{2}LIBROS PROF\u00c9TICOS{/}

{K}1. El profeta, un hombre de vocaci\u00f3n.{/} El vocablo hebreo para designar al profeta es nabi, participio pasivo del verbo naba, \u00abllamar\u00bb.
Un profeta, por tanto, es un \u00abllamado\u00bb, un vocacionado, un hombre que es profeta por vocaci\u00f3n divina, que ha recibido de Dios una misi\u00f3n y se considera un instrumento manejado por Dios. A diferencia de los sacerdotes, que lo eran por la sangre, por pertenecer a una familia o por elecci\u00f3n de los hombres para ejercer una funci\u00f3n, los profetas lo son por vocaci\u00f3n divina, por elecci\u00f3n de Dios para llevar a cabo una misi\u00f3n que les es encomendada por el mismo Dios. El profeta es un carism\u00e1tico, un elegido.
Arrogarse sin m\u00e1s y porque s\u00ed, sin ser llamado, por adulaci\u00f3n buscadora de honores o por mezquino inter\u00e9s econ\u00f3mico, el oficio de profeta es un gran error, que cometieron los llamados falsos profetas o pseudoprofetas, tan censurados en la Biblia.
{K}2. El profeta, la voz de Dios.{/} Profeta es el que habla en lugar de otro, en este caso en lugar de Dios. La misi\u00f3n del profeta no es anunciar el futuro -aunque este sea el sentido que la acepci\u00f3n popular da a la profec\u00eda-, sino proclamar la palabra de Dios, ser int\u00e9rprete entre Dios y los hombres. Tarea noble y gratificante, aunque tambi\u00e9n ingrata y dolorosa, tener que ser heraldo de una palabra que unas veces anuncia felicidad y bienandanza, pero otras muchas veces es fustigadora de vicios morales e injusticias sociales, pues tiene que recriminar a los poderes p\u00fablicos sus comportamientos y sus procedimientos injustos, y a las clases populares su idolatr\u00eda, su insolidaridad y su inmoralidad p\u00fablica.
El profeta es un hombre que no puede callar, pues la palabra de Dios es un fuego en sus entra\u00f1as, que no le deja vivir tranquilo hasta que sea proclamada sin miedo y con vigor; una fuerza divina, subyugante y arrolladora, le empuja irresistiblemente a ser fustigador de estos vicios, incluso contra su propio temperamento y su propia voluntad. La voz de los profetas es la voz de Dios y la voz de los que no tienen voz, de los oprimidos, de los marginados, de los explotados, de los pobres, del pueblo de la tierra.
El profeta no es otra cosa que la misma \u00abboca de Dios\u00bb, por la que Dios dice al hombre lo que \u00e9l quiere decirle en las diversas situaciones en que el hombre se encuentra. Esta, y no otra, es la misi\u00f3n del profeta: proclamar los or\u00e1culos divinos. La frase, tan frecuente en la Biblia, \u00abesto dice el Se\u00f1or\u00bb define perfectamente la misi\u00f3n del profeta: decir lo que el Se\u00f1or dice.
{K}3. El profeta, el hombre del Esp\u00edritu.{/} El profeta es un hombre inspirado, es decir, un hombre pose\u00eddo por el Esp\u00edritu, al que no puede resistir, al que forzosamente se tiene que doblegar (todas las profec\u00edas son fruto del Esp\u00edritu). Es un hombre sublimado por el Esp\u00edritu, transportado por el Esp\u00edritu a un mundo nuevo, en el que, fuera de s\u00ed, extasiado, como un m\u00edstico, con la experiencia inmediata de Dios, recibe la comunicaci\u00f3n de ideas y de conceptos, que debe luego comunicar al mundo real en que se encuentra y en el que se desarrolla la convivencia humana.
{K}4. El profeta, un hombre de Dios.{/} Es de Dios y habla de Dios, es un testimonio de la verdad. El objeto de la profec\u00eda es Dios mismo, que castiga y perdona, que interviene en la historia humana y que en cada circunstancia hist\u00f3rica le dice al hombre lo que debe hacer. Los profetas dan a conocer lo que Dios quiere. Gracias a ellos los reyes y los poderes p\u00fablicos saben en cada momento lo que deben hacer, la manera de gobernar al pueblo, la pol\u00edtica nacional e internacional que deben llevar a cabo.
El profeta es un \u00abrepresentante de los intereses divinos\u00bb. Gracias a los profetas se mantuvo incorrupta, entre tantas corrupciones, la fe yavista, el monote\u00edsmo. Ellos arremetieron vigorosamente contra el sincretismo religioso, contra el formulismo ritualista, contra el legalismo acomodaticio que asfixiaba las esencias m\u00e1s ricas del monote\u00edsmo y amenazaba al pueblo de Dios con unas estructuras de injusticia social y de opresi\u00f3n de las clases humildes, el mundo de los pobres, porque ellos mismos, en notable porcentaje, pertenec\u00edan a ese mismo mundo.
{K}5. El profeta, un hombre de palabra y de acci\u00f3n.{/} Mejor a\u00fan, es el hombre de la palabra, de la Palabra eterna, viva y eficaz, palabra, que nunca deja sin efecto, que realiza lo que significa y lo que anuncia. El profeta es un predicador, un proclamador de la palabra de Dios; y es consciente de que la palabra que \u00e9l profiere, aunque es suya, es, sobre todo, palabra de Dios.
Por lo general, los profetas no se preocupan de escribir, aunque a veces hayan escrito algo o dictado parte de sus profec\u00edas y de sus experiencias. Los escritos que se les atribuyen son testimonios de sus actividades; ordinariamente compilaciones y s\u00edntesis redaccionales, elaboradas por sus disc\u00edpulos o sus contempor\u00e1neos. Una cosa es el profeta, y otra el que escribe lo que el profeta dice o hace, la profec\u00eda. El profeta habla y act\u00faa. Muchas veces se convierte en un actor, que con sus gestos y sus acciones simb\u00f3licas, llamativas e incluso extravagantes, llama la atenci\u00f3n no s\u00f3lo a trav\u00e9s del o\u00eddo, sino de la vista y de la sensibilidad de cuantos le oyen y contemplan.
{K}6. Maneras de recibir y de expresar el mensaje prof\u00e9tico.{/} El profeta recibe el mensaje de Dios unas veces a trav\u00e9s de sue\u00f1os, otras a trav\u00e9s de visiones. Estas visiones pueden ser objetivas, subjetivas e intelectuales. Las m\u00e1s frecuentes son las subjetivas. Dios act\u00faa en la imaginaci\u00f3n del profeta, el cual, llevado de su fantas\u00eda, elabora im\u00e1genes visuales y auditivas cargadas de significados, que han de ser transmitidos y explicados al pueblo, a la comunidad humana. En las intelectuales, el profeta conoce, sin necesidad de im\u00e1genes, la verdad que Dios le comunica. El profeta elabora tambi\u00e9n \u00e9l mismo su mensaje, interpretando los condicionamientos sociales, religiosos y pol\u00edticos que le es dado vivir, descubriendo en los \u00absignos de los tiempos\u00bb, de su tiempo, la voluntad de Dios.
Todo esto, el profeta lo comunica de m\u00faltiples maneras. En un lenguaje po\u00e9tico y brillante, a manera de elocuentes discursos, de coplas, de canciones, de eleg\u00edas, de himnos, de sentencias r\u00edtmicas, que incid\u00edan fuertemente en el coraz\u00f3n y en la memoria de los oyentes. Con unos gestos y unas acciones simb\u00f3licas, que daban plasticidad a sus palabras e impresionaban grandemente a los espectadores. Generalmente, la iconograf\u00eda literaria de los profetas estaba tomada del entorno costumbrista, geogr\u00e1fico e hist\u00f3rico en que ellos mismos se encontraban. Porque ese era el modo de ser perfectamente comprendidos. Aunque tambi\u00e9n hay que decir que en los or\u00e1culos prof\u00e9ticos falta toda perspectiva temporal, pues tienen muchas veces su explicaci\u00f3n cumplida en un futuro lejano, que ni ellos mismos precisaban.
{K}7. Profetas mayores.{/} Por raz\u00f3n de la extensi\u00f3n de sus escritos o de sus or\u00e1culos, se consideran \u00abmayores\u00bb cuatro profetas: Isa\u00edas, que ejerce sus actividades en el per\u00edodo asirio, en el reino de Jud\u00e1. Jerem\u00edas, en el per\u00edodo babil\u00f3nico, tambi\u00e9n en el reino de Jud\u00e1. Ezequiel, a quien se supone en Babilonia durante el exilio. Daniel, del que la cr\u00edtica moderna afirma que el libro que lleva su nombre no es un libro prof\u00e9tico, sino un libro apocal\u00edptico, que fue escrito entre los a\u00f1os 167 y 164 antes de Cristo.
{K}8. Profetas menores.{/} Se llaman \u00abmenores\u00bb porque, en comparaci\u00f3n con los \u00abmayores\u00bb, sus escritos y sus or\u00e1culos son m\u00e1s reducidos. Son los siguientes: Per\u00edodo asirio: En el reino de Israel, Am\u00f3s y Oseas; en el reino de Jud\u00e1, Miqueas. Per\u00edodo babil\u00f3nico: En el reino de Jud\u00e1, Sofon\u00edas, Nah\u00fan, Baruc, Habacuc; en Babilonia, Isa\u00edas II (cc [Is_40,1] a [Is_55,1] de Isa\u00edas). Per\u00edodo persa: Isa\u00edas III (cc, [Is_55,1] a [Is_66,1] de Isa\u00edas), Ageo, Zacar\u00edas I (cc. [Zac_18,1] de Zacar\u00edas) y Malaqu\u00edas. De \u00e9poca incierta: Joel, Abd\u00edas, Zacar\u00edas II (cc, [Zac_9,1] a [Zac_14,1] de Zacar\u00edas) y Jon\u00e1s (novela did\u00e1ctica).

