{2}CARTA DE SANTIAGO{/}

La carta de Santiago siempre ha creado problemas. Desde los tiempos de la Iglesia antigua, que no la acept\u00f3 un\u00e1nimemente entre los escritos inspirados, hasta nuestros d\u00edas, en los que sigue creando dificultades, pasando por el tiempo de la Reforma: \u00aben contra de Pablo, ense\u00f1a la justificaci\u00f3n por las obras; no predica a Cristo, sino la ley y una fe general en Dios\u00bb (es el juicio de Lutero; por esas razones la excluye de la Biblia). Desde luego, es el escrito de m\u00e1s acentuado cu\u00f1o jud\u00edo de todo el NT. En \u00e9l se entremezclan constantemente los elementos jud\u00edos y cristianos. Nada sorprendente, por otra parte, ya que el cristianismo no s\u00f3lo naci\u00f3 del juda\u00edsmo, sino que hered\u00f3 de \u00e9l una parte importante de su \u00e9tica.
La carta de Santiago, que s\u00f3lo lo es en sentido propio en sus primeros versos, es \u00abcat\u00f3lica\u00bb. Recoge, por ello mismo, verdades de validez universal y que afectan a todos. Es evidente que no tenemos en ella todo el evangelio. M\u00e1s a\u00fan, no encontramos ni lo esencial del mismo, la exposici\u00f3n del misterio pascual. Incluso los ejemplos propuestos a los destinatarios para estimular su aut\u00e9ntica vida y conducta cristianas est\u00e1n tomados del AT. Pero todo esto es presentado descubriendo y describiendo, al mismo tiempo, toda la dimensi\u00f3n de la existencia cristiana. Por consiguiente, estamos ante un documento cristiano. A\u00f1\u00e1dase, como prueba de ello, la exhortaci\u00f3n al de condici\u00f3n humilde a gloriarse en su exaltaci\u00f3n [Sant_1,9]. As\u00ed s\u00f3lo hablaba san Pablo; ning\u00fan maestro jud\u00edo. El ser engendrados por la palabra [Sant_1,18] tiene sus ra\u00edces en el cuarto evangelio. El \u00abnombre que ha sido invocado entre vosotros\u00bb [Sant_2,7] hace referencia al bautismo. El principio de la no distinci\u00f3n entre ricos y pobres es espec\u00edficamente cristiano.
Creemos in\u00fatil buscar una estructuraci\u00f3n real y objetiva en la carta. No existen unos principios claros conforme a los cuales vaya desarroll\u00e1ndose el pensamiento con l\u00f3gica. Esto no existe en la carta. Tenemos, m\u00e1s bien, una serie o cadena de amonestaciones, grupos de proverbios o simples proverbios aislados, yuxtapuestos o unidos mediante palabras clave, que son utilizadas a modo de cadena para hacer avanzar el pensamiento o simplemente exponerlo.
En cuanto al autor, la atribuci\u00f3n a Santiago, el hermano del Se\u00f1or y obispo de Jerusal\u00e9n, carece de fundamento s\u00f3lido: no ofrece rasgo alguno que nos haga pensar que su autor conociera a Jes\u00fas; la problem\u00e1tica que recoge, por ejemplo la relativa a la fe y a las obras, es posterior a la muerte de Santiago; esta atribuci\u00f3n es tard\u00eda. La carta es an\u00f3nima, y nos hace pensar en un tiempo bastante posterior a Pablo, cuando el movimiento gn\u00f3stico hab\u00eda comenzado a intranquilizar a la comunidad cristiana.

