{N}1,{/}53 Desde el principio de este libro que pondr\u00e1 de relieve la santidad divina, la Morada del Testimonio, lugar de la presencia divina, es separada del pueblo por el campamento de los levitas. La presencia de este \u00e9lite del pueblo santo m\u00e1s enteramente consagrados a Dios, evita que individuos com\u00fan y corrientes, contaminados por las mil impurezas de la vda profana, se quemen o se quiebren al entrar en contacto con el Dios Santo. El texto habla de la {C}c\u00f3lera{/}: \u00e9sta designa cualquier desgracia que pudiera sobrevenir a consecuencia del justo disgusto de Dios.
Aqu\u00ed, pues, encontramos una de las leyes fundamentales que rigen la existncia del pueblo de Dios, expresada en un lenguaje para nosotros un poco anticuado. Un pueblo elegido y privilegiado bajo muchos aspectos no tiene sentido si no es sal de la tierra.

{N}7,{/}1 Este cap\u00edtulo, mucho m\u00e1s a\u00fan que los anteriores, puede asombrarnos con la repetici\u00f3n interminable de las mismas cifras y de las mismas ofrendas. Pero no se trata de recortarlo, as\u00ed como no se corta una gran procesi\u00f3n o las ciento cincuenta ave mar\u00edas del rosario. La rutina de la vida con la interminable continuaci\u00f3n de las mismas tareas que acaban haci\u00e9ndose de manera autom\u00e1tica forma parte de la acsesis que prepara para los dones de Dios. Durante miles de a\u00f1os las mujeres en especial han gastado sus fuerzas y perdido su belleza y salud en el lavado, la preparaci\u00f3n del fuego y los remiendos: a lo mejor delante de Dios eso no era tan embrutecedor como aburrirse frente a la televisi\u00f3n, pasando de un canal a otro, en una desesperada b\u00fasqueda de satisfacer esa "avidez de los ojos" de que habla Juan (1 Jn 2,15). Todos los grandes espirituales han aceptado seguir ese camino de la fidelidad en la monoton\u00eda -que para muchos es \u00e9l de un trabajo poco gratificante- en donde se acaba por habituarse o fatigarse tanto que se pierde la propiedad de s\u00ed mismo, y a lo mejor entonces sonar\u00e1 la hora de Dios.

{N}8,{/}5 {N}LOS LEVITAS{/}
Este cap\u00edtulo completa lo que se ley\u00f3 en Exodo 13, 1-4 y 11-15. Israel pertenece totalmente a Yav\u00e9. La d\u00e9cima plaga con la muerte de los primog\u00e9nitos egipcios muestra que la reinvindicaci\u00f3n de Yav\u00e9 se concentra en los primog\u00e9nitos. Estos deben pues ser rescatados: al principio son presentados en el Templo cuando la madre, en el cuadrag\u00e9simo d\u00eda despu\u00e9s del parto, va a "purificarse de su sangre" (Lev 12; Lc 2,22). Pero Dios exige un don m\u00e1s personal: una tribu de entre las doce, la de Lev\u00ed, reemplaza a los primog\u00e9nitos de todo el pueblo y es consagrada al culto de Dios. Esa tribu no tiene territorio propio y se consagra al servicio del Templo; vive de los diezmos que le remiten las dem\u00e1s tribus y que son destinados al culto..

{N}9,{/}15 {N}LA MORADA Y LA TIENDA{/}
Aqu\u00ed al igual que en otros lugares del Exodo y de los N\u00fameros (3,25) La Morada cuya construcci\u00f3n ocupa la mayor parte del Exodo 25-40 se identifica con la Tienda del Testimonio. Es claro adem\u00e1s que el libro del Exodo habla indiferentemente de la Tienda del Testimonio y de la Tienda de las Citas.
Digamos en primer lugar que las dos palabras {C}Testimonio {/}y {C}Citas{/} son parientes entre s\u00ed en hebreo. {C}Testimonio{/} es el Testimonio o Declaraci\u00f3n Divina que se guarda en el Arca y que se expresa entre otras cosas a trav\u00e9s de los Diez Mandamientos. {C}Citas{/}: es el lugar donde Dios cita a Mois\u00e9s cuando quiere conversar con \u00e9l (Ex 29,42; Num 12,5; 17,7-8). En ambos casos se trata de una tienda en cuyo secreto Dios se manifiesta \u00fanicamente a Mois\u00e9s (Num 12,5).
Pero cuando luego se quiso montar toda la ficci\u00f3n de la Morada grandiosa, primer esbozo del Templo de Jerusal\u00e9n, se la quiso identificar con esa Tienda de la cual conservaban el recuerdo las tradiciones m\u00e1s antiguas (ver especialmente Ex 38,21). En realidad, si se quer\u00eda una Morada grandiosa para el culto divinmo, se so\u00f1aba m\u00e1s bien en un tiempo en que Dios citaba a su amigo y le hablaba cara a cara (Num 12,7-8). En todo el libro de Job est\u00e1 impl\u00edcito este sue\u00f1o que los profetas acariciaron de vez en cuando (Is 30,20).
El presente p\u00e1rrafo hace el elogio de un tiempo en el que Dios interven\u00eda personalmente, daba \u00f3rdenes y tomaba en sus manos la direcci\u00f3n del pueblo. Ya hemos tenido ocasi\u00f3n de recordar que los libros santos presentan la historia pasada como una gran epopeya en la que Dios llevaba soberanamente todas las cosas a un t\u00e9rmino en el que quedaban de manifiesto su justicia y su salvaci\u00f3n. Se lo ve desde la historia de Abrah\u00e1n, se lo vuelve a ver en el libro de Josu\u00e9, y mucho despu\u00e9s, en las Cr\u00f3nicas. Pero eso era un punto de vista de fe, y por el momento los que fueron los actores de la historia tuvieron una experiencia bastante diferente: lo poco que se hab\u00eda hecho con grandes esfuerzos conten\u00eda muchas sombras y la presencia de Dios hab\u00eda sido com\u00fanmente muy discreta, aun cuando no se dudara de ella. En varios lugares vemos la extra\u00f1eza e incluso el esc\u00e1ndalo del creyente que compara lo que ocurre ante sus ojos con lo que las tradiciones cuentan del pasado y no comprende que Dios haya cambiado (Sal 77): \u00bfPor qu\u00e9 los cielos est\u00e1n ahora cerrados y ya no responden? (Is 63,7-16; Sal 74,9-10).
\u00bfQu\u00e9 secreto deseo impuls\u00f3 a los hombres de fe a hacer al pasado m\u00e1s bello de lo que fue y a Dios m\u00e1s generoso? En  primer lugar, se ha proyectado sobre la historia antigua todo lo que se habr\u00eda querido ver en el presente, comenzando por la historia de Ad\u00e1n y siguiendo por la de Mois\u00e9s y la de David; pero luego se ha proyectado hacia el futuro lo que se le\u00eda en los libros de historia, y se ha comenzado a esperar. Fue el aguij\u00f3n de la esperanza lo que hizo madurar en Israel la espera de una era nueva con un Mes\u00edas enviado por Dios. En todas las culturas se hab\u00eda puesto una edad de oro al comienzo de los tiempos, pero luego se decidi\u00f3 que no habr\u00eda m\u00e1s que una edad de hierro. En verdad en todas las latitudes ha habido hombres y mujeres que "han esperado contra toda esperanza" (Rom 4,18), pero ciertamente fue en la revelaci\u00f3n b\u00edblica en donde la locura de la esperanza se instal\u00f3 m\u00e1s profundamente.

{N}11,{/}13 {N}LAS CODORNICES{/} 
Dijimos en el comentario que en este cap\u00edtulo se combinaron dos tradiciones: la del man\u00e1 y la relativa a los ancianos, que de hecho son los jueces (Ex 18; Dt 1,9). Salta a la vista que el hilo del relato pasa de las quejas del pueblo en 1-6 a los vers\u00edculos 18-23 y a su conclusi\u00f3n en 31-35. Esa tradici\u00f3n del man\u00e1 debi\u00f3 haber sido muy antigua a juzgar por los vers\u00edculos 7-9 que guardaron el contacto con la realidad (como Ex 16,14 y 31): el mana era una especie de resina que se recog\u00eda por debajo o por encima de algunos arbustos. En cuanto a las codornices, comp\u00e1rese con Ex 16,12 yj Num 11,18.
Esta historia del pueblo que quiere carne es en la Biblia uno de los ejemplos de que Dios juega con lo que le pedimos. No basta con decir Dios escucha nuestras plegarias cuando \u00e9l juzga que lo que le pedimos ser\u00e1 \u00fatil para nosotros, pues si no nos oye es porque necesitamos otra cosa. Dios nos conduce por un camino en el que debemos aprender a conocernos a nosotros mismos y tambi\u00e9n a conocerlo a \u00e9l. S\u00f3lo \u00e9l sabe lo que hay en nuestras peticiones y lo que hay en el fondo de nuestro deseo. All\u00ed es donde \u00e9l quiere trabajar. Habr\u00e1 muchas veces en que la oraci\u00f3n hecha con fe ser\u00e1 acogida y en que se reconocer\u00e1 la generosidad de Dios, pero habr\u00e1 otras en que nadie podr\u00e1 dar una explicaci\u00f3n como aconteci\u00f3 con esas codornices que llegan por milagro y que inmediatamente provocan la muerte: una vez m\u00e1s debemos aqu\u00ed callarnos ante el misterio, o la santidad de Dios.

{N}11,{/}24 {N}LOS ANCIANOS{/}
El Exodo 18 ve\u00eda el origen de los jueces, o Ancianos, en una sugerencia del suegro madianita de Mois\u00e9s. Aqu\u00ed, en cambio, es Dios quien lo ordena. Como sea, estos ancianos ser\u00e1n la autoridad con m\u00e1s profundas ra\u00edces en la tradici\u00f3n israelita. En tiempos de los reyes, el poder central va a reducir su rol y los manipular\u00e1, como se ve en 1 R 21,8-12. Volver\u00e1n a ocupar el primer lugar durante el Exilio en Babilonia, como se puede ver en Ezequiel (8,1; 14,1; 20,1). De vuelta del Exilio su autoridad se combinar\u00e1 con la de los sacerdotes: el sanedr\u00edn o consejo supremo del pueblo jud\u00edo en tiempos del Nuevo Testamento estar\u00e1 compuesto por sacerdotes, ancianos y maestros de la Ley. De hecho, esos ancianos son los jefes de las m\u00e1s importantes familias. Pero, fuera de Palestina, en todas las comunidades diseminadas entre las naciones, los sacerdotes no desempe\u00f1ar\u00e1n un rol activo, ya que el Templo no est\u00e1 all\u00ed, y quienes tendr\u00e1n la autoridad en las sinagogas ser\u00e1n los ancianos. 
Los ancianos expresan la idea de un pueblo de Dios hecho de comunidades, en que los jefes no se sienten superiores a la comunidad y los problemas se solucionan en forma humana m\u00e1s que administrativa. Est\u00e1n al opuesto de una autoridad que pretende imponerse desde arriba. La Biblia reserva el derecho del rey y del sumo sacerdote, elegidos de Dios, pero mantiene una actitud cr\u00edtica cuando  un jefe pretende hacerse el due\u00f1o del pueblo de Dios (1Sam 8,11; 2Sam 24; 1Re 12). El d\u00eda que el Apocalipsis nos muestre al pueblo de Dios congregado en el cielo para recibir a Cristo que se presenta victorioso, veinticuatro ancianos son sus representantes y est\u00e1n sentados alrededor del trono: ya no se habla de reyes (Ap 4,4).
No olvidemos que en la Iglesia primitiva, la autoridad de los ap\u00f3stoles, aut\u00e9nticos testigos de Cristo y de la fe, no disminu\u00eda en nada la de los ancianos. Para elegirlos se segu\u00eda el modelo de las sinagogas; presid\u00edan la comunidad y su eucarist\u00eda, pero el hecho de que la palabra {C}anciano{/} haya tenido el mismo sentido que {C}presb\u00edtero {/}no significa en absoluto que hayan sido los equivalentes a los "presb\u00edteros" de hoy. En el N.T. los ap\u00f3stoles son fieles al esp\u00edritu comunitario del pasado y al mismo tiempo conscientes de su autoridad como testigosde Cristo; no por casualidad Pedro y Juan se dan a s\u00ed mismos el t\u00edtulo de ancianos (1P 5,1; 2Jn 1; 3Jn 1).
La comunicaci\u00f3n del esp\u00edritu a los ancianos entra\u00f1a varias ense\u00f1anzas. Por una parte, las autoridades del pueblo de Dios no pueden decidir m\u00e1s que bajo la inspiraci\u00f3ns de la sabidur\u00eda divina; pero tambi\u00e9n el esp\u00edritu que reciben los ancianos es aquel mismo que resid\u00eda en Mois\u00e9s, y esto significa que nadie podr\u00e1 cambiar las bases de la revealaci\u00f3n. Puede sorprendernos el que el Deuteronomio prevea la venida del Profeta al que todos deber\u00e1n escuchar: gracias a este texto se queda abierto el porvenir, y si bien Jes\u00fas recuerde la inspiraci\u00f3n divina de la Ley, no por eso se creer\u00e1 obligado a quedarse dentro de los marcos de Mois\u00e9s.

{N}14,{/}11 {N} DIOS PERDONA{/}
La siguiente p\u00e1gina y la oraci\u00f3n de Mois\u00e9s son muy semejantes a lo que le\u00edmos en Exodo 32,9,13. Encontraremos algo equivalente en Jerem\u00edas. Este di\u00e1logo es ciertamente una manera de expresar tanto lo que debiera ser la reacci\u00f3n de un Dios justo que castiga la desobediencia como cual ser\u00e1 la actitud de Dios que ve m\u00e1s all\u00e1 del momento presente. El nunca se sentir\u00e1 disminuido por nuestras faltas, lo perdona todo castigando. Podr\u00eda pensarse que este "perd\u00f3n de Dios" muestra  solamente la continuidad de su obra a trav\u00e9s de las edades: castiga a la generaci\u00f3n presente, la que no entrar\u00e1 enm la Tierra, pero no detendr\u00e1 la obra que ha emprendido al elegirse un pueblo. Esa obra debe continuarse hasta el fin de la historia.
Sin embargo la palabra perdonar da a entender algo m\u00e1s. No hay nada en Dios que recuerde las peque\u00f1eces de nuestra psicolog\u00eda; al contrario el ES en el nivel m\u00e1s amplio la capacidad de darse en la comprensi\u00f3n y el amor o el juego mutuo. Y por profundo que sea el misterio de Dios es soberanamente importante para nosotros sostener esta palabra de perd\u00f3n, que s\u00f3lo tendr\u00e1 sentido all\u00ed donde haya mirada mutua y deuda verdadera que el amor reconoce. No le pidamos al libro de los N\u00fameros, pues aqu\u00ed se trata de tradiciones antiguas, el desarrollo y las finezas que ir\u00e1n apareciendo despu\u00e9s. Los profetas, por sobre todo, m\u00e1s que de la paciencia de Dios hablar\u00e1n de su fidelidad; y posteriormente vendr\u00e1 la conciencia de una relaci\u00f3n mutua entre Dios y la persona humana en un solo Esp\u00edritu (1 Cor 6,17). All\u00ed todo es perdonado, y Dios es m\u00e1s que paciente puesto que ya se ha entregado a s\u00ed mismo.

{N}17,{/}1 {N}EL DIOS QUE CASTIGA{/}
Otra vez en este relato, "Dios castiga". Algunos, al leer con demasiada prisa, no descubren aqu\u00ed sino esta ense\u00f1zanza, siempre la misma: los que se portan mal ser\u00e1n castigados. En el presente caso se hablar\u00e1 de aquellos que se rebelan contra los representantes de Dios. Otras personas se quedar\u00e1n con la idea de un Dios muy enojadizo y rencoroso y har\u00e1n suya la queja de los israelitas en 17,27: Si seguimos as\u00ed, vamos a perecer todos. 
No debe sorprendernos que en esos libros Dios act\u00fae con autoridad, se enoje y castigue, aun en ocasiones en que los culpables actuaron tal vez con ignorancia. Y \u00bfqu\u00e9 le importa a \u00e9l, hoy, si dichas actuaciones nos escandalizan (ver el libro de Job)? Esta fuera de duda que Dios se adapta a la imagen que de \u00e9l nos hacemos. A diferencia del profesor que adoctrina sin preocupar mayormente por c\u00f3mo sus palabras ser\u00e1n interpretadas, Dios habla a cada cual con el lenguaje que le es familiar. Devuelve a cada uno sus propias condenaciones y da a los que reprende las se\u00f1ales que podr\u00e1n interpretar. Siendo que Dios quer\u00eda revelarse a un pueblo todav\u00eda primitivo, acostumbrado a una justicia expeditiva que ignorabalas motivaciones de los culpables, no pod\u00eda sino adoptar sus modales.
Aun en caso de que esta historia fuera ver\u00eddica, \u00bfque perdieron los culpables? \u00bfA qu\u00e9 felicidad y a cu\u00e1ntos a\u00f1os de vida ten\u00edan derecho ante Dios? \u00bfPodemos hablar de autoritad cuando nos referimos al que desde los or\u00edgenes ha visto todas nuestras vidas? En \u00e9l ya no cuentan el n\u00famero de nos d\u00eda en la tierra ni los a\u00f1os en que pudimos gozar de una jubilaci\u00f3n, ni los sufrimientos, tal vez horribles, que nos llevaron a nuestra madurez eterna.

{N}14,{/}20 Lo que sigue alude en realidad a antiguas tradiciones sobre la penetraci\u00f3n en Palestina de algunas tribus del sur; v\u00e9anse los comentarios de Ex 17,8 y la nota sobre Gen 49,3.

{N}18,{/}1 Este cap\u00edtulo reafirma m\u00e1s fuertemente que cualquier otro la superioridad de los sacerdotes sobre los simples levitas. Se sabe que hasta la reforma del rey Jos\u00edas no se hac\u00eda distinci\u00f3n entre esos dos t\u00e9rminos. La llegada a Jerusal\u00e9n de todos aquellos que atend\u00edan a los santuarios de las provincias, ahora eliminados, fue la ocasi\u00f3n de atribuirles un rango inferior al de los sacerdotes del templo de Jerusal\u00e9n. Entonces quisieron justificar esta situaci\u00f3n nueva con textos insertados los mismos libros de Mois\u00e9s, que distingu\u00edan entre {C}levitas{/} e {C}hijos de Aar\u00f3n{/}. Ya se manifiestan preocupaciones y normas que defienden a las castas privilegiadas y que deb\u00edan fomentar el clericalismo hasta en la Iglesia.

{N}21,{/}33 Se encontrar\u00e1n en muchos lugares de la Biblia los nombres asociados de Sij\u00f3n, rey de Hesb\u00f3n y de Og, rey del Basan. De hecho, Og es un personaje leyendario y su menci\u00f3n fue a\u00f1adida para fundamentar las reivencicaciones de Israael sobre el territorio de Bas\u00e1n, al otro lado del Jord\u00e1n, un territorio que, de hecho, nunca ocuparon.

{N}22,{/}9 {N}BALAAM{/}
V\u00e9ase la nota sobre Gen 32,27. Los pueblos del otro lado del Jord\u00e1n conservaban el recuerdo de un cierto Balaam, el que hab\u00eda pasado a la historia como un verdadero y poderoso profeta del Dios de Penuel. Se ve aqu\u00ed que el autor sagrado est\u00e1 dividido entre dos representaciones de Balaam: por un lado no pod\u00eda negar la tradici\u00f3n que hac\u00eda de \u00e9l un hombre de Dios; pero, por otro, si Balaam, que hab\u00eda sido conocido por el vigor de sus reproches, ven\u00eda a maldecir a Israel, era entonces un agente del mal. As\u00ed es como por momentos nos muestra a Balaam hablando familiarmente con Yav\u00e9, e inmediatamente despu\u00e9s Yav\u00e9 se enoja porque Balaam responde al llamado de Balac. Lo que domina el relato es la simpat\u00eda hacia Balaam; el temido profeta proclamar\u00e1 esa vez que Israel es un pueblo de justos (23,10 y 21) y que el porvenir le pertenece. En cambio, en la tradici\u00f3n posterior, Balaam ser\u00e1 considerado como un profeta perverso que se deja comprar. N\u00fam 31.16; 2 P 2,15; Jud 1,11; Apoc 2,14.
Una vez m\u00e1s vemos aqu\u00ed tradiciones opuestas en la Biblia. Se podr\u00e1 ver aqu\u00ed la incoherencia de un relato que se surti\u00f3 de diversas fuentes; se puede tambi\u00e9n leerlo como una Palabra de Dios que nos llama a superar los esquemas partidistas. En general el punto de vista de Dios no coincide con las clasificaciones sectarias o apasionadas de la verdadera religi\u00f3n.

{N}24{/},1 Hace unos treinta a\u00f1os se descubrieron cerca de Penuel los restos de un santuario en cuyas paredes estaban pintadas las estrofas de un poema atribuido a un profeta que deb\u00eda haber pronunciado all\u00ed sus or\u00e1culos. Se trataba de Bala\u00e1n. Estos restos datan del siglo octavo antes de nuestra era, y es el tiempo de Jerobo\u00e1n II en Israel. Los poemas que nosotros leemos en 23,7; 23,18; 24,3... retoman las mismas f\u00f3rmulas y deben haberse inspirado en los frescos de este santuario. S\u00f3lo hacen menci\u00f3n de Israel y de Jacob, dos nombres que eran de hecho los del reino de Jerobo\u00e1n II. \u00bfA qu\u00e9 victoria se refer\u00edan en 24,17? Es muy probable que el texto haya sido retocado un poco m\u00e1s tarde, tras la ca\u00edda del reino del norte, para aplicarlo mejor a los reyes de Jud\u00e1 descendientes de David, que se manten\u00edan a\u00fan en el trono.
Estos datos arrojan una luz sobre los or\u00edgenes y las artima\u00f1as de los "hijos de los profetas" que menciona la Biblia, lo que no quiere decir que sucediera lo mismo en todas partes: en este campo Israel estaba en una situaci\u00f3n mucho m\u00e1s sana que un pueblo como el asirio y era mucho m\u00e1s reticente a su respecto. El libro sagrado da sobre ellos juicios diversos, positivos al principio y generalmente negativos despu\u00e9s del tiempo de Eliseo, que se hab\u00eda apoyado en ellos. Se comprende, pues, el proverbio: \u00bfTambi\u00e9n Sa\u00fal est\u00e1 profetizando? Y su padre, \u00bf no es un caballero?

{N}35,{/}22 {N}EL SUMO SACERDOTE{/}
V\u00e9ase la prescripci\u00f3n de los vers\u00edculos 25 y 28: hasta la muerte del Sumo Sacerdote.
El Sumo Sacerdote no es s\u00f3lo el encargado de cumplir ritos. Desde el momento en que ha sido consagrado por una unci\u00f3n muy solemne (Ex 29; Lev 8) pasa a ser y lo ser\u00e1 hasta su muerte un parapeto contra los azotes divinos. Como se vio en los episodios dedicados a Aar\u00f3n \u00e9l es quien protege al pueblo de la c\u00f3lera de Dios (N\u00fam 17,12). El tiene el tremendo privilegio de entrar cada a\u00f1o para la Fiesta del Perd\u00f3n en el santuario m\u00e1s rec\u00f3ndito del Templo, el Santo de los Santos (Heb 9,7). All\u00ed derrama sobre la cubierta del Arca, el Instrumento de Expiaci\u00f3n, la sangre de la vaca sacrificada  (Num 19). La vestimenta sagrada que lleva son una parte esencial del rito, de ah\u00ed el lugar que ocupan en el Exodo las reglas de su confecci\u00f3n (Ex 26 y 39). En tiempos de Jes\u00fas, bajo la ocupaci\u00f3n romana, el gobernador guardaba esa vestimenta y s\u00f3lo la entregaba en el momento de la Fiesta para recuperarla inmediatamente: ese era el medio de que dispon\u00eda para tener al Sumo Sacerdote a su merced.
La muerte del Sumo Sacerdote era ocasi\u00f3n de una amnist\u00eda semejante a la que acompa\u00f1aba al a\u00f1o del Jubileo. En tiempos de Jes\u00fas, las mujeres de la familia del Sumo Sacerdote se preocupaban especialmente de los presos y les daban limosnas para que no tuvieran la idea de pedirle a Dios que apresurara su salida de la prisi\u00f3n caus\u00e1ndole la muerte al Sumo Sacerdote. El precepto que se lee en Ex 22,27 se refiere especialmente al Sumo Sacerdote. Se comprender\u00e1 entonces que ese ungido o Mes\u00edas del Se\u00f1or sea un personaje sagrado (en lenguaje b\u00edblico, una persona santa) a pesar de sus aspectos negativos. V\u00e9ase a prop\u00f3sito de esto la presentaci\u00f3n de Cristo como el Sumo Sacerdote de los nuevos tiempos en Heb cap 5-10.

