tambi\u00e9n tiene el sentido de acogida, y se la utilizaba corrientemente en la Iglesia para expresar la acogida de la fe y la atenci\u00f3n en la doctrina. Tenemos pues al cristiano transformado en esclavo obediente de la Justicia y de su reino, y haciendo de su cuerpo y de sus actos y gestos armas para combatir el mal.

{N}6,{/}23 Tradujimos de manera un poco m\u00e1s larga este vers\u00edculo, m\u00e1s condensado en griego, para recalcar las dos oposiciones que combina aqu\u00ed Pablo: salario y don gratuito; muerte y vida eterna.

{N}7,{/}7 Aqu\u00ed entra en escena el personaje del pecado que intervendr\u00e1 a lo largo de todo el cap\u00edtulo. No se trata del pecado en el sentido en que lo entendemos, un acto libre en el que hacemos lo que sabemos que es malo. Es m\u00e1s bien la personificaci\u00f3n de las fuerzas que nos empujan al mal, fuerzas que en todo tiempo han asediado a la humanidad y a las que Ad\u00e1n, tanto padre como s\u00edmbolo de toda la raza, entreg\u00f3 su primera v\u00edctima.
Habr\u00eda que meditar el vers\u00edculo 20 en el que Pablo da a entender que nuestra responsabilidad personal es bien limitada. A imagen de Ad\u00e1n que se dej\u00f3 seducir por la serpiente, somos tanto v\u00edctimas e irresponsables como culpables. Por eso se nos dice que no juzguemos; por eso debemos ir m\u00e1s all\u00e1 del examen de conciencia en el que nos reconocemos personalmente pecadores y culpables, y las revisiones de vida en las que cada uno se interroga sobre sus debilidades: hay un pecado del mundo que debemos aprender a mirar de frente, sobre el cual debemos tener ideas claras, y que requiere el compromiso del cristiano en todos los grandes problemas de la humanidad.

{N}7,{/}25 Pablo no divide a la persona humana: un esp\u00edritu que ser\u00eda bueno, y un cuerpo que ser\u00eda pecador. Es por el cuerpo como el pecado, esa  fuerza instalada en el mundo y en la sociedad, nos alcanza y solicita nuestra complacencia, y es nuestro esp\u00edritu, o nuestra raz\u00f3n, el que reconoce la ley de Dios.

{N}8,{/}3 Podemos analizar el texto m\u00e1s preciso del original:
{C}- lo que era imposible a la Ley{/}: establecer por \u00faltimo la armon\u00eda del hombre con Dios 
{C}- por el hecho de su impotencia a causa de la carne{/}: el hombre por su condici\u00f3n material era prisionero de las fuerzas hostiles a Dios en su obra en el mundo
{C}- Dios, al enviar a su propio hijo en la semejanza de la carne del pecado{/}: al enviarlo en la semejanza (o en la situaci\u00f3n misma) de la carne (o la condici\u00f3n carnal) en la que el pecado tiene poder
{C}- y en vista del pecado{/}: con el fin de responder a ese reinado del pecado del mundo
{C}- conden\u00f3 el pecado en la carne{/}: desmont\u00f3 las falsas evidencias y las justificaciones de ese pecado en el mundo mediante la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Hijo hecho carne. 

{N}8,{/}5 La divisi\u00f3n no est\u00e1 en la naturaleza humana entre el cuerpo y el alma (para hablar seg\u00fan el esquema aristot\u00e9lico cuerpo-alma que ha adoptado la gran mayor\u00eda de nuestra teolog\u00eda). Est\u00e1 m\u00e1s bien en el dinamismo y actividad de la persona humana desde el momento en que se hace sentir en ella el llamado del esp\u00edritu. La diferencia que hace aqu\u00ed Pablo entre los que son "seg\u00fan la carne", o "en la carne", y los que son "seg\u00fan el esp\u00edritu" o "en el esp\u00edritu", no hace m\u00e1s que reconocer la oposici\u00f3n entre diferentes llamados y proyectos de vida, seg\u00fan que hayamos o no elegido la respuesta a Dios despu\u00e9s de haberlo acogido y haber experimentado la acci\u00f3n de su Esp\u00edritu. La moral cristiana, aun cuando reconozca las bases morales de la ley antigua, no ser\u00eda cristiana sino en la medida en que sea la respuesta tanto fiel como creativa a los llamados del Esp\u00edritu. Pablo no entra aqu\u00ed en el problema del discernimiento de los esp\u00edritus.

{N}8,{/}20 El mundo creado es reflejo de Dios hasta cierto punto no m\u00e1s. Apenas centramos nuestra atenci\u00f3n en nuestras relaciones con esa naturaleza, descubrimos all\u00ed muchas contradicciones y tragedias, bastar\u00eda, por ejemplo, con el sufrimiento animal. Si tenemos presente el proceso evolutivo que abarca a toda la historia del universo, es dif\u00edcil no pensar que toda esa aventura con sus derroches incalculables est\u00e9 buscando su sentido. Y Pablo nos dice: el sentido s\u00f3lo se descubrir\u00e1 cuando los hijos de Dios hayan alcanzado la Gloria que los espera.
Si la creaci\u00f3n {C}se ve obligada a no lograr algo duradero{/}. El texto original dice: "fue sometida a la vanidad" (o: a eso que no vale)".
{C}Eso viene de aquel que le impuso este destino{/}. Probablemente no se trata del demonio que habr\u00eda destruido la creaci\u00f3n, ni del hombre que maneja a su antojo la ecolog\u00eda, sino de Dios que ordena seg\u00fan la misma sabidur\u00eda tanto al hombre y su redenci\u00f3n como a la naturaleza y su futura transfiguraci\u00f3n. De all\u00ed provienen todas las manifestaciones que observa la ciencia, de una presi\u00f3n interna o de un impulso hacia un ser m\u00e1s, tanto en la alquimia c\u00f3smica como en la evoluci\u00f3n de los seres vivos.

{N}9,{/}5 El texto original dice: "y uno de ellos seg\u00fan la carne es Cristo, el que est\u00e1 por encima de todo, \u00a1Dios bendito por los siglos, am\u00e9n!" Se trata aqu\u00ed de una de esas doxolog\u00edas, o exclamaciones de alabanza que los jud\u00edos, y Pablo con ellos, expresaban espont\u00e1neamente cuando citaban el nombre de Dios. La articulaci\u00f3n de la frase nos invita a comprender que Pablo aplica a Cristo esa alabanza divina: apenas lo ha calificado como el descendiente de los Padres, precisando que esa es su l\u00ednea seg\u00fan la carne, pone paralelamente su filiaci\u00f3n divina: y all\u00ed El est\u00e1 por encima de todo, Dios (o mejor dicho: de la misma naturaleza divina, porque Dios no aparece aqu\u00ed con el art\u00edculo, y por ende no es una persona, la del Padre).
Es un poco lo que leemos en 1,3-4, pero aqu\u00ed la afirmaci\u00f3n de Jesucristo como Dios (o teniendo la naturaleza divina) es tan directa que provoca miedo a todos los que piensan que la afirmaci\u00f3n de Cristo-Dios no roz\u00f3 a los ap\u00f3stoles sino que m\u00e1s bien fue progresando lentamente en la Iglesia primitiva a medida que se creaba el mito de Jes\u00fas (y que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que puede creerse razonablemente). A\u00fan cuando no se siga esta tendencia racionalista, algunos piensan que tal manera de hablar es extra\u00f1a a Pablo y prefieren por eso cortar la frase de otra manera: "...Cristo, el que est\u00e1 por encima de todo: \u00a1Dios sea bendito por los siglos!" o tambi\u00e9n: "...Cristo. \u00a1Aquel que est\u00e1 por encima de todo, Dios, (sea) bendito por los siglos!"

{N}9,{/}13 El texto dice: "y odi\u00e9 a Esa\u00fa". No olvidemos que el verbo odiar en hebreo tiene un sentido muy amplio. Cuando se prefiere una cosa a otra, eso se dice: amo esto y odio aquello (es decir, lo rechazo o no lo tomo en cuenta)... Ver Lc 14,26 y 16,13.

{N}10,{/}4 El texto dice: "Cristo es el fin de la Ley para la justificaci\u00f3n de todo creyente". Pablo no niega que los incontables creyentes que sirvieron a Dios observando la Ley no hayan sido santificados y salvados, ya sea antes o despu\u00e9s de Cristo. Toda la revelaci\u00f3n del Antiguo Testamento era ya portadora de salvaci\u00f3n: ella forj\u00f3 hombres, un pueblo, y les dio una misi\u00f3n. Eso no obstante, la fe en Cristo nos permite acceder a un nuevo orden (la reconciliaci\u00f3n o justificaci\u00f3n definitiva); nuestra persona adquiere entonces una nueva dimensi\u00f3n que las personas experimentadas sabr\u00e1n reconocer sin entrar siquiera en nuestras confidencias y que es muy preciosa a los ojos de Dios; una nueva realidad ha sido sembrada en el mundo porque hasta nuestros m\u00ednimos gestos son portadores del Esp\u00edritu.

{N}10,{/}6 No tratemos de buscar en el texto que cita Pablo (Dt 30,12-13) una profec\u00eda de la Ascensi\u00f3n de Jes\u00fas o de la "bajada a los infiernos". La Escritura es portadora del Esp\u00edritu y cuando Pablo se deja llevar por su convicci\u00f3n, las palabras de la Escritura le vienen muy naturalmente a la mente y las toma o las transforma como le conviene, porque no busca en ellas argumentos sino palabras portadoras de una fuerza. Fij\u00e9monos que en el pasaje la palabra hebrea "abismo" de Dt 30,13 significa "el oc\u00e9ano", pero que en el griego de Pablo ha pasado a ser el {C}mundo de abajo{/}, la morada de los muertos.

{N}10,{/}9 Ese p\u00e1rrafo es como un comentario de la profec\u00eda de Joel que Pedro cita el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. N\u00f3tese que Pablo atribuye pura y simplemente a Cristo el Se\u00f1or lo que, en el texto de Joel s\u00f3lo se dice de Yav\u00e9 Dios.

{N}11,{/}25 El destino del pueblo jud\u00edo nos interesa sobremanera dado que sus ancestros son tambi\u00e9n los nuestros. Los ap\u00f3stoles y los primeros cristianos nunca pensaron que hab\u00edan renegado de ese pueblo (He 13,26-32;26,22): al contrario ellos eran los que Dios hab\u00eda elegido y que hab\u00edan acogido al Salvador esperado por toda su raza. Con ellos hab\u00eda empezado un nuevo pueblo (Sal 22,32) y no otro en realidad, porque ellos eran el "peque\u00f1o resto de Israel".
Nuestra fe se arraiga en acontecimientos de la historia tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, es por eso que los Evangelios pusieron en evidencia la cat\u00e1strofe nacional y la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n el a\u00f1o 70, tal como Jes\u00fas lo hab\u00eda anunciado. Lucas considera que esa tragedia del Salvador rechazado marcar\u00e1 el destino del pueblo jud\u00edo hasta el fin del tiempo de las naciones, es decir, hasta el fin de la historia (Lc 21,24). El evangelio no dice m\u00e1s,.
Pero Pablo nos pide que no confundamos dos cosas. Por un lado Dios llama al que quiere a conocer a Cristo y a creer en \u00e9l, en cualquier parte del mundo, y a \u00e9sos conf\u00eda las m\u00e1s grandes y m\u00e1s secretas de sus obras. Puede durante un tiempo multiplicar sus llamados en un pueblo determinado, como lo hizo durante diez siglos en tierras de cristiandad, y luego dejarlo fuera de la gran corriente de la fe. Y en este sentido la masa del pueblo jud\u00edo pas\u00f3 al lado de ese llamado. Pero eso no puede anular las promesas de Dios al pueblo jud\u00edo: de hacerlo un pueblo aparte, encargado de una misi\u00f3n \u00fanica que contin\u00faa cumpliendo para la salvaci\u00f3n del mundo.
Esto es una invitaci\u00f3n a que nosotros tambi\u00e9n repensemos nuestra experiencia de Iglesia. Aunque los cristianos conscientes de su llamado por Dios y de su vocaci\u00f3n evang\u00e9lica no sean muy numerosos, la Iglesia sin embargo como pueblo cristiano contin\u00faa cumpliendo su misi\u00f3n: ella es necesaria para la salvaci\u00f3n del mundo y "las fuerzas de la muerte no prevalecer\u00e1n sobre ella".

{N}11,{/}28 Fij\u00e9monos en esa especie de indiferencia de Dios con respecto a lo que tanto nos preocupa: \u00bfc\u00f3mo es posible que Dios permita que tantas personas de nuestro derredor abandonen la verdadera fe? Por el hecho de que fuimos elegidos por Dios para ser el pueblo que da testimonio de su amor sorprendente y de su venida entre los hombres, no podemos sino sentir la urgencia de comunicar a los dem\u00e1s esa luz: \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda para Pablo y para nosotros actualmente cuando un jud\u00edo o un no creyente reconoce al \u00fanico Salvador!, y \u00a1qu\u00e9 riqueza para el que recibe ese don! Pero Dios est\u00e1 de tal manera presente en la vida de los hombres y act\u00faa en ellos de tantas maneras que ni su plan de salvaci\u00f3n ni las riquezas que El quiere distribuir se ver\u00e1n disminuidos por los fracasos de su Iglesia, ya sea en el plano familiar o mundial. Es cierto que cada persona es capaz de perder tanto el talento que le ha sido confiado como el "m\u00e1s" de alegr\u00eda en Dios que le ha sido ofrecido. Pero otros sacar\u00e1n provecho de ese talento, tanto aqu\u00ed como bajo otros cielos, y en el mundo futuro nos regocijaremos de ello, aunque el que lo haya perdido sea uno de nuestros conocidos y el que supo sacarle provecho, un desconocido.

{N}12,{/}3 El texto original es m\u00e1s preciso: "puedo decirles a cada uno de ustedes que no pretenda m\u00e1s de lo que hay que pensar (o pretender, o proyectar) sino que piense (o proyecte) como se lo puede hacer sabiamente, seg\u00fan la medida de la fe (o de los dones espirituales) que ha recibido.

{N}12,{/}6 {C}Si t\u00fa eres profeta, es para dar las luces de la fe{/}. El texto preciso es: "si es la profec\u00eda, (que sea) seg\u00fan la {C}analog\u00eda {/}de la fe". La palabra analog\u00eda s\u00f3lo aparece aqu\u00ed en toda la Biblia. Se encuentra {C}anal\u00f3gicamente{/} en Sap 13,5, en el sentido de "por inducci\u00f3n". En otras palabras, el discurso prof\u00e9tico debe proceder de una visi\u00f3n de la fe, o mejor dicho, de una intuici\u00f3n o de una inyecci\u00f3n de la fe que haya recibido el profeta (1Co 12,9).

{N}14,{/}9 {C}Se\u00f1or de los muertos y de los vivos{/}. Cualquiera que sea el valor l\u00f3gico de tal argumento, Pablo no expresa m\u00e1s que la fe apost\u00f3lica de la cual nuestro Credo es el testimonio: la obra redentora de Cristo va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la salvaci\u00f3n de los que creyeron en El y lo invocaron. Los hombres de todos los tiempos -y de todas las religiones- descubrir\u00e1n un d\u00eda que la manera como Dios condujo sus vidas y los salv\u00f3 est\u00e1 \u00edntimamente ligada a la bajada del Hijo a nuestro universo.

{N}14,{/}16 Con otras palabras, es la misma idea expresada en 1Co 10,20.

{N}14,{/}23 El texto dice exactamente: "todo lo que no procede de {C}la convicci\u00f3n{/} es pecado". En griego es la misma palabra que {C}fe{/}. Por eso, en el pasado, algunos prefirieron ignorar el contexto y traducir ese vers\u00edculo: "Todo lo que no procede la fe es pecado". Se ve\u00eda all\u00ed un argumento para sostener que mientras una persona no tenga la fe, s\u00f3lo puede pecar.

{N}15,{/}8 Pablo ve en esa doble actitud de Dios con respecto a los jud\u00edos y a las "naciones", es decir a los no jud\u00edos, una manifestaci\u00f3n de las dos grandes cualidades que toda la tradici\u00f3n prof\u00e9tica le atribuye: la gracia y la fidelidad. Lo que dice aqu\u00ed Pablo va m\u00e1s all\u00e1 seguramente del caso de los jud\u00edos y de los no jud\u00edos. Si creemos que Dios hizo de la creaci\u00f3n su juego (un hind\u00fa dir\u00eda su danza), y que quiso expresar en el tiempo lo que El es y lo que vive en la eternidad, tenemos all\u00ed la clave para comprender que haya querido, tanto revelarse a una minor\u00eda, como salvar a una mayor\u00eda de los hombres sin que ella tomara parte en esta revelaci\u00f3n.
Con los primeros El hace la experiencia de una relaci\u00f3n mutua que es ya en el tiempo lo que ser\u00e1 en la eternidad: all\u00ed cabe la palabra {C}fidelidad{/}. All\u00ed Dios hace promesas, nosotros le respondemos, le lanzamos desaf\u00edos, le amamos libremente, y la eternidad est\u00e1 all\u00ed totalmente, aunque en la sombra. Fue lo mismo que vivi\u00f3 en Galilea el Verbo eterno, una historia que no fue m\u00e1s que un instante en el tiempo de los hombres pero en la que estaba encerrado el todo de Dios.
Estamos mal ubicados para decir lo que Dios hace con los dem\u00e1s, con los que no han conocido a Dios hecho carne. Sin embargo Pablo habla de {C}gracia{/}, y bajo esa palabra tan el\u00e1stica pone todo lo imprevisto de las fantas\u00edas divinas. Es probable que nuestro pasar del tiempo a la eternidad de Dios entra\u00f1e un vuelco desconcertante de todos los valores, y que Dios no pueda conducir a El a toda la historia humana sin que al cabo se tenga la impresi\u00f3n de que todos se equivocaron sobre lo que se esperaba de ellos y que la fiesta es pura y sencillamente lo que han hecho de ella la fantas\u00eda y la generosidad de Dios. Y la alegr\u00eda ser\u00e1 m\u00e1s grande por vibrar la humanidad, y para siembre, con la sorpresa de "aquellos a los que \u00e9l no hab\u00eda sido anunciado" (Ro 15,21).

{N}16,{/}7 Se quisiera que Junias (nombre masculino) fuera Junia o Julia, tal como lo escriben algunos de los textos m\u00e1s antiguos, y que haya sido la mujer de Andr\u00f3nico, compartiendo con \u00e9l el t\u00edtulo de ap\u00f3stol otorgado a los fundadores de las Iglesias. Eso autorizar\u00eda algunas discusiones, no sin el riesgo de caer en el "preteritismo", es decir, en el error de querer hacer algo nuevo copiando el pasado. Todo es posible, pero primero habr\u00eda que saber si la palabra {C}ap\u00f3stol{/} estaba ya bien definida.

