{2}ISA\u00cdAS{/}

Isa\u00edas es uno de los profetas cuyo pensamiento ha incidido m\u00e1s directamente en la reflexi\u00f3n religiosa del pueblo elegido. Su actuaci\u00f3n hist\u00f3rica debe situarse en el s. VIII a.C., cuando el expansionismo asirio planteaba serias dificultades a la subsistencia de los reinos de Israel y Jud\u00e1. Por otra parte, la desacertada pol\u00edtica de sus propios soberanos hab\u00eda sumido al pueblo en el m\u00e1s alarmante desconcierto. Viendo c\u00f3mo la injusticia social echaba cada vez m\u00e1s hondas ra\u00edces, muchos se preguntaban qu\u00e9 hac\u00eda el Se\u00f1or. Se lleg\u00f3 a tener la sensaci\u00f3n de un total abandono divino. Para reavivar la fe y la confianza en la divinidad, decide Isa\u00edas consignar en su obra un sublime mensaje de ilusi\u00f3n esperanzada. Por eso su libro llena toda una p\u00e1gina de la azarosa historia de aquel pueblo a la deriva. Cierto que desde un punto de vista hist\u00f3rico, el reino del norte sucumbi\u00f3 ante el envite de los asirios (721 a.C.). Sin embargo, Jud\u00e1 logr\u00f3 subsistir. Y fue precisamente en el reino del sur donde el profeta atisb\u00f3 la fuerza de ese \u00abresto fiel\u00bb destinado a compartir las delicias del futuro reino mesi\u00e1nico.
El libro de Isa\u00edas es, sin duda, el aporte m\u00e1s inspirado dentro de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica. Sin embargo, son muy pocos los creyentes que han le\u00eddo toda la obra. Si se hace con calma, resulta f\u00e1cil observar cambios dr\u00e1sticos de estilo, vocabulario y proyecci\u00f3n doctrinal. Todo ello ha contribuido a que la cr\u00edtica moderna, tras someterla a un meticuloso an\u00e1lisis, haya podido descubrir en ella la presencia de tres autores diferentes: Isa\u00edas I ([Is_1,1] a [Is_39,1]), Isa\u00edas II o Deuteroisa\u00edas [Is_40,1] a [Is_55,1], Isa\u00edas III o Tritoisa\u00edas [Is_56,1] a [Is_66,1]. Cada uno de esos autores escribe en una \u00e9poca determinada, afrontando situaciones concretas, donde lo pol\u00edtico, lo religioso y lo social aparecen casi siempre muy entreverados. Ahora bien, en toda la obra domina la obsesi\u00f3n por afrontar las crisis desde una \u00f3ptica de esperanza, cifrada en la instauraci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico, en el que todos los justos (=\u00abresto fiel\u00bb) podr\u00e1n vivir sin la angustia que provoca la inseguridad sociorreligiosa.
Isa\u00edas I es, sin duda, el autor m\u00e1s conocido. Actu\u00f3 en una situaci\u00f3n de confusionismo pol\u00edtico-religioso (s. VIII a.C.). Debe acentuarse ante todo su cr\u00edtica social: denuncia la corrupci\u00f3n, los abusos y atropellos de los ricos, que explotan sin piedad a los aldeanos y campesinos. Isa\u00edas -siguiendo en este caso la l\u00ednea de Am\u00f3s- clama por instaurar un r\u00e9gimen justo, pues sin justicia no puede haber amor. Su postura religiosa se ancla en la elecci\u00f3n de David y en la santidad de Jerusal\u00e9n. Ello le permite afirmar que, a pesar de cuantos peligros se ciernen sobre el pueblo, este subsistir\u00e1, pues Jerusal\u00e9n es la morada del Se\u00f1or, que la hace con ello inviolable. Dentro de esta \u00f3ptica han de situarse sus vaticinios mesi\u00e1nicos, en los que pretende alimentar la esperanza de una liberaci\u00f3n plena (=\u00abd\u00eda del Se\u00f1or\u00bb), con el l\u00f3gico exterminio de todos los imperios opresores y la instauraci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico. Los eventos pol\u00edticos -aunque adversos, e incluso nefastos, para el pueblo elegido- nunca perturbaron la inquebrantable fe del profeta.
Isa\u00edas II (Deuteroisa\u00edas) lanza su mensaje durante el destierro babil\u00f3nico (s. VI a.C.). Destruida Jerusal\u00e9n (templo), era preciso fomentar entre los exiliados la esperanza del retorno y la consiguiente restauraci\u00f3n. Elabora, pues, una primorosa teolog\u00eda del \u00absegundo \u00e9xodo\u00bb, cuya meta se cifra en la reconstrucci\u00f3n de un reino, en el que el mes\u00edas divino podr\u00e1 instaurar su \u00e9gida de plenitud. El autor tiene que afrontar la obstinaci\u00f3n de los exiliados, cuya experiencia es del todo decepcionante. Y, vertiendo dosis de entusiasmo, logra fraguar en el destierro la m\u00e1s honda esperanza de restauraci\u00f3n mesi\u00e1nica. Deuteroisa\u00edas es un poeta enamorado de Dios y de cuantos anclan en \u00e9l su confianza.
Isa\u00edas III (Tritoisa\u00edas) se supone que actu\u00f3 despu\u00e9s del retorno de los exiliados (s. VI a.C.). Aun cuando los cr\u00edticos discrepen a la hora de pronunciarse sobre su autor y la \u00e9poca concreta en que profiri\u00f3 sus or\u00e1culos, se muestran dispuestos a empalmar su mensaje con el de Isa\u00edas II. Aunque con menos inspiraci\u00f3n po\u00e9tica, el profeta mantiene una misma l\u00ednea de pensamiento, en la que domina la tesis de la plenitud mesi\u00e1nica. Tanto que a \u00e9l recurrieron preferentemente los autores neotestamentarios a la hora de fundamentar teol\u00f3gicamente el mesianismo de Jes\u00fas ([Mt_5,34]; [Mt_21,13]; [Mc_9,48]; [Mc_11,17]; [Lc_4,18] [Lc_4,19]; [Lc_19,46]...). Isa\u00edas III hace de la esperanza ilusi\u00f3n.
Todo ello invita a ver la obra de Isa\u00edas como una aportaci\u00f3n prof\u00e9tica donde, a pesar de la diversidad de autores y \u00e9pocas, se impone la idea de una liberaci\u00f3n mesi\u00e1nica, con la que el pueblo elegido se situar\u00e1 por fin m\u00e1s all\u00e1 de la opresi\u00f3n pol\u00edtica y de la injusticia social. Y, gracias a una profunda depuraci\u00f3n religiosa, podr\u00e1 vivir feliz bajo el impulso del mes\u00edas divino, cuyo reino dar\u00e1 vida a esa paz paradis\u00edaca que el hombre perdiera a causa del pecado.

