{2}QOH\u00c9LET{/}

{K}1. T\u00edtulo y origen.{/} El libro se titula \u00abPalabras de Qoh\u00e9let, hijo de David, rey de Jerusal\u00e9n\u00bb. Aparece, pues, atribuido a Salom\u00f3n, como ocurre con otros textos sapienciales; recurso que se reitera m\u00e1s de una vez a lo largo del libro. Sin embargo, debido al tipo de lengua, que ciertamente es posterior a la de Esdras y Nehem\u00edas, y a algunas dependencias literarias y ling\u00fc\u00edsticas, entre las que no puede desecharse un cierto influjo hel\u00e9nico, normalmente se lo fecha en la segunda mitad del s. III a.C. En la cuarta cueva de Qumr\u00e1n se han encontrado fragmentos datables de hacia el a\u00f1o 150 a.C., que obligan a suponer que para esa \u00e9poca hab\u00eda alcanzado ya un cierto reconocimiento.
M\u00e1s problem\u00e1tica resulta la interpretaci\u00f3n del vocablo Qoh\u00e9let, que da nombre al libro y que la tradici\u00f3n entendi\u00f3 como pseud\u00f3nimo de Salom\u00f3n. Es un participio femenino de la ra\u00edz qhl (=reunir la asamblea), que debe ser entendido como nombre de oficio, ya que ning\u00fan personaje femenino parece haber congregado nunca la asamblea en Israel. Hoy tiende a interpretarse, a partir del significado que la ra\u00edz tiene en \u00e1rabe y siriaco, como \u00abdiscutir\u00bb o \u00abarg\u00fcir\u00bb. Podr\u00edamos traducir el t\u00edtulo por \u00abPalabras de la Discusi\u00f3n, hijo de David, rey de Jerusal\u00e9n\u00bb. Se atribuyen as\u00ed a Salom\u00f3n tambi\u00e9n los resultados de la sabidur\u00eda cr\u00edtica de Israel. En efecto, \u00abdiscutir\u00bb, es el tema principal del libro. Qoh\u00e9let discute los logros de la sabidur\u00eda tradicional, que de forma demasiado optimista y poco cr\u00edtica cre\u00eda haber dado raz\u00f3n del funcionamiento de la creaci\u00f3n.
El t\u00e9rmino Qoh\u00e9let fue traducido al griego como \u00abekklesiast\u00e9s\u00bb, es decir, predicador, y de ah\u00ed su nombre en la tradici\u00f3n latina.
2. Contenido. A pesar de diversos intentos, no se puede se\u00f1alar una estructura o plan determinado en el libro que merezca la aceptaci\u00f3n mayoritaria. Dejando aparte [Qo_1,1] a [Qo_1,11], que puede entenderse como un sumario del conjunto del libro, de manera que Qoh\u00e9let empieza propiamente en [Qo_1,12]; y [Qo_12,8] a [Qo_12,14], que constituye un doble ep\u00edlogo no salido ya de la mano del autor, lo que encontramos en el cuerpo del libro entre [Qo_1,12] y [Qo_12,7] es una colecci\u00f3n de formas literarias propias de la sabidur\u00eda, entre las que sobresalen el masal, la confesi\u00f3n y el poema sapiencial. El m\u00e1s bello de estos \u00faltimos en Qoh\u00e9let es el \u00abPoema sobre la juventud y la vejez\u00bb [Qo_11,7] a [Qo_12,7].
Algunos de los proverbios que aparecen son de corte m\u00e1s tradicional y propios de la sabidur\u00eda antigua y, por tanto, con una visi\u00f3n optimista de la realidad. Sin embargo, la mayor parte del libro, y en concreto lo que est\u00e1 redactado como confesi\u00f3n -en primera persona del singular-, se caracteriza por cuestionar, de forma radical y no exenta de cierto escepticismo, el valor de la realidad creada. Las realidades de la vida que el hombre se esfuerza por conseguir le parecen a Qoh\u00e9let vac\u00edas por dentro: la riqueza, el trabajo, la misma sabidur\u00eda, todo aquello en lo que el hombre pone su coraz\u00f3n, est\u00e1, en \u00faltimo t\u00e9rmino, vac\u00edo. De ah\u00ed el estribillo que se repite a lo largo del libro: \u00abtodo es un soplo\u00bb. Eso no impide que Qoh\u00e9let exhorte al hombre a aprovecharse de las cosas buenas, pero en el fondo peque\u00f1as, que la creaci\u00f3n puede ofrecer. Pero, adem\u00e1s, Qoh\u00e9let ha perdido su confianza en el orden inmanente del mundo, que era el n\u00facleo de la concepci\u00f3n de la sabidur\u00eda antigua. Hay una serie de realidades que vienen a negar al sentido de la existencia. Entre otras, la injusticia, la desproporci\u00f3n entre la actuaci\u00f3n del hombre y su resultado y, en definitiva, la muerte, que iguala al justo con el imp\u00edo.
Al cristiano que hoy lee a Qoh\u00e9let, el libro le ha de resultar importante, m\u00e1s que por lo que dice por haber recogido la Escritura en sus p\u00e1ginas esa vivencia de insatisfacci\u00f3n existencial a la que no escapa ning\u00fan hombre, y que en algunos casos lleva a la negaci\u00f3n del sentido y, por tanto, de Dios. La radical reflexi\u00f3n de Qoh\u00e9let hizo preguntarse al israelita qu\u00e9 era lo verdaderamente definitivo, qu\u00e9 era aquello por lo que s\u00ed merec\u00eda la pena esforzarse y vivir, e incluso tambi\u00e9n morir. Pero la respuesta no la dar\u00e1 ya este libro, sino sus sucesores en la tradici\u00f3n sapiencial.

