{2}1 Y 2 LIBRO DE LAS CR\u00d3NICAS{/}

Los libros de las Cr\u00f3nicas llevan en hebreo el nombre de \u00abAcontecimientos de los d\u00edas\u00bb, que tradujo san Jer\u00f3nimo por \u00abCr\u00f3nica de toda la historia divina\u00bb. Esta denominaci\u00f3n tard\u00f3, sin embargo, en imponerse, conoci\u00e9ndose durante mucho tiempo como \u00abParalip\u00f3menos\u00bb, t\u00edtulo recibido en la versi\u00f3n griega de los Setenta, y que significa \u00ablas cosas omitidas\u00bb (por los libros hist\u00f3ricos anteriores). Ambos libros formaban al principio un solo conjunto, seguido probablemente de Esd-Neh. Por diversas razones fueron admitidos en el canon hebreo posteriormente a Esd-Neh; de aqu\u00ed que est\u00e9n situados despu\u00e9s de ellos. En su conjunto ofrecen un vasto panorama hist\u00f3rico, el m\u00e1s amplio de toda la Biblia, pues va desde los or\u00edgenes del hombre hasta los tiempos del destierro babil\u00f3nico. Pero este amplio per\u00edodo de tiempo se narra de forma muy diversa mediante cuatro bloques claramente diferenciados: una gran secci\u00f3n compuesta por las genealog\u00edas que van desde Ad\u00e1n hasta David [1Cr\u00f3n_1,1] a [1Cr\u00f3n_9,1]; la descripci\u00f3n amplia del reinado de David [1Cr\u00f3n_10,1] a [1Cr\u00f3n_29,1]; el reinado de Salom\u00f3n [2Cr\u00f3n_1,1] a [2Cr\u00f3n_9,1]; la historia del reino de Jud\u00e1, sin excluir a Israel, desde la muerte de Salom\u00f3n hasta el destierro [2Cr\u00f3n_10,1] a [2Cr\u00f3n_10,36].
No nos queda rastro del autor, al que se suele denominar con el t\u00e9rmino gen\u00e9rico de \u00abcronista\u00bb y que bien pudo ser una persona o una escuela. Dejando de lado peque\u00f1os a\u00f1adidos y adaptaciones, el conjunto de la obra, sobre todo si se incluye en ella Esd-Neh, es ya conocida por el Sir\u00e1cida (180 a.C.) y probablemente se debe situar hacia la primera mitad del s. III a.C., momento en que es necesario afirmar la unidad de la comunidad jud\u00eda y la fidelidad a la ley y al culto en el templo de Jerusal\u00e9n frente al peligro de dispersi\u00f3n que pod\u00eda existir entre las numerosas comunidades jud\u00edas esparcidas por todo el Mediterr\u00e1neo, as\u00ed como frente al cisma de los samaritanos.
Lo que s\u00ed puede percibirse mejor es el modo de composici\u00f3n que ha utilizado el autor. Es caracter\u00edstico de esta obra la reproducci\u00f3n de documentos y la menci\u00f3n expl\u00edcita no pocas veces de las fuentes que en ella se usan. Especialmente importante es el uso constante de los libros de Sam-Re, si bien adaptando su contenido a la finalidad que el autor pretende. De estos libros, el cronista ha conocido una redacci\u00f3n hebrea algo distinta de la que ha llegado hasta nosotros, lo que explica algunas divergencias entre ambos. Adem\u00e1s usa otras fuentes hist\u00f3ricas profanas desconocidas para nosotros. Y desde luego muchos datos, tanto de las genealog\u00edas como de las plegarias que cita, han sido tomados de diversos libros b\u00edblicos. Con todo ello, nuestro autor sigue un procedimiento redaccional que consiste fundamentalmente en seleccionar aquellos relatos, y las partes de ellos, que interesan al escritor desde su perspectiva concreta, dejando de lado sobre todo algunos episodios que considera inconvenientes, especialmente en las secciones dedicadas a David y Salom\u00f3n. Todo ello lo adapta conforme a determinados presupuestos teol\u00f3gicos, resaltando especialmente c\u00f3mo las desgracias reales se deben a la desobediencia a Dios y a su ley, mientras que la fidelidad en todo lo relativo al templo y al culto es premiada con la bendici\u00f3n divina. Se trata, pues, de ofrecer m\u00e1s una \u00abteolog\u00eda de la historia\u00bb que una historia objetiva, por m\u00e1s que muchos datos de Cr\u00f3nicas reflejen claramente acontecimientos reales y completen algunos huecos de Sam-Re. En conjunto, la obra del cronista es como un comentario actualizado de la historia del pueblo israelita, para mostrar una ense\u00f1anza concreta a los jud\u00edos del tiempo en que se escribe esta obra.
Desde el punto de vista teol\u00f3gico, conviene subrayar c\u00f3mo, seg\u00fan el cronista, David y la realeza dav\u00eddica son el centro de la historia, que se juzga siempre en relaci\u00f3n al templo de Jerusal\u00e9n y su culto, verdadero n\u00facleo religioso de estos escritos. De aqu\u00ed la importancia de los sacerdotes, descendientes de Aar\u00f3n, y sobre todo de los levitas, a los que se hace proceder de la tribu de Lev\u00ed, y que son los oficiantes principales de las grandes fiestas c\u00falticas, descritas con tal acento de alegr\u00eda en medio de las alabanzas, que es imposible no conmoverse ante su descripci\u00f3n. La historia del pueblo es descrita desde el \u00e1ngulo religioso como una historia enteramente dirigida por Dios. De aqu\u00ed la importancia que tiene la obediencia a Dios y a su ley, as\u00ed como la preocupaci\u00f3n por el esplendor del culto en el templo. Jerusal\u00e9n es la ciudad santa por excelencia y ocupa siempre el centro del inter\u00e9s del autor. Es dif\u00edcil saber si estos libros contienen o no una proyecci\u00f3n mesi\u00e1nica concreta. Probablemente el cronista, en una \u00e9poca sin especial brillo, cuando ya no existe la realeza, se ha propuesto ser el guardi\u00e1n de la tradici\u00f3n mesi\u00e1nica dav\u00eddica, aunque ello no se expresa de modo expl\u00edcito.
Para nosotros, como cristianos, estos libros contin\u00faan teniendo una dimensi\u00f3n actual, pues nos invitan a contemplar el pasado de la comunidad jud\u00eda que viv\u00eda poco antes del nacimiento de Jes\u00fas, pero no como un bello recuerdo digno de figurar en un museo, sino como una predicaci\u00f3n viva, que ha de ser escuchada como una llamada a la fidelidad, a la obediencia y al culto verdaderos, mientras pone ante nuestros ojos un anticipo de la visi\u00f3n del reino de Dios y del rey mesi\u00e1nico, que es su mensajero y que encontrar\u00e1 su plenitud en Cristo Jes\u00fas, el hijo de David.

