{N}8{/},1 Parece que esta profec\u00eda, como el p\u00e1rrafo 6,12, apuntaba al principio a Zorobabel, descendiente de David y de los reyes de Jud\u00e1, que hab\u00eda encabezado una de las primeras caravanas de los deportados  de Babilonia que volv\u00edan a Jerusal\u00e9n. Tambi\u00e9n el profeta Ageo (Ag 2,20) alentaba al pr\u00edncipe y le transmit\u00eda los or\u00e1culos divinos que le promet\u00edan un gran porvenir: con \u00e9l empezar\u00edan los tiempos mesi\u00e1nicos.
Este g\u00e9nero de profec\u00edas hab\u00edan constituido la tarea de los profetas reales en todos los pa\u00edses de Oriente Medio, pero no se encuentra en los grandes profetas de la Biblia, siempre independientes del poder. Es curioso que aqu\u00ed, el \u00fanico caso en la Biblia, dos de los \u00faltimos profetas sigan el mismo camino. Y, como por azar, su profec\u00eda no se realizar\u00e1. Posteriormente se modificar\u00e1n un poco sus palabras, para que las promesas designen a los sacerdotes que van a tomar pronto el poder, y as\u00ed entrar\u00e1n en la Biblia. Ellos ayudar\u00e1n a mantener la espera de un Mes\u00edas.
Ser\u00eda demasiado largo citar los ejemplos de santos y santas de la historia cristiana que se han entusiasmado tambi\u00e9n por un rey u otro, afirmando que \u00e9l ser\u00eda la gloria de la Iglesia, y casi siempre el porvenir no pas\u00f3 de una pura decepci\u00f3n.

