{N}6,{/}32 En este lugar el relato parece un poco incoherente: el rey de Israel, que no es nombrado, achaca a Eliseo la situaci\u00f3n tr\u00e1gica en la que se ve envuelto. Quiere matarlo, pero despu\u00e9s, sin transici\u00f3n, rectifica y le consulta. El profeta juega un papel dif\u00edcil: se espera de \u00e9l que transmita al rey palabras de Dios favorables, como ocurr\u00eda en todos los pa\u00edses de Oriente Medio, y los profetas conoc\u00edan el arte de  decir lo que les iba a gustar sin comprometerse jam\u00e1s. El profeta de Israel, en cambio, obedece a un esp\u00edritu que no se deja sobornar. Su arraigo en el pueblo, y de modo especial en un mundo de pobres, como eran los "hijos de los profetas" que vemos en torno a \u00e9l en los cap\u00edtulos precedentes, le ayuda a mantenerse independiente y cr\u00edtico.

